Una de las leyes impuesta por Newton, quizá la mas importante, se visualiza en la fémina como concepto, no siempre perverso, y presencia imprescindible. Ama a la mujer y ella es el motivo de su inspiración, presentándonos un estereotipo de mujer amante del lujo, bellísima, desinhibida y sofisticada, elegante y sensual que vive con libertad los dictados de su propia personalidad, su moral y su libido. La todopoderosa hembra domina la composición, destacando ella: su rostro y su cuerpo, dentro del encuadre.

Se define a sí mismo como un auténtico voyeurista, más peligroso que Richard Avedon o Irving Penn; lo que hace Newton no es un trabajo, es una obsesión, una pasión, consiguiendo darle a la alta costura un enfoque distinto al que conocíamos: una visión poderosa de la moda utilizando a modelos perfectas y voluptuosas, brillantes, provocadoras y dueñas de la situación.

Otra de sus leyes es la que corresponde a los interiores donde estas mujeres moran. El decorado es siempre importante en la obra del más célebre fotógrafo alemán-australiano, ciudadano del mundo. Realiza su trabajo en salones de palacios europeos, hoteles lujosos, jardines y apartamentos de decoración exquisita. Así mismo, utiliza como escenario piscinas públicas y playas de la Costa Azul donde nos muestra a la jet set durante el solaz vacacional, en imágenes que podrían formar parte de un documental sobre el dolce far niente de la élite internacional.

El desnudo es otra ley importante, por eso recibe el sobrenombre de maestro del desnudo, el más grande del siglo XX.

El adolescente Helmut, con solo dieciséis años, fue el asistente de una fotógrafa que destacaba en el Berlín de los años treinta: Yva, una artista avanzada a su tiempo, la primera mujer que realizó fotos en el ámbito de la moda y él lo aprendió todo de ella. Años más tarde, en 1942, fue asesinada por el nazismo en un campo de concentración.

Viendo el trabajo de su maestra reconoceremos en la obra de quien fue su más aplicado ayudante, los encuadres, la composición y la admiración por la naturaleza femenina como el epicentro de la imagen.

Hijo de un judío alemán y de una norteamericana, en el periodo nazi la familia Newton consiguió huir a Melbourne, mientras él, que contaba con 18 años de edad, se marcha a Trieste para tomar un barco que le lleva a China donde intenta abrirse paso en el mundo de la fotografía, pero al no conseguirlo vuela a Australia a reunirse con los suyos, allí es donde establece su propio estudio trabajando para Vogue Australia y de ahí a Europa contratado por la empresa Condé Nast, editora en todo el mundo de la gran revista.

En los primeros años de vivir en el continente australiano conoce a June Browne, modelo y actriz ocasional, que pronto se convertiría en su esposa y en la mujer de su vida. Más adelante, June Newton fue conocida como la fotógrafa Alice Springs a la que influenció. Newton tenía que realizar un encargo publicitario para una marca de cigarrillos, pero una indisposición le impedía hacer el trabajo; así que le enseñó unas mínimas nociones y su mujer se las arregló muy bien sola, a partir de esto realizaría infinidad de trabajos para las más destacadas revistas de modas del mundo.

Otro de sus pilares fue el retrato, que se consideró un importante giro en su obra además de un reto para los sujetos fotografiados, pues suponía una manera distinta de afrontar el modo de posar dentro de un encuadre que rompía con los cánones de la composición y la técnica habituales, creando un estilo propio, complejo y lleno de itinerarios excéntricos. Consiguió que posaran ante su cámara grandes personalidades del mundo del cine, la política y la música como Sigourney Weaver, Catherine Deneuve, Liz Taylor, Joaquin Phoenix, Andy Warhol, Charlotte Rampling, Karl Lagerfeld, Dalí, Billy Wilder, David Bowie, Madonna…, retratos que se recogen en un libro editado por La Fábrica (Madrid, 2017). Existe un largo número de publicaciones en todo el mundo; destacaremos Femmes secretes (Ed. Robert Laffont, Paris, 1976) que cuenta con un texto de Philippe Garner, de la Galería Sotheby de Londres. La editorial alemana Taschen que había revolucionado la edición de libros de arte, publica Sumo en 1999. Un proyecto titánico, de gran extravagancia conceptual que se reconoce como el primer libro más voluminoso y caro de la historia editorial. Una importante selección de su trabajo, que reúne principalmente su innovadora fotografía de modas, sus insuperables desnudos y los retratos en un formato de 50 x 70 cm., 464 págs, 35 kgs de peso y 10.000 ejemplares en su primera edición de coleccionista, numerada y firmada por el autor, que contaba además con más de cien firmas de los personajes retratados. Presentado con un atril diseñado especialmente por Philippe Starck, la publicación se agotó inmediatamente después de su lanzamiento.

