El recinto ferial ha pasado de estar lleno de gradas y sillas en las finales de murgas en otras ediciones a limitarse en esta oportunidad a habilitar medio centenar de sillas. Tantas como representantes de las 21 formaciones representarán a los 1.300 componentes. En la tarde de ayer grabaron la canción que interpretarán en la gala de las guardianas, cargada de emoción y nostalgia, en la única oportunidad que las murgas pasarán este año por su catedral”.

Duele entrar al recinto ferial de la capital tinerfeña para una cita con las murgas del Carnaval chicharrero y encontrarse medio centenar de sillas para que cada uno de los representantes de los 21 componentes dejen sus tocados y chaquetas para el ensayo previo a la actuación. Un ambiente frío y que en nada se parece a las multitudinarias finales que protagoniza el género rey edición tras edición.

Ayer llamaba la atención el encuentro, casi como excepción, de los primeros componentes que llegaron disfrazados al entorno del recinto ferial. Y es que este Carnaval deja hambre de fiesta y, en particular, hambre de murga. Durante un mes, bajo la coordinación de Raquel García, los murgueros han trabajado codo con codo (virtual) la letra realizada por Santi Martel, de Zeta-Zetas; David García, de Burlonas, y Gara García, de Tras Con Tras, que arranca haciendo una mención a la situación que marca el Covid: desde la separación física –con una all star murguera que representa a casi la totalidad del colectivo –con la excepción de Desbocados, que pidió quedarse fuera–. Lo más llamativo, la mascarilla precisamente en el rostro de los murgueros, que es casi como quitarle el arroz a una paella. Pero allí están ellos dándolo todo en el escenario, sustituyendo la expresividad de sus rostros por la amplitud de las manos y brazos que parece comer a besos al público y llenarlo de los abrazos que impide la normativa sanitaria.

La letra no es la mejor de la historia; por más que va de menos a más con un rajazo incluido en forma de pasodoble a los políticos, para tocar el corazón en el final, cuando los murgueros entonan que esta noche –será la noche del domingo de la próxima semana– ellos entregarán los premios a las familias que se han visto afectadas por toda esta situación.

No es una canción para un Criticón; ni siquiera lograría tal vez el pase a la final por la calidad de su contenido, pero sin duda enamorará a cuantos vean a la murga de las murgas dándolo todo en el recinto ferial en representación de cuantos se han quedado fuera de esta convocatoria por las medidas sanitarias y por el... Covid.

Ha sido un trabajo callado y mimado de Pablo Moreno, cuidando y apuntalando voces para que la suma de componentes masculinos con femeninas no sea igual una murga mixta, que sonaría más a colectivo infantil que a formación de esas que ponen al público en pie cuando cantan, casi grita, Carnaval, Carnaval, Carnaval. Los componentes, con el trabajo de Pablo Moreno y la complicidad de Lolo Tavío, lo dan todo. La noche del domingo de la próxima semana se verá a una murga del año 2021: o sea, una formación que se ha grabado en estudio, sin gritos, sin la intensidad ni la presión por el entusiasmo de lograr un cartón. Es más, la emoción embarga porque se saben privilegiados de la actuación de anoche, por y para todos los murgueros y amantes del Carnaval.