08 de febrero de 2020
08.02.2020

Pascal Buniet: "La barra de un bar es un buen observatorio para un escritor"

07.02.2020 | 22:31
Pascal Buniet: "La barra de un bar es un buen observatorio para un escritor"

'La muerte sabía a chocolate' es la historia de un crimen en la comunidad belga del sur de Tenerife. Pascal Buniet (Sant-Pol-sur-Mer, Francia, 1952) ha ganado con esta novela el Premio Wilkie Collins

Pascal Buniet nació en 1952 en Saint- Pol-sur-Mer, un pueblo en el norte de Francia. Pese a su origen, se define como un francés "no practicante" que ha vivido durante los últimos 40 años "como un canario más". Acaba de ganar la novena edición del Premio Wilkie Collins de Novela Negra. Lo ha logrado con el manuscrito de su última novela: La muerte sabía a chocolate. La importancia de este galardón no reside solo en el hecho de que fueron más de 170 las novelas presentadas -procedentes de 19 países distintos- sino en que los entrega una editorial independiente: la madrileña M.A.R. Editor. El galardón no tiene dotación económica pero implica la publicación del libro y es un importante espaldarazo para el autor.

Buniet se proclama vencedor de una edición en la que resultaron finalistas El método egipcio, del asturiano Juan Manuel García Llaneza, y Un camerino en el María Guerrero, de la madrileña Ángela Martín de Burgo. Desde hace años, el Wilkie Collins se entrega en Tenerife gracias al acuerdo alcanzado con los responsables de la organización del Festival Atlántico del Género Negro, el Tenerife Noir. Su celebración está prevista para finales de marzo. También durante este encuentro literario, M.A.R. Editor entregará el Alexandre Dumas, que distingue a la mejor novela histórica. Este año, se lo ha llevado el navarro Javier Corpas Mauleón. El escritor y director literario del Tenerife Noir, Javier Hernández, será el encargado de entregar a ambos vencedores sus reconocimientos.

Todavía no está clara la fecha de publicación y presentación de La muerte sabía a chocolate, pero su autor confía en que sea pronto. "Acabo de hablar con la editorial y me han dicho que estará disponible a final de este mes", adelanta. No es la primera vez que M.A.R. Editor saca al mercado una obra de este autor afincado en el sur de la Isla. Ya compartieron aventura literaria con Sombras en la meta (con la que ya logró un accésit del Wilkie Collins) y La verdadera historia de Gloria T. En esta entrevista, Buniet habla sobre el argumento de esta novela: un crimen que golpea de lleno a la comunidad belga residente en el sur de Tenerife. Recuerda, asimismo, sus inicios en la escritura, cuando ya había alcanzado la madurez. Tampoco duda en dar consejos a los que quieran dedicarse a la literatura. "Solo hay que escribir la primera frase", asegura.

Hablemos de la novela con la que se ha hecho con uno de los galardones más prestigiosos del mundo de la novela negra: La muerte sabía a chocolate ¿Está ambientada en Tenerife?

Todos mis libros tienen algo que ver con Tenerife. Es que yo ya llevo viviendo aquí unos 40 años. En realidad, esta novela está ambientada entre Bélgica y Tenerife. Es la historia del propietario de una fábrica de chocolate que ha sido asesinado en su casa en Bélgica. Es una persona que venía a pasar habitualmente el invierno a una zona de Tenerife donde hay muchísimos jubilados belgas que han reconstruido en la Isla, más o menos, su pequeño mundo. Viven según sus normas y las costumbres de su país. Aquí en la Isla hay muchas comunidades así. Hay una comunidad de belgas, de ingleses, etcétera. Vienen a Tenerife y reconstruyen su mundo. Da la casualidad de que justo antes de que esto pasa, hay un joven detective que había hecho un trabajo para ese empresario y cuya mujer fallece. Entra en una depresión y, para ayudarle, el empresario decide prestarle su casa en Tenerife. Él viene, se queda en esa casa, y descubre al mismo tiempo ese mundo de los alegres jubilados que están disfrutando de la vida porque ya han cumplido con todas sus tareas. A pesar de ser joven, él se incorpora a ese grupo y estando aquí va descubriendo cosas que podrían aclarar un poco lo que ha pasado en Bélgica.