Disfruta siendo políticamente incorrecto. Cuando propuso a Jean Marie Le Pen hacerle un retrato, el político recibió la invitación como un gran halago. Newton lo situó en el jardín de su residencia junto a sus dos perros, dentro del mismo encuadre de luz muy contrastada. Es bien sabido que existe una fotografía, realizada por Heinrich Hoffmann, de Adolf Hitler con su pastora alemana, sentado en el porche de su casa. Cuando el expresidente del Frente Nacional, candidato a la presidencia en varias ocasiones, advirtió el error que había cometido, intentó evitar la publicación, pero era ya demasiado tarde. El retrato fue publicado, por primera vez, en el diario francés Le Monde, junto al del canciller alemán y su perra.

La célebre intelectual Susan Sontag considera que la visión que Newton muestra de la mujer es misógina, pues la representa a través de imágenes humillantes. Un planteamiento equivocado pues la obra de un artista no debe contemplarse nunca a través de una visión moralista.

El autor argumentó que mostraba a mujeres empoderadas, con presencia propia y legitima en la sociedad, jamás como víctimas.

En su discurso existe una investigación a través del erotismo y la sensualidad, colmándola de cualidades compositivas de elegancia, alejándola de las visiones de la pornografía banal con planteamientos jamás tratados en la erótica habitual revistera.

Son innumerables las exposiciones realizadas alrededor del mundo con su obra, galerías, museos, centros de arte, etc., le han abierto sus puertas. Recordaré sobre todo la exposición de carácter antológico que presentó en los noventa el Centro Andaluz de la Fotografía de Almería, que tuve la fortuna de visitar: un espectacular montaje mostraba unas doscientas obras, muchas de ellas de gran tamaño que configuraban el universo del artista, sus ideas sobre la naturaleza de la mujer alfa y la esencia de la femineidad; el gran mundo, la sofisticación, la elegancia y la universalidad del erotismo. En 2012, años después de su fallecimiento, el Gran Palais de París le dedica una gran retrospectiva, bajo la supervisión de su esposa June.

Para celebrar los cien años de su nacimiento, a finales de 2020, año dominado por esta pandemia que sufrimos, Berlín le dedica una exposición a cielo abierto, en una céntrica calle, donde se exhibieron veintinueve reproducciones en grandes dimensiones junto a las cuales se mostraban frases del propio autor: “Nada está retocado, fotografío lo que veo” o “No me interesa el buen gusto”, entre otras.

Con Helmut Newton (1920-2004), la sexualidad entró por la puerta grande en la fotografía de modas, al principio de forma delicada para ir in crescendo mostrando escenas donde el erotismo resulta más exultante, convirtiéndose en lo más significativo de la imagen. Escenas provocadoras donde la élite burguesa practica distintas formas de disipación, elogiando el libertinaje, concediéndole encanto y fascinación, realizadas con la gran maestría que caracteriza toda su obra.

Vivió entre París y Montecarlo, pasando los inviernos en Los Ángeles donde tuvo lugar un trágico y determinante suceso automovilístico que le provocó la muerte: Helmut Newton, al volante de su coche, salió del parking del Hotel Chateau Marmont, situado en Sunset Boulevard, para chocar con un inmenso muro mortal. Contaba 83 años de edad.