El móvil, en un tatuaje

Gracias a la microelectrónica, la biotecnología y la generación de redes móviles 5G, la tecnología será portátil pero no la veremos, porque estará fusionada con nuestra piel, y parecerá invisible

Tatuaje electrónico creado por la empresa Chaotic Moon | ELD

Tatuaje electrónico creado por la empresa Chaotic Moon | ELD / francisco yáñez

Francisco Yáñez

Francisco Yáñez

A principios de la década de 1970, Martin Cooper dirigía un equipo de ingenieros en Motorola que se apresuraban a crear el primer teléfono móvil portátil del mundo. Cooper estaba muy preocupado porque el gran rival de Motorola, AT&T, les estaba ganando la partida en el desarrollo de teléfonos para automóviles, que eran «móviles» sólo en el sentido de que se movían cuando lo hacía el automóvil. Aunque AT&T era mayor que Motorola y tenía recursos de investigación mucho mayores, Cooper quería desafiar y superar al gigante. Y la gran inspiración le llegó al ver al Capitán Kirk usando su comunicador portátil en la serie Star Trek, en la que la tripulación del USS Enterprise viaja por el Universo para explorar nuevos mundos y encontrar nuevas civilizaciones.

El equipo de Cooper tardó sólo 90 días en 1973 en crear el primer prototipo de teléfono móvil portátil, y para darlo a conocer llamó a una multitud de periodistas, que se congregaron en la Sexta Avenida de la ciudad de Nueva York. La primera llamada la hizo en directo a Joel Engel, jefe de investigación de AT&T, para informar al rival que se estaban quedando atrás. Esta publicidad tuvo una enorme repercusión en ese momento.

El teléfono original Motorola DynaTAC 8000X, conocido como «el ladrillo» por sus dimensiones y forma cuadrada, pesaba casi un kilogramo y tenía un tiempo de conversación muy limitado, por lo que Cooper llegó a bromear años después: «La duración de la batería era de 20 minutos, pero esto no fue realmente un gran problema porque el teléfono no podía sostenerse durante tanto tiempo».

Tecnologías disruptivas

Ya han pasado más de 50 años desde esa llamada de Cooper a Engel, y sin duda los teléfonos móviles han evolucionado muy rápido, y con ellos también nuestra sociedad. Pero todavía queda mucho camino por recorrer y lo mejor aún está por llegar. Casi todo el mundo imagina un futuro tecnológico en el que las personas han incorporado en su vida cotidiana el uso de gafas o relojes inteligentes, dispositivos portables o wearables, que los mantienen conectados a internet, pero realmente no será así. La tecnología será portátil, pero no la veremos porque va a estar fusionada con nuestra piel, y parecerá invisible. Actualmente existen tres tecnologías disruptivas que han confluido en el tiempo, y que favorecerán que esto ocurra: la microelectrónica, la biotecnología y la generación de redes móviles 5G.

En el campo de la microelectrónica, actualmente ya se están fabricando transistores de tres nanómetros (esta unidad de medida es la millonésima parte de un milímetro). Este hito histórico tuvo lugar el 29 de diciembre de 2022, y los protagonistas fueron la empresa fabricante de chips Taiwán Semiconductor Manufacturing Co. (TSMC) y su cliente Apple. Para entender la dimensión de este avance, basta con decir que ahora en un chip del tamaño de una uña se podrían instalar nada menos que 40.000 millones de transistores. Pero la tecnología no se detiene aquí, TSMC ha anunciado los procesadores de 2nm para 2025, y de 1nm para 2030.

Por su parte, en el campo de la biotecnología se están produciendo avances como el de la empresa Chaotic Moon, especialista en tatuajes electrónicos, que ha creado una tinta inteligente, conductiva y biocompatible. Esta tinta tiene un tipo de adherencia especial que sirve para contener sobre la piel a pequeños sensores y nanorrasteadores, que serían capaces de recoger, recibir y transmitir información.

El primer móvil, conocido como «el ladrillo» por sus dimensiones, pesaba casi un kilogramo y tenía un tiempo de conversación muy limitado

¿Y para qué nos serviría un tatuaje electrónico? Por ejemplo, para monitorear la salud. Si la persona tiene fiebre, es capaz de detectar una alteración de la temperatura del cuerpo; o si existe una infección en proceso, determinar de dónde proviene y enviar una notificación a un teléfono inteligente. También como dispositivo de geolocalización: si una persona con alzhéimer desaparece y tiene un tatuaje inteligente, podría ser hallada con facilidad. Incluso se podría utilizar como una tarjeta bancaria, o como una identificación, en caso de no llevar consigo un documento como el DNI.

Otro interesante avance en este campo son los llamados underskin —del inglés bajo la piel—, un tatuaje digital que se implanta bajo la piel y se carga con el propio calor corporal, lo que evita el uso de baterías y otorga una autnomía infinita en estos dispositivos.

Y en tercer lugar debemos hablar de la quinta generación de comunicación móvil o 5G. Esta nueva generación de transferencia de datos supondrá un cambio radical respecto a su predecesora 4G: la velocidad será cien veces más rápida; la capacidad se multiplicará y permitirá que más personas y dispositivos (hasta un millón por kilómetro cuadrado) puedan conectarse a una red sin bajar su rendimiento; y la latencia, el tiempo que tarda un dispositivo en recibir una orden desde que se le envía la señal, será de un milisegundo, lo que supondrá una respuesta prácticamente instantánea.

Llegados a este punto, podríamos pensar que aun así será difícil reemplazar a un teléfono móvil porque en realidad son como pequeños ordenadores de bolsillo, y su complejidad es muy alta. Pues bien, falta un dato en este problema para resolver la ecuación, y que se detalla a continuación: en el futuro, y gracias al despliegue del 5G, todos los dispositivos, incluidos los más complejos como un smartphone, podrían convertirse en simplemente una interfaz conectada a un procesamiento remoto, pudiendo así en parte resolver el problema de la miniaturización de los componentes y su sobrecalentamiento. Por tanto, un teléfono móvil no se conectará a la nube puntualmente, sino que vivirá en la nube y todas las aplicaciones se ejecutarán remotamente. Y en este escenario el hardware de los teléfonos será mucho más sencillo, puesto que se aprovecharán del poder de computación de borde (Edge Computing) del 5G.

Sin duda, esta idea de los tatuajes electrónicos tiene mucho recorrido puede acabar reemplazando el uso masivo de los smartphones. Si será así o no, lo veremos en los próximos años, aunque sólo por el mero hecho de hablar de esta posibilidad, ya estamos un poco más cerca, ya que como bien decía el filósofo austríaco Peter Drucker, la mejor manera de predecir el futuro… es creándolo.