Hay dos espacios narrativos que se intercalan durante la historia.

Hay dos temas, por un lado presento al inspector de Bélgica, que es el que está investigando la muerte de Alfred, que así se llama el personaje que ha fallecido. Por el otro, tenemos también a ese detective que viene a Tenerife y que descubrirá una serie cosas sobre el caso. Hay como dos historias paralelas que al final de unen.

Decide situar esta nueva historia en la comunidad belga que reside en el sur de la Isla, ¿no hubiera sido más fácil hacerlo en la francesa siendo usted de esa nacionalidad?

Durante unos años regentaba una tasca en el sur, en una zona donde precisamente había muchísimos belgas. Fue a partir de ahí que me planteé empezar a escribir la historia de un propietario de una fábrica de chocolate belga. Me gustaba la idea. Podía haber sido con franceses o ingleses, no es que tenga nada a favor o en contra la comunidad belga pero simplemente es el mundo que yo conocía, con su forma de ser y sus tradiciones. Al igual que pasa con los ingleses y los franceses, al estar aquí, los extranjeros jubilados tienden a reunirse según su nacionalidad y a tratar de volver a vivir aquí como lo hacen allí. No terminan de integrarse completamente.

Es un fenómeno curioso y bastante habitual en las zonas turísticas de las Islas. Son como micropaíses.

De la misma manera, los españoles o los canarios también lo hacen cuando viajan fuera, aunque sea de visita. Si vas a Bruselas y ves un restaurante que dice que es canario, a lo mejor tendrás la tentación de entrar a ver. Aunque no estés ahí para ver eso, sino para ver cómo se vive en Bélgica. Hay una tendencia de la gente a acercarse a su cultura de forma natural. Hay una cierta dificultad para integrarse. Yo me considero un francés integrado porque he vivido siempre en España, en Tenerife, como un canario más. Yo no vivo como un francés de visita. De hecho, siempre digo que soy francés, pero no practicante. Pero esto del libro es otra cosa distinta, la persona mayor que viene a la Isla por el sol se siente más confortable con sus tradiciones. Es muy difícil para un jubilado integrarse a esta forma de vida, incluso en lo que se refiere a la comida.

Quizás por esto que comenta de que se siente como un francés no practicante se ha sentido siempre más cómodo situando a sus novelas en territorio canario. ¿No es cierto?

Pues sí, hace ya cuarenta años que vivo en Tenerife y eso que tampoco es que tenga yo ochenta años. Por lo tanto, he vivido más aquí que en Francia. Pues claro, no voy a hablar de Nueva York. Estoy aquí. Eso se lo dejo a Woddy Allen (risas). Si ves mis libros, siempre se refieren a cosas que tengo cerca. El primero habla de la inmigración, de la época en que venían las pateras. Yo soy un inmigrante y es algo que además luego viví aquí, en las costas del sur de la Isla. El segundo, La verdadera historia de Gloria T, tiene que ver con el boom turístico en Tenerife, el paso de la agricultura al turismo. Yo estaba ahí en ese momento, viví ese cambio, la evolución, los chanchullos del turismo. Después hablo del trail running, del deporte, que es una cosa que yo también practico, lo conozco bien. Ahora, esta última novela toca otro aspecto de mi vida aquí: la época en la que yo tenía el restaurante y estaba mezclado con todos esos visitantes. Todo en la historia gira en torno al mundo que hay alrededor de un restaurante o de un bar, con sus clientes habituales. La barra de un bar es un observatorio muy bueno para un escritor, se descubre mucho. En el libro se dice que hay dos cosas en común entre una iglesia y un bar: el vino y el confesionario. Todo el mundo cuenta su historia y es un buen sitio para observar, vas conociendo a la gente. Estás como exterior a ellos pero al mismo tiempo muy cerca. Este libro va un poco por ahí. Otro aspecto que destaca en la novela es la facilidad con la que gente cuenta su vida porque está lejos de su casa. Se deja ir y descubre cosas que no debería porque cree que no va a tener consecuencias. Es la idea de la trama: gente que habla mucho y enseña cosas que no debería a gente con malas intenciones.

