Ahora que la solución a la crisis del Covid_19 parece estar más o menos encaminada, con diversas vacunas, trabajando bien y con los hospitales más preparados y sólidos para hacer frente a lo que esta pandemia aún pueda requerir, tenemos que dar paso a la siguiente crisis grave de la humanidad, la pérdida global de espacios naturales, el cambio climático y todo lo que ello conlleva.

Mientras en Canarias no se sabe muy bien qué estamos haciendo al respecto, en otros lugares del mundo (algunos insulares, como veremos a continuación) están trabajando para crear más espacios verdes, abiertos, naturales, y revitalizar de paso sus comunidades, con el objetivo de combatir la pérdida global de la naturaleza. Muchos de estos proyectos tienen como objetivo restaurar la biodiversidad de un ecosistema, por ejemplo, reintroduciendo especies animales, o especies naturales o intentando que las plantas invasoras no sigan avanzando (cosa que deberíamos estar haciendo en Tenerife, en el macizo de Anaga con el Pennisetum setaceum, conocida como rabo de gato, una de las especies exóticas invasoras más peligrosas).

En medio de una pérdida masiva y planetaria de la naturaleza, las ciudades especialmente, porque en ellas viven la mayor parte de los habitantes de la Tierra, deben encontrar sus propias formas de proteger y expandir los espacios abiertos, lo verde, lo sostenible. Para que nos hagamos una idea de la gravedad del asunto, entre 2001 y 2020, solo Estados Unidos perdió alrededor de 117.358 kilómetros cuadrados de área natural, o el equivalente a unos diez parques nacionales del Gran Cañón, debido a la expansión de viviendas, agricultura, desarrollo energético y otros factores antropogénicos. Todos los días, casi 25 kilómetros cuadrados de bosques, parques, bosques, arroyos y ríos desaparecen.

También en Canarias ,isla a isla, tendríamos que ponernos a la tarea en serio. Hubo un tiempo en que el Cabildo de Tenerife lideraba la práctica de la repoblación forestal y restauraba la biodiversidad en muchos de los ecosistemas de la isla pero últimamente también esa buena práctica se ha ralentizado.

Veamos, a continuación, dos territorios insulares que podrían servir de ejemplo en Canarias porque llevan a cabo buenas prácticas actualmente: Singapur e Irlanda.

Singapur

En un esfuerzo por aumentar la calidad de vida y restaurar la vegetación nativa en la ciudad-isla de Singapur (un poco más grande que La Gomera y un poco más pequeña que Lanzarote), el proyecto Gardens by the Bay ha transformado a Singapur de una «ciudad jardín» a una «ciudad en un jardín». 18 superárboles se encuentran dispersos por todo el paisaje a lo largo de Marina Bay, algunos de hasta casi 50 metros de altura; aunque no son seres vivos en sí mismos, los árboles albergan más de 158.000 plantas e imitan las funciones de los árboles normales al proporcionar sombra, filtrar el agua de lluvia y absorber el calor.

En la misma isla asiática, el parque Bishan-Ang Mo Kio también es un ejemplo de reconstrucción de un antiguo terreno industrial, que incorpora elementos de diseño urbano sensibles al agua y reduce el efecto calor en esa ciudad. El parque está construido alrededor del río Bishan, que ahora fluye libremente como un sistema de arroyos naturales, sin obstáculos por barreras artificiales. En los primeros dos años la biodiversidad aumentó en un 30%. Singapur ha creado además un índice de biodiversidad que examina y rastrea el progreso de los proyectos de biodiversidad y conservación.

Dublín, Irlanda

Un tercio de la población de las abejas irlandesas estaba en peligro de extinción, por lo que el país reaccionó. Irlanda desarrolló el Plan de polinizadores que comenzó en 2015 y continuará hasta 2025. La ciudad de Dublín, por su parte, puso en marcha un Plan de Acción de Biodiversidad 2015-2020, destinado a reducir la siega y el uso de herbicidas en parques, bordes de carreteras y otros espacios verdes. Al permitir que las plantas nativas crezcan en lugar de mantener los céspedes monocultivos y cargados de químicos, prosperan las poblaciones de insectos, aves y abejas nativas. Gracias a esta iniciativa encabezada por el Ayuntamiento de Dublín, el 80% de los espacios verdes de la ciudad son polinizadores.

Al final no es tan difícil restaurar un área a su estado original, ya lo hemos hecho en Canarias en algunos lugares, como por ejemplo el Parque del Drago de Icod, incorporando tanto lo antiguo como lo nuevo, permitiendo que lo salvaje recupere su espacio y que la vegetación crezca libre y de manera natural.

Estaría bien que Canarias se sumara al movimiento de ciudades biofílicas: que tienen un enfoque de diseño diferente que une la naturaleza y lo urbano, y le da la bienvenida a las especies nativas haciendo que incluso las ciudades más densas sean más «naturales».

Dulce Xerach Pérez. Abogada y doctora en Arquitectura. Investigadora de la Universidad Europea.