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Obituario

Adiós a Mercedes Gómez-Morán, decana de las artistas españolas

Formada en Madrid y París, donde recibió las enseñanzas del cubista André Lhote, la ovetense abanderó a las mujeres que enriquecieron el arte asturiano en el siglo XX

Mercedes Gómez-Morán. DAVID ORIHUELA

A los 96 años de edad ha fallecido en el hospital asturiano de Arriondas Mercedes Gómez-Morán, decana de las pintoras españolas. Había nacido en Oviedo el 29 de marzo de 1926. Su madre, María Luisa Martínez Vallina, había cultivado la pintura, arte en el que siguió el estilo del también ovetense Telesforo Fernández Cuevas y fue alumna de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid; llegó a exponer en las dos muestras más importantes que se celebraron en Oviedo en el periodo, en el primer cuarto de siglo, en 1916 y 1921.

Por su parte, Mercedes fue alumna en Oviedo de Eugenio Tamayo. Deseosa de ampliar su formación, estudió entre 1952 y 1954 en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Aquel centro madrileño ya no tenía entre sus profesores a los maestros de la época de su madre que, si bien podían considerarse académicos, eran pintores de calidad. El declive de la vida cultural española tras la Guerra Civil afectó también a la Escuela, donde fue alumna de Joaquín Valverde Lasarte, muralista sevillano de interés, que sin embargo no le proporcionó lo que buscaba.

Decidió entonces irse a París, donde asistió al estudio de André Lhote, pintor cubista dedicado a la enseñanza y autor de dos influyentes tratados de arte sobre la figura y el paisaje. Lhote le enseñó la necesidad de la norma geométrica en la composición general de cada cuadro, regida por la proporción de oro y establecida previamente en el lienzo mediante el carbón, y en el análisis de los objetos representados en él. También fue fruto de su enseñanza el tratamiento cromático según un acorde dominante al cual se referían los otros tonos en una relación de dependencia con intensidades y saturaciones muy medidas. En su trabajo, sin embargo, era la sensibilidad de la artista, "la emoción que corrige la regla", como decía Braque, la que acababa por predominar. Se asociaba así a la vía pictórica de Juan Gris, Albert Gleizes, Georges Valmier y, especialmente, Jacques Villon, a quien se sentía más próxima que a ningún otro pintor.

Su orientación estética clara, limpia y medida, ajena tanto al expresionismo desgarrado y tremendista como a la trivialidad de algunas abstracciones gestuales, fue apreciada a su vuelta a España por unos pocos espíritus selectos. A finales de agosto de 1957 expuso veinte óleos en el Ateneo Jovellanos de Gijón. El catálogo incluía un acertado prólogo de Felipe Santullano en el que se refería a la pureza de su pintura, fruto de un trabajo decantado por la reflexión. Era el momento en que Gijón era el centro de una renovación pictórica, a través de la obra de artistas como Antonio Suárez, Camín, Fernando Magdaleno y José Luis Suárez-Torga. En la inmediata muestra en la Sala Recoletas de la Universidad de Oviedo, Jesús Villa Pastur, supo apreciar la autenticidad de su pintura, su brío y su originalidad. En 1958 expuso en la madrileña galería Alfil. Entre las críticas, Luis Figuerola Ferretti valoró su sensibilidad fina y su agudeza. También Pedro Caravia estimó su obra. Entre los artistas, además de su maestro Lhote, la apreciaron mucho otros pintores, algunos en las antípodas de su estética, con los que expuso en 1958 en la Primera Quincena Comercial de Oviedo, en la muestra "Joven pintura española", entre los que estaban Rafael Zabaleta y Ortega Muñoz. También Eduardo Úrculo, que expuso con ella y otros artistas asturianos en ese año bajo el nombre colectivo de La Strada, en la Plaza de la Escandalera, se refería a ella con el mayor aprecio.

En ese mismo año la artista se casó con Juan Verastegui, de quien tuvo tres hijos. Vivió primero en Luces, donde su marido ejerció como ingeniero agrónomo y, hacia 1960, se trasladó a Madrid. No volvió a exponer hasta 1965, en la galería Benedet de Oviedo, después en la sala Altamira de Gijón y en la galería Lucana de Madrid. Entre sus restantes exposiciones hay que destacar las que realizó en la sala Nogal de Oviedo en 1989, 1994, 1995, 1999 y 2002. En 2003 fue una de las artistas más importantes incluidas en la exposición Artistas asturianas I (1937-1976), celebrada en la sala del Banco Sabadell y comisariada por Teresa Fernández. Esta exposición fue la primera que daba cuenta con orden y concierto de la aportación femenina a las artes en Asturias, a pesar de lo cual cierta crítica censuró que se tratara separadamente a las artistas. En aquella exposición destacaba la obra de Mercedes Gómez-Morán, como también en el libro, publicado por la propia Teresa al año siguiente La mujer y el arte en Asturias durante el siglo XX, fruto de un trabajo de investigación que alenté y prologué. En ese mismo año, junto con otras seis pintoras asturianas, recibió la Medalla de plata del Principado de Asturias. Su último reconocimiento lo obtuvo en la retrospectiva que en 2021 le dedicó la galería Guillermina Caicoya, con obras que partían de la década de 1950, que fue recogida en algunos medios de información nacional.

Traté a la artista desde 1989, año en que redacté el prefacio al catálogo de su exposición en la galería Nogal. Era sencilla, directa, clara y lúcida, muy consciente de la valía de sus grandes referencias, Villon y Lhote. Aquella certeza interior que estaba en la base de la obra del primero le dio a ella también la seguridad de afrontar, con sensibilidad y rigor, el difícil camino de la creación pictórica.

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