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Literatura
Literatura Ander Izagirre Periodista

«Las historias más interesantes e inesperadas salen cuando no hay prisas»

"Lo que hay es, en el fondo, una gran admiración por la variedad de las vidas humanas"

Ander Izagirre. El Día

Letras Verdes, encuentro de literatura de naturaleza y mundo rural, celebrará su segunda edición del 16 al 19 de noviembre en El Palmar, dentro de la localidad de Buenavista del Norte. El programa incluye entrevistas, presentaciones de libros, talleres, diálogos y mesas redondas y traerá hasta la Isla al último premio Kapuscinski por su libro ‘Potosí’, la historia de una niña minera en Bolivia. 

Llega a Tenerife para participar en Letras Verdes, un encuentro sobre naturaleza y mundo rural. ¿Se siente cómodo en ese marco?

Si. Soy periodista, he escrito cosas de crónica y de temas internacionales pero también he escrito libros de viajes, algunos a pie, y reportajes por toda España con temas como zonas despobladas o muy rurales. S, son temas que suelo tratar de vez en cuando. Además estuve el año pasado también en este festival.

En mayo pasado recibió el Ryszard Kapuściński, un premio importantísimo, con Potosí, la historia de la niña Alicia.

Este libro fue para mí una obsesión de años. Estuve trabajando en ello desde la primera vez que fui a Bolivia, en 2009. Hice un reportaje sobre los niños y niñas que trabajan en la mina. Ahí encontré un personaje muy especial, una niña de 14 años. Entendí que tenía que seguir su vida, que tenía que seguir contándola. Hice varios viajes más a Bolivia para contar la vida de esta niña, de su trabajo y su familia. Viví mucho con ellos y me di cuenta de que a través de esa historia podía hablar de muchísimas cosas y de cómo funciona Bolivia, de cómo funciona su historia y cómo ha sido la explotación de su gente. Volví luego con el libro ya publicado y seguí la historia para añadir un capítulo en una edición nueva. Es un libro que ha seguido vivo y creciendo incluso cuando ya estaba publicado. Ha sido traducido a cinco idiomas y le han dado un premio como este, ha sido como mi trabajo principal durante varios años.

Es interesante que haya podido acompañar a la protagonista de lo que empezó siendo un reportaje y terminó siendo un libro. El tiempo, en el periodismo, es un bien cada vez más escaso.

Sí, y además es mi obsesión. Me hice autónomo muy pronto porque yo quería poder trabajar así las historias. Durante todos esos años también me he dedicado a otras cosas, más de diario y encargos hasta de guías turísticas, trabajos de todo tipo. Pero sí que siempre tenía un espacio guardado y muchas ganas de tratar a fondo algunas historias. Lo que dices, el tiempo es la clave. Las historias más interesantes y más inesperadas –sobre todo las que creo que justifican la publicación de un libro, que es contar lo que está sin contar– salieron porque me fui allí sin ninguna prisa. Pasé semanas con estas familias de las minas, les acompañé en su trabajo, su casa y en su día a día. No era cuestión de hacer una entrevista de media hora en una cafetería sino de convivir con ellos. Me salió un material buenísimo, como no podía ser de otra forma, claro.

Contar historia es su profesión y su vocación, ¿cómo surgió ese impulso?

Pues no lo tengo muy claro pero sí es verdad que desde muy pequeño tenía una pasión viajera. Me gustaba leer Tintín y las novelas de Julio Verne. De repente, estaba leyendo libros de Manuel Leguineche, que era como Tintín pero en periodista. Yo pensaba entonces que podía tener un oficio así: viajar y contar cómo son otros lugares. Desde pequeño me ha apasionado, sobre todo, el viaje y conocer cómo es la gente en otros lugares del mundo. Empecé muy atraído por lo lejano y desde joven viajé muy lejos, a muchas partes del mundo. Poco a poco he ido acercando la mirada a sitios cada vez más cercanos. De hecho, en el festival voy a presentar un libro, Vuelta al país de Elkano, que es un viaje por el País Vasco, mi tierra. Al final uno acaba aprendiendo a hacer en su casa lo que ya ha aplicado fuera.

