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Jornada en Casa África | Análisis geopolítico de la vecina región del Sahel
Madina Thiam Historiadora y profesora del Departamento de Historia de la Universidad de Nueva York

«El panafricanismo vendrá del pueblo africano, no de sus dirigentes»

"El papel de las mujeres, porque estábamos viviendo en sociedades patriarcales, es borrado de la historia", afirma la historiadora

Madina Thiam en el auditorio de Casa África. Juan Castro

Madina Thiam se crió en Bamako y no cree en las fronteras. Es historiadora, investigadora y profesora del Departamento de Historia de la Universidad de Nueva York (NYU). Su trabajo, que se centra en Malí y el Sahel occidental en los siglos XIX y XX, incluye temas como la circulación de personas e ideas, el papel de la mujer en la historia, la fabricación de género y raza y el panafricanismo. Es su primera vez en las Islas, a las que ha llegado unos días más tarde por culpa de Hermine, pero habla un español casi perfecto —además de árabe, bambara, francés e inglés— porque estudió una temporada en Granada. Con manos decididas y su risa fácil, rescata, desde Casa África, la historia de las mujeres malienses y del Sahel, esa zona vecina que todavía continua siendo una inmensa desconocida.

¿Qué es el Sahel más allá del imaginario colectivo de Occidente en el que siempre se asocia esta parte de África con terrorismo y pobreza?

Para mí es una región de gran cultura, de intercambios. Casi siempre lo ha sido, durante por lo menos siete siglos. El Sahel es la región de África que une al mundo Atlántico y al mundo del desierto, del Sáhara. Desde el Caribe, Jamaica y otras islas, hasta la Meca y el mundo musulmán, el punto clave entre los dos es el Sahel. Hubo tantas migraciones por los dos lados, tantos viajeros, tantas ideas que circularon al mismo tiempo, que realmente es una región de gran intercambio que tuvo influencia de muchos lugares del mundo.

Hoy ha dicho que en los procesos de descolonización de África se habla siempre de grandes hombres, como Nkrumah, Mandela, y se olvida el papel de la mujer. ¿Por qué ocurre así?

Es una cosa casi global, siempre es lo mismo. El papel de las mujeres, porque estábamos viviendo en sociedades patriarcales, es borrado de la historia. Hay muchas razones. ¿Cómo escribimos historia nosotros los historiadores? Vamos a las fuentes y leemos libros de otros historiadores. Si la fuente de base son otros hombres, si en esa época ellos no estaban viendo la contribución real de las mujeres alrededor de ellos, no lo iban a escribir. Yo, como historiadora, si 50 años después cojo la fuente y empiezo a leer, voy a tener la perspectiva de esos hombres. Es un problema contemporáneo. Como historiadora, la única cosa que haces es intentar encontrar las perspectivas de personas que vivían en el pasado y que ahora han muerto. Y las voces que hacen más ruido en el pasado siempre son las de los hombres. Hay muchas mujeres que tuvieron un papel muy importante en la historia de la descolonización.

«Ahora todo el mundo conoce a Mandela, su marido, pero Winnie Mandela fue una de las activistas contra el apartheid más importantes del país»

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¿Por ejemplo?

Por ejemplo, hay una mujer de República Centroafricana, que se llamaba Andrée Blouin. Durante la guerra de la descolonización era una gran activista e hizo muchas cosas para desarrollar el papel de otras mujeres. Peleó por sus derechos y por los derechos de los africanos. La llamaban la Pasionaria negra. Había una mujer aquí, en España, a la que le decían la Pasionaria, Dolores Ibárruri, que fue bastante importante durante la Guerra Civil. A ella la llamaban la Pasionaria y a esta mujer, Andrée Blouin, en la República Centroafricana, la llamaban la Pasionaria negra. Estas dos figuras, una de España, otra de República Centroafricana, hicieron cosas muy importantes en sus épocas y hoy hay mucha gente que no se acuerda. Winnie Mandela en Sudáfrica, es lo mismo. Ahora todo el mundo conoce a Mandela, su marido, pero Winnie Mandela fue una de las activistas contra el apartheid más importantes del país. Aun así, todo el mundo habla de su marido, porque siempre es así.

