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Miguel Golmayo (experto en energía): "Pensar que vamos a dejar de depender del petróleo es estúpido"

En el libro 'La sangre que mueve el mundo', este capitán de la Armada con experiencia en misiones internacionales explica que "muchas guerras por religión, en realidad son por petróleo".

Miguel Golmayo.

Miguel Golmayo. / David Castro

Juan Fernández

Al capitán de navío de la Armada Miguel Golmayo (El Ferrol, 1961) le ha acompañado una sospecha desde que empezó a viajar por el mundo cubriendo misiones como experto en inteligencia y logística del Estado Mayor de la Defensa: bajo el radar de la diplomacia y las operaciones militares, a menudo late un afán desmedido de los países –sobre todo de las grandes potencias- por dotarse de recursos energéticos -en particular de petróleo- que no siempre sale a la luz. Varias décadas investigando esa duda las ha resumido en el ensayo ‘La sangre que mueve el mundo’ (Ariel), cuyo título adelanta la conclusión a la que ha llegado.

¿Qué hace un militar de la Armada con galones como usted hurgando en el negocio internacional de los hidrocarburos?

El tema de la energía me ha interesado desde que tuve que realizar un informe de inteligencia sobre la participación de Estados Unidos en una célebre operación humanitaria que hubo en Somalia en 1992. Se llamaba ‘Devolver la esperanza’ y yo estaba destinado en el mando de operaciones conjuntas. El objetivo oficial de la misión era garantizar la llegada de ayuda de primera necesidad a la población hambrienta. Luego rascabas un poco y descubrías que detrás había cinco firmas petrolíferas norteamericanas esperando para hacerse con varias explotaciones en el país africano.

¿Ayuda humanitaria a cambio de petróleo?

A menudo, tras las operaciones militares hay intereses que no se cuentan porque no conviene, y el del control de los recursos energéticos es uno de ellos. Si yo soy un mandatario y le digo a mi pueblo que vaya a la guerra porque una empresa está interesada en un yacimiento petrolífero, me van a decir: ve a la guerra tú. Pero si les digo que han pisoteado a nuestro dios o nuestra patria, habrá colas por alistarse. Muchas guerras por religión, en realidad son por petróleo.

¿El petróleo es la sangre que mueve el mundo, como afirma el titular de su libro?

Le invito a que mire los mapas de los gaseoductos y oleoductos que cruzan el planeta. Verá cuánto se parecen al sistema circulatorio del cuerpo humano. Si ese flujo se detiene, sufriremos todos.

A menudo, tras las operaciones militares hay intereses que no se cuentan porque no conviene, y el del control de los recursos energéticos es uno de ellos

¿También es el combustible que mueve la historia?

Del último siglo y medio, sin duda. Cuando reparas en los recursos energéticos, la historia la entiendes mejor. Hitler cometió muchos errores, pero Alemania perdió la guerra porque se quedó sin combustible. Acabaron abandonando los carros de combate en los campos de batalla porque no tenían con qué moverlos. Desde que surgió el motor de explosión y el aceite de ballena fue sustituido por los hidrocarburos, el petróleo ha sido la gran obsesión de los países. Sobre todo de las grandes potencias. ¿Por qué cree que Reino Unido puso sus ojos en Persia y Mesopotamia a principios del siglo pasado?

¿Tener yacimientos lo cambia todo?

En 1943, en plena guerra mundial, los norteamericanos mandaron a un equipo de investigadores a Oriente Medio. En ese momento, el 85% del combustible que consumía el mundo salía de América, pero aquel informe fue demoledor. Decía: señores, no lo duden, el centro de gravedad de la explotación petrolífera va a saltar de América al golfo Pérsico. Y tomaron nota. ¿Me habla de religión? A Estados Unidos no le ha importado nunca ser socio preferente de la Arabia Saudí de los wahabíes, uno de los regímenes islamistas más integristas que hay en el mundo. La historia reciente de Oriente Medio sería otra si no atesorara el mayor yacimiento del mundo.

¿Su presente también?

La actual guerra de Israel contra Hamás no tiene que ver con la energía, pero hay un dato que apenas se comenta: el mar que hay frente a Gaza esconde un yacimiento de gas enorme. Hace años, la Autoridad Palestina intentó explotarlo con ayuda de la British Petroleum, pero Israel lo impidió. Luego probaron con los rusos, y la respuesta israelí fue la misma. Y luego llegó la guerra civil gazatí que ganó Hamás. Si Israel hubiese permitido a los palestinos explotar ese recurso, hoy habría otra situación.

¿Cuánto hay de guerra de hidrocarburos en la invasión rusa de Ucrania?

