09 de enero de 2020
09.01.2020

"El Estado plurinacional es la única manera de lograr la convivencia"

El filósofo Santiago Alba Rico tiene un hablar pausado con el que desgrana reflexiones sobre el concepto de España, la actual crisis política, el estado del mundo, la batalla ecológica o la relación del ser humano con las nuevas tecnologías.

08.01.2020 | 20:22
Santiago Alba Rico

¿Con qué proyecto está?

He empezado a preparar un ensayo del concepto de España.

¿La nación más antigua de Europa?

Diría, con José Luis Villacañas, que, por el contrario, España es una nación tardía, como Alemania o Italia. Hasta ese momento, la construcción nacional de España fue fallida y siempre prevaleció la dimensión de Estado o de Imperio. Además de las desigualdades sociales y económicas, la construcción nacional ha chocado una y otra vez con la dificultad de reconocer a otras naciones en el Estado.

¿Un Estado plurinacional?

Es la única manera de lograr un marco de convivencia. La historia de España demuestra que cada vez que eso no se ha resuelto se ha generado mucha violencia para todas las partes imaginables. Ya va siendo hora de solucionar ese problema, aunque no estoy seguro de que estemos más cerca que hace 40 años. El choque entre nacionalismos cada vez más identitarios en España y en Cataluña dificulta que se plantee la cuestión de modo democrático y a partir de un inaplazable nuevo contrato social. Hay mucha gente que quiere ser española y no está cómoda en el marco nacional estatal vigente.

El artículo dos de la Constitución habla de nacionalidades.

Evidentemente. El marco de las autonomías es incompleto y no fue capaz de solucionar el problema, pero esbozaba una solución al reconocer sujetos nacionales históricos de modo más o menos tímido. El problema es que ahora no se propone el desarrollo jurídico de esos sujetos, sino lo contrario. Propuestas como las de Vox cuestionan la Constitución para cuestionar el marco autonómico.

¿La salida sería confederal?

Hay que pensar en esa dirección, federal o confederal. En todo caso, reconociendo los sujetos nacionales. Ya están en embrión en la Constitución y hay que darles la oportunidad de decidir voluntariamente la adhesión a un marco de convivencia común. Habría sido más fácil si hubiésemos tenido unos dirigentes políticos y unos medios de comunicación responsables.

Ha citado a Vox. ¿Hay tres millones y medio de franquistas?

No, y estoy en contra del concepto de cordón sanitario. Es un concepto médico que se utiliza para convertir al rival en enemigo y después en amenaza animal o vírica y cerrar cualquier vía de negociación. Ese concepto pertenece más bien a la órbita de los fascismos. Sin embargo, creo que, aunque no haya 3,5 millones de franquistas, Vox sí que es un partido dextropopulista, neofascista, potencialmente muy peligroso. Se trata, por lo tanto, de desarmar a Vox y en democracia la única manera de hacerlo es dirigirse a sus votantes. Considerarlos enemigos irrecuperables es la mejor manera de legitimar su discurso.

Se alega a menudo que sus dirigentes, que sí son neofranquistas, ya estaban ahí.

La democracia consiste en mecanismos de represión no policial que, entre otras cosas, deberían haber impedido que salieran a la luz fuerzas muy marginales o enquistadas en otras fuerzas. Porque ese salir a la luz es lo que llamamos política. Me parece un análisis pobre y contraproducente decir que siempre habían estado ahí. Es no entender la gran diferencia que hay entre que cuatro locos emitan mensajes homófobos, machistas y franquistas desde las costuras de internet y que esos mensajes se lancen desde tribunas públicas. Fue lo que ocurrió en la Alemania nazi. Un señor bajito y con bigote les dijo a los alemanes: yo os voy a decir lo que todos pensáis sin saberlo y os lo diré sin complejos. Si el discurso de Vox es hoy relevante es porque ha utilizado las instituciones y los medios de comunicación para legitimarse, cuando hasta ahora era minoritario, marginal y vergonzantemente clandestino.

¿Fue un error de la izquierda propiciar segundas elecciones?

Una completa irresponsabilidad del PSOE y de Podemos. Un poco más del PSOE porque la relación de fuerzas le era favorable. El PSOE creyó que iba a obtener un resultado avasallador en una repetición electoral y no cedió. Pero también Podemos tenía que haber entendido el riesgo de repetir las elecciones, incluso para ellos mismos. Ambos han abierto esa brecha por la que se han colado en el Parlamento 52 diputados de Vox. Los discursos desde el Parlamento no tienen los mismos efectos que desde Foro coches.

¿Esto podría acentuarse con unas terceras elecciones?

Sin duda. O si un Gobierno PSOE-Podemos frágil, que necesita otros apoyos y tiene de contexto una crisis económica, no satisface las demandas de sus votantes ni las de los abstencionistas que en las últimas elecciones no les han votado. Eso exige hacer políticas sociales decididas y no obcecarse en convertir a Vox en el enemigo.

En España, casi 10 millones de pobres o en riesgo de serlo y otros tres son pobres severos.

El contexto europeo y mundial impide medidas transformadoras como las que puede tener Podemos en la cabeza. Pero hay distintas maneras de actuar ante la crisis. Hay diferencia entre las políticas neoliberales de austeridad -con rebajas fiscales y privatización de sectores neurálgicos- y una política conservadora socialdemócrata que asegure servicios públicos elementales, aborde una política de vivienda proteccionista y aplique políticas fiscales que carguen sobre los que más tienen y no sobre los que menos tienen. En cambio, prometer solución a los problemas económicos sería un error. No va a poder hacerse y beneficiará a Vox, cuyo discurso no es un dextropopulismo como el de otros países de Europa, porque añade la cuestión nacional, la memoria histórica y la inmigración. Vox defiende políticas económicas muy neoliberales. Pero si se hacen demasiadas promesas sin medidas reales, podría imitar a Salvini y reivindicar la soberanía nacional económica y medidas de protección de las clases desfavorecidas de una manera muy demagógica, pero muy eficaz que les haría crecer.

Se preguntaba por qué nos preocupamos más de Greta Thunberg que de su discurso. ¿La están utilizando gobiernos y empresas no comprometidos con la lucha medioambiental?

Sin duda esas fuerzas, cuya supervivencia económica depende de no combatir los problemas ecológicos, están utilizando a Greta. Pero a mí eso no me importa. La importancia de Greta está, por un lado, en que les ha obligado a reunirse, negociar y hacer discursos hipócritas. Por otro lado, Greta Thunberg ha movilizado en todo el mundo a millones de personas muy jóvenes. Que las nuevas generaciones se politicen a través de Greta y del problema ecológico es algo que habrá que agradecerle siempre. Si toda una nueva generación se organiza y presiona, tal vez lleguen también a la mesa de negociación movimientos ecologistas, la calle, los votantes. Si se consigue que haya un votante ecologista, a lo mejor eso obliga a cambiar las políticas. Si queremos solucionar los problemas climáticos, hay que echar cuanto antes a Trump, Bolsonaro y otros.

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