Y en Malí y en Senegal, ¿quiénes son estas mujeres olvidadas?

Ahora estoy trabajando con un grupo de historiadores de Malí y de Estados Unidos y tenemos un proyecto que se llama Archivos de las mujeres de Malí. Aquí hemos empezado a recolectar y digitalizar los documentos de mujeres de Malí que participaron en las luchas para la independencia y, después de la independencia, en luchas feministas. Y todas estas mujeres hoy son bastante mayores. Viven en Bamako y en la memoria colectiva del país la gente ha olvidado completamente su papel. Pero están ahí. Ahora estamos trabajando con siete mujeres que tuvieron un papel muy importante en la historia del país, que hicieron mucho, pero la gente no sabe realmente lo que ha sido su contribución al desarrollo de Malí. Lo que hacemos nosotros es establecer relaciones con ellas y con sus familias. Recopilamos sus documentos personales, sus fotos y todo tipo de cosas que tienen de esta época, que muestran todo lo que hicieron. Clasificamos esos documentos y ahora estamos creando un archivo físico, y también digital, que va a estar disponible gratis para cualquier persona que quiera aprender más sobre la historia del país y sobre la historia de sus las mujeres. Es mucho trabajo, pero ese es el tipo de mujeres que no son superfamosas como Aoua Keïta. Hoy creo que hay mucha gente que reconoce que el papel de las mujeres ha sido borrado, pero lo que ocurre en muchos países es que es muy fácil elegir a una mujer, hacerla la figura principal y olvidarte de las demás.

También investiga sobre panafricanismo. ¿Es posible un proyecto panafricanista a día de hoy con una Unión Africana presidida por Macky Sall?

Creo que a día de hoy, el proyecto panafricanista va a venir del pueblo africano. De los dirigentes no. Entonces, que la Unión Africana esté dirigida por Macky Sall... No es tan importante, porque al final yo no tengo ninguna esperanza en cuanto a los jefes de Estado y lo que pueden hacer realmente para el panafricanismo. Pero lo que sí me da mucha esperanza es que, a nivel de la gente, cuando vas a las grandes o pequeñas ciudades de África, en Bamako, en Dakar, en Nairobi, Kigali, por todas partes hay mucha gente que quieren que siga este proyecto del panafricanismo. Tengo optimismo. Realmente hay una energía que siento de parte de muchas personas de muchas partes del continente. Pero esa energía no viene de los dirigentes, viene de la gente. El panafricanismo, ese proyecto común para la liberación real de todos los pueblos africanos del mundo, sigue viviendo.

«Ha habido más problemas con la presencia europea en África que si no hubiesen estado ahí»

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Hay figuras que defienden la importancia de la presencia de los países europeos en el Sahel. ¿Cuál es el papel que les toca ahora a los países europeos, a Rusia, a Estados Unidos? ¿Salir de un sitio que no es su lugar o seguir dando apoyo?

Para mí siempre es difícil esta pregunta. Porque se habla de dar apoyo, ¿pero apoyo a quién? ¿A los jefes de Estado que son súper corruptos? ¿A las élites africanas que no representan a sus pueblos? ¿O apoyar a los pueblos? Creo que por lo menos deberían o no hacer nada, o apoyar realmente los deseos de los pueblos africanos y ya está. Pienso que ha habido más problemas con la presencia europea en África que si no hubiesen estado ahí. Ahora Francia se fue de Malí y creo que está bien así. En 2012, cuando empezamos a tener todos esos problemas con el terrorismo y los yihadistas se acercaron, se acercaron a la capital, Bamako, mucha gente tenía mucho miedo, yo tenía mucho miedo, mis padres estaban ahí. Esto fue hace diez años y a mí ahí me alivió cuando vino Francia. Uff, nos van a ayudar. Hoy creo que ya he cambiado de opinión, creo que es una buena cosa que se hayan ido. La verdad es que han estado ahí diez años y la situación no ha mejorado. No podemos ver el lado positivo de su presencia. Si vamos a tener panafricanismo y soberanía real, tenemos que hacerlo nosotros mismos.

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