Más de lo que parece, aunque en este caso el problema no son los yacimientos, sino los gasoductos que transportan el gas del que dependían muchos países europeos. En el negocio mundial de la energía hay dos mercados: Europa y Asia. Los rusos acaparaban el del gas, y los saudíes y norteamericanos el del petróleo. El panorama cambia cuando Estados Unidos desarrolla la técnica del 'fracking' y, de repente, le sale el gas por las orejas y quiere exportarlo, pero el mercado está copado. Sin embargo, miremos lo que pasa hoy, a raíz de la guerra.

La guerra de Israel contra Hamás no tiene que ver con la energía, pero apenas se comenta que el mar que hay frente a Gaza esconde un yacimiento de gas enorme

Cuéntemelo.

Antes, Europa recibía gas ruso por tuberías, que es el método más sostenible y barato que hay para transportarlo. Hoy, en cambio, está consumiendo gas de Estados Unidos obtenido mediante un sistema contaminante y polémico, que luego hay que licuar y transportar por barco, y que es más caro. Me quito el sombrero ante los norteamericanos.

¿Estados Unidos está sacando tajada de esta guerra?

Rusia era su competencia comercial, si está más débil, ellos ganan. Los productores norteamericanos de gas de 'fracking' están encantados. Nunca han ganado tanto dinero como ahora, que cada uno saque sus conclusiones. De todos modos, en este conflicto pasan cosas que no se explican. A pesar de la guerra, hoy sigue llegando gas ruso a Europa por gasoductos que cruzan Ucrania y Bielorrusia y nadie dice nada. Y hoy, a pesar de la guerra y el bloqueo, Europa sigue consumiendo petróleo ruso. No lo compra a Rusia directamente, sino a terceros, pero es petróleo ruso.

En su libro denuncia una situación parecida con la electricidad que compramos a Marruecos.

No solo nos pasa a nosotros con Marruecos. Cuando la Unión Europea decidió que no podíamos quemar más carbón, los países fronterizos descubrieron el chollo de vendernos electricidad como energía limpia, pero que ellos producen quemando carbón. El negocio del CO2 está lleno de cinismo, y los europeos lo practicamos mucho.

¿Cinismo?

Nuestra obsesión por ser los más ecológicos del planeta me parece muy bien, pero ¿de qué nos sirve cumplir sobradamente los objetivos de reducción de combustibles fósiles si África, China y Rusia siguen quemando carbón, gas y petróleo sin parar? No vamos a sobrevivir en una burbuja europea si el mundo se va a la mierda. Quizá Europa debería ir más despacio y que avancemos todos al unísono. Tardaremos más, pero a lo mejor llegamos. Lo que es seguro es que no salvaremos al planeta si solo Europa cumple y el resto del mundo no. ¿Quiere más cinismo?

Dígame.

Dentro de un mes, España y toda Europa vamos a tener que afrontar un problema del que nadie habla: a partir del 1 de enero todos los buques entren en los puertos europeos van a tener que pagar una tasa según lo que contaminen. Todo perfecto. ¿Sabe la respuesta de las navieras? ¿Me vas a cobrar un extra por atracar en Algeciras mientras en Tánger me sale gratis? Pues descargo en Marruecos y que traigan la mercancía allí, fin del problema. Pero el barco va a echar el mismo humo a la atmósfera aquí que allí. ¿Quiere más cinismo? Todos queremos quemar menos petróleo y que este combustible no se subvencione, pero ¿a que nadie protestó cuando el Gobierno nos pagó 20 céntimos por litro de gasolina al dispararse su precio? Aquello fue una subvención.

¿De qué nos sirve a los europeos cumplir sobradamente los objetivos de reducción de combustibles fósiles si África, China y Rusia siguen quemando carbón, gas y petróleo sin parar?

-Pero algo habrá que hacer. La necesidad de reducir el consumo de combustibles fósiles ya no la pone en duda nadie.

-Cierto, pero seamos realistas y digamos la verdad a la gente. Cuando descubrimos el petróleo, seguimos quemando carbón. Luego descubrimos el gas, la nuclear, la eólica, la solar… y seguimos consumiendo los combustibles anteriores. En el futuro, podremos reducir los hidrocarburos y que cada vez cuenten menos en nuestro mix energético. Pero pensar que vamos a dejar de depender del petróleo y a conseguir una huella cero de CO2 no es iluso, es sencillamente estúpido.

¿Y España? ¿Tiene futuro con el hidrógeno?

Ese negocio se está montando de manera precipitada porque aún no tenemos claro quién es nuestro cliente. El hidrógeno es caro de producir, difícil de almacenar y aún más difícil de transportar. Sobre todo, si tienes un vecino como Francia, que no te deja llevarlo a Europa. Estamos pecando de ingenuos