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Las personas vacunadas se contagian e infectan entre un 70 y un 80% menos

Las vacunas generan protección celular, la misma que podría estar garantizando a los pacientes convalecientes de covid-19 una inmunidad «muy duradera»

Una enfermera del Servicio Canario de la Salud vacuna a una joven en el vacunódromo del Pabellón Santiago Martín en Tenerife.

Una enfermera del Servicio Canario de la Salud vacuna a una joven en el vacunódromo del Pabellón Santiago Martín en Tenerife. Andrés Gutiérrez

Las personas vacunadas tienen menos probabilidades de contagiarse así como de infectar a otra persona. Y es que todas las vacunas que se utilizan actualmente en España son capaces de prevenir la replicación en las vías respiratorias inferiores y superiores, a excepción, en este último caso, de la de AstraZeneca en la que solo se ha visto una menor tasa de replicación del virus en las vías inferiores. En el caso de Pfizer, la posibilidad de infectarse se reduce entre un 80%, mientras que la probabilidad de que un vacunado transmita la infección a otras personas que no hayan recibido el pinchazo se reduce entre un 41 y un 79%.

Así lo constata la última actualización del documento de estudio científico-técnico Información sobre la inmunidad frente a Covid-19 editado por el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, que también sugiere que la vacuna de Moderna reduce un 67% los contagios y la de Janssen un 76%.

El mismo documento, que recopila la información científica hasta el momento, destaca que el haber pasado la covid puede garantizar una inmunidad duradera, pudiendo incluso ser para toda la vida. En esta evaluación, que es del día 20 de agosto, se constata que la inmunidad frente al SARS-CoV-2 es fundamentalmente de dos tipos: anticuerpos y células T. Esto significa que, ante el contagio por el virus, el organismo responde con todo su ejército, tanto los que están en primera línea de fuego (anticuerpos) como con los que se encuentran en las trincheras (células T), que además son capaces de pedir al organismo que vuelva a activar la primera línea de fuego en caso necesario.

Una vez la infección empieza a superarse, el número de efectivos en primera línea se empiezan a replegar. Esto supone una disminución importante de los anticuerpos que, tras disminuir drásticamente, permanecen un tiempo actuando de manera basal para finalmente desaparecer. Las células T, o de memoria, son las que se encargarán de proveer al organismo de una protección eficaz en caso de que el mismo virus vuelva a intentar infectar a las células. Como explica el informe, «las células B y T que son específicas de SARS-CoV2 se mantienen en un estado de latencia, pero están listas para entrar en acción si vuelven a encontrar el virus o una vacuna que lo represente». Cuando estas células entran en contacto con el agente infeccioso experimentan cambios en su ADN cromosómico, que les permiten reaccionar rápidamente a una infección e impulsar respuestas encaminadas a eliminar el patógeno. Las células de memoria se han encontrado, además, alojadas en la médula ósea, lo que se relaciona con la expulsión de anticuerpos en el momento que se requiera. Esto, según los autores del informe, se ha observado en otros virus y personas que la memoria inmune permanece «estable durante décadas». Las vacunas actúan de la misma manera. Todas ellas acaban generando una respuesta inmune de memoria, además de la humoral, es decir, la que se genera en la fase aguda con los anticuerpos. Claro que existen ciertas limitaciones, especialmente en las personas inmunodeprimidas. En ellos, «la efectividad vacunal podría reducirse mucho, dada su menor capacidad para producir anticuerpos».

Spikevax (Moderna)

En esta vacuna se inyecta un ARN mensajero que ha codificado la proteína de superficie S (Spike) del SARS-CoV-2 para enseñar a las células del organismo a hacerlo también. Su esquema de vacunación es de dos dosis separadas por 28 días. Produce más reacciones secundarias tras la segunda dosis. Produce anticuerpos neutralizantes en menores y mayores de 55. Previene la replicación del virus en vías respiratorias altas y bajas. La eficacia 14 días después de la segunda dosis es del 95,6% hasta los 64 años y del 86,4% para los mayores de esa edad. Tras dos dosis, la posibilidad de infección se reduce un 67,7%. Su eficacia es menor en inmunodeprimidos.

Comirnaty (Pfizer/BioNTech)

En esta vacuna se inyecta un ARN mensajero que ha codificado la proteína de superficie S (Spike) del SARS-CoV-2. Se inyecta en dos dosis separadas por 21 días. Induce buenas respuestas inmunes de memoria que mejoran tras la segunda dosis, incluidos en mayores de 65 años. Tras la inoculación, las vías altas y bajas quedan protegidas cuando el virus se adentra por la tráquea o la nariz. La eficacia siete días después de la recepción de la segunda dosis es del 95%. En Israel se redujeron las infecciones tras la primera dosis un 30% y se estimó que, con ambas dosis, se podían reducir entre un 80 y un 88%. También reduce el riesgo de contagiar un 79%.

Vaxzevria (Oxford/AstraZeneca)

Esta vacuna lleva la proteína S (llave) del virus hasta las células a través de un adenovirus no replicante de chimpancé. La vacuna produce tanto anticuerpos como respuesta celular de larga duración. En personas de más de 80 años, la inmunidad de memoria es menor que la que adquieren con la vacuna de Pfizer. A las dos semanas tras la segunda dosis la eficacia es del 60,3%. Entre los 61 y 90 días la eficacia alcanza el 78%. Esta vacuna ha tenido asociados casos muy raros de trombosis trombocitopénica generalmente en mujeres menores de 60 años. En personas que han padecido la covid, una sola dosis produce una respuesta de anticuerpos similar a Pfizer.

Covid-19 Vaccine (Janssen/J&J)

Esta vacuna lleva la proteína S (llave) del virus hasta las células a través de un adenovirus no replicante de humano. Es la única vacuna que confiere protección con tan solo una dosis. Genera anticuerpos neutralizantes y células T de protección a largo plazo. Esta protección inmunitaria sugiere una mínima o ausente replicación vírica en el tracto respiratorio inferior y superior, lo que conlleva a una reducción del 76% de la posibilidad de infectarse. Se encontraron seis casos, tras 6,86 millones de dosis suministradas de trombocitopenia que obligó a paralizar la inoculación. La EMA desaconseja utilizar la vacuna en personas con antecedentes de fuga capilar.

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