Vuelta al país de Elkano. Curiosamente, esa aventura de la primera vuelta al mundo también tuvo su paso por las Islas, como hará usted ahora.

Efectivamente. El libro es un viaje por el País Vasco aprovechando como excusa el quinto centenario de esa primera vuelta al mundo. Quería hacer una vuelta al mundo sin salir del País Vasco, esa era más o menos la idea. Quería contar cómo el País Vasco tiene una sociedad donde ha habido mucha más mezcla de la que creemos desde hace mucho tiempo. He querido contar las mezclas de cultura, los viajes, la exploración y lo que hay hoy en día, en el siglo XXI. Hay gente que hace investigación científica, cocina, escribe y de todos los ámbitos de la sociedad. Ellos hablan de esa historia. Es un viaje para intentar explicar el País Vasco actual.

El ciclismo es otra de sus pasiones.

Siempre ha sido mi deporte favorito, el que he practicado desde niño como deporte de competición. También he hecho viajes en bicicleta, me gusta mucho. Publiqué un libro sobre el Tour y otro sobre el Giro que me parecían que daban una materia prima buenísima para escribir, más allá de la crónica deportiva. Hay toda una gama de personajes impresionantes y unas historias increíbles, no solo épicas sino también trágicas, cómicas y de todo tipo. Pensaba que a alguien que no le guste especialmente el ciclismo estas historias le tendrían también que fascinar como me fascinaban a mí. Por eso lo hice.

Según su experiencia, cuando salta la chispa de una historia. ¿Qué contenidos suele reunir? ¿Son historias sociales, humanas? ¿Son las pequeñas historias las más importantes?

Sí, si que hay una cierta preocupación social en muchos de mis trabajos. He hablado con gente que ha sufrido injusticias y explotaciones. Por otro lado, creo que el periodismo tiene que intentar abarcar todas las facetas de la vida, no sólo la violencia o el sufrimiento, sino también el deporte, la ciencia, cualquier cosa. He escrito cosas muy diversas y a veces me preguntan a qué me dedico en el periodismo, porque hago un poco de todo. Lo que creo es que lo que hay en el fondo es una especie de admiración y curiosidad por la variedad de las vidas humanas. Somos un cofre de historias inagotable. De joven me iba al extranjero porque quería saber cómo vivían en mitad del desierto de Australia o en Groenlandia pero ahora encuentro la misma satisfacción en historias más cercanas. Por ejemplo, en Canarias he hecho varios reportajes. En El Hierro, sin ir más lejos, con don Tadeo Casañas, que era el hombre que en el año 48, en plena sequía, ideó un sistema para recoger el agua de la niebla. Cuando lo conocí tenía más de 90 años y era una persona con una vida apasionante y unos conocimientos del terreno terribles. Es muy interesante. Ese tipo de gente me apasiona.

¿Lo que hace está bien englobado en eso que se ha dado en llamar periodismo narrativo?

Sí, igual es un poco redundante la etiqueta pero para entendernos la usamos mucho. Es un periodismo que lo que hace es intentar escribir lo mejor posible con las herramientas que tiene cualquier escritor o novelista. La diferencia es que escribimos de personas reales y hechos reales, tenemos que ser estrictos y precisos con los hechos y los datos. A partir de ahí, sí es un periodismo que tiene un esfuerzo o una intención creativa de escribir un buen texto, con un buen arranque y con buenos diálogos. Lo mismo que cualquier otro escritor. Eso es lo que se quiere hacer entender con estas etiquetas: periodismo narrativo o periodismo literario.

¿Una recomendación para alguien que quiera vivir aventuras, viajar, sin salir de casa?

De joven, Manuel Leguineche fue muy importante con libros como El viaje más corto. Él dio la vuelta al mundo con 24 años. Luego, otras personas importantes para mí han sido Martín Caparrós y Leila Guerriero, dos periodistas argentinos que han escrito grandísimos libros periodísticos.

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