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El pergamino de Clío

‘Damnatio memoriae’

‘Damnatio memoriae’ lara de armas moreno

La damnatio memoriae era una forma de condenar judicialmente a una persona considerada enemiga del Estado. Este castigo, se practicó en la antigüedad romana y, esencialmente, se decretaba la condena al recuerdo del traidor. Para ello, se retiraban sus imágenes, se borraba su nombre de todas las inscripciones en las que alguna vez había figurado y se llegaba a prohibir pronunciar su nombre (abolitio nominis).

La condena la decretaba el Estado y su traducción más acertada sería «condena de la memoria», pero este término es moderno. El primer documento en el que aparece data de 1689 de la mano de Chirstoph Schreiter. Los textos jurídicos romanos utilizaban comúnmente la expresión memoria damnata para referirse a este castigo. Irónicamente, casi siempre, quedaba alguna huella de su aplicación como vemos en una moneda en la que se borró el nombre del traidor Sejano.

¿Por qué aplicarla? Ahora este proceso nos puede parecer algo raro, pero los romanos tenían la creencia de que los muertos tenían la posibilidad de vivir en el más allá gracias a la perpetuación de su memoria, siendo recordados por los familiares o por su impacto cultural. Eliminando su memoria no solo se les humillaba en vida, sino que se les condenaba a una muerte perpetua.

La damnatio memoriae no solo se realizó con personas sino también con ciudades como sucedió en Corintio y Cartago que fueron destruidas hasta sus cimientos y sus suelos fueron regados con sal para que no volviera a crecer nada sobre ellos.

Fueron varios los emperadores que sufrieron esta práctica, más de los que hoy conocemos. El balance del trabajo de un emperador se hacía tras su muerte. Si el este había sido impopular el Senado decretaba la damnatio memoriae. Algunos emperadores sufrieron este castigo directamente de la mano del pueblo como le sucedió a Calígula. Otro personaje que lo padeció fue Sejano, parte del séquito de Tiberio, que fue condenado tras intentar conspirar contra él. Los nuevos emperadores practicaron mucho este castigo porque, en su afán de consolidarse en el poder, condenaban al olvido a los anteriores a los que, casi siempre, ellos mismos habían ordenado asesinar. Ejemplo de ello es Publio Septimio Geta, que fue asesinado por su hermano Caracalla quien le condenó al olvido.

Debemos reconocer que esta práctica no es de invención romana. Existe constancia de ella en civilizaciones más antiguas como la de los egipcios o los hititas. Un ejemplo anterior es el de la faraona Hatshepsut, mujer de Tutmosis II, que sufrió este castigo por su carácter trasgresor. Su nombre fue borrado de la Lista de los Reyes para que fuera olvidada.

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