El Wilkie Collins de Novela Negra es un galardón muy importante pero usted ya tenía una mención anterior en el certamen.

Sí. Participé hace dos años y me dieron un accésit. Esta vez he tenido más suerte. Por un momento dudé si podría volver a concurrir pero no hubo problema. Es un premio que se da en Madrid, es muy importante. Además, se entregará en Tenerife. El editor y su equipo suelen venir al Festival Tenerife Noir y me lo van a entregar ahí. Todavía no tengo la fecha pero el festival se celebrará entre el 14 y el 22 de marzo. Espero que vaya todo el mundo, claro.

Importante y reñido. Se presentaron 174 manuscritos de 19 países distintos...

Sí, para mí es muy agradable oír eso (risas).

Comenzó a escribir en la madurez, ¿eso le ha llegado a limitar o por el contrario le ha aportado experiencia y más temas sobre los que ahondar?

Soy un ejemplo de la cantidad de cosas que se pueden hacer después de los 50. Hay mucha gente que dice que de mayor quiere ser escritor. Yo esperé a ser mayor para empezar a escribir. Empecé después de los 50, igual que con el deporte. Leía bastante y llegó un punto en el que pensé que yo también podría hacerlo, que podría crear una historia. Me lancé y empecé, la verdad que ahora tengo el gusto de poder pasar de una historia a otra.

¿Pero empezó a publicar directamente en español?

Escribo siempre en español. De hecho, mi penúltima novela, Sombras en la meta, acaba de salir en Francia. Hace un par de meses. Escribo en español y después traduzco la novela al francés yo mismo. Pero es que llevo muchísimos años aquí. Vivo en España y además vivo como un canario más. En mi casa hablo español y es el idioma que hablo con mis hijos también. Cuando comencé a escribir ni me planteé empezar a hacerlo en francés, me salió escribir en español. Me sorprendió, de hecho, que la gente me preguntara por eso. Necesito alguna corrección pero también me pasa en francés porque hay cosas y expresiones que se dicen más fácil en español y cuando lo traduzco encuentro dificultad para encontrar el correspondiente en francés. Se dice siempre que el problema del traductor es saber lo que piensa el autor, pues no tengo ese problema.

A su juicio, ¿qué cualidades debe tener un escritor? Especialmente un escritor que se dedique a la novela negra.

Debe tener imaginación. No es que yo me proponga escribir sobre una cosa determinada, la idea te surge por cosas que pasan. Si observas lo que pasa alrededor, siempre puedes encontrar un hilo del que tirar. Alrededor nuestro pasan muchísimas cosas que, si tú quieres, pueden convertirse en una buena trama. No soy de los que, cuando escribe, empieza sabiendo ya cómo va a terminar la historia. Empiezo y a medida que lo hago voy descubriendo ideas. Es algo que encuentro bastante interesante de esto de escribir. Es como un riachuelo que empieza con poca agua y poco a poco va creciendo hasta convertirse en un río. Es lo que me gusta de escribir, ver cómo creas un personaje y a medida que vas escribiendo la historia lo puedes modelar, hacerlo bueno o malo. El escritor dentro de un libro es como dios, es el que hace y deshace todo lo que quiere a su gusto. A alguien que quiere escribir le diría que para hacer una novela hay que escribir la primera frase. Para hacer camino hay que dar el primer paso y ahí es igual, si no te sientas a escribir no escribes.

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