El extenso océano Atlántico que rodea a Canarias ha capeado hasta el momento el aumento de temperaturas que sí se está percibiendo en otros mares españoles. Desde el año 1997, según el estudio Raprocan, del Instituto Español de Oceanografía (IEO), la temperatura en las aguas más someras apenas ha variado, a pesar de que algunos peces tropicales hayan emigrado hasta las Islas y el océano se esté haciendo más ácido. Esta situación dispar pone de relieve que «no todos los fenómenos se pueden explicar con el cambio climático», como explica Pedro Vélez, investigador y director del IEO en Canarias, que insiste que es necesario seguir estudiando los procesos marinos, dado que aún se desconoce gran parte de cómo funcionan.

En 2020 se registró la temperatura más alta en la superficie de las aguas que rodean a Canarias desde 1982

Después de que la capa oceánica dispuesta entre los 200 y los 800 metros de profundidad atravesará un intenso pico de calor en 2015, la situación ha vuelto a estabilizarse. «Ahora tenemos aproximadamente la misma temperatura media que hace 20 años», señala Vélez. Esto demuestra que muchos de los efectos del cambio climático en las aguas de Canarias han quedado desfasados pues consideran que el aumento del calor en el mar conlleva a una tropicalización del Archipiélago, que sin embargo, estos datos desmienten.

El último en relacionar ambos fenómenos ha sido el Ministerio de Transición Ecológica en su informe sobre cambio climático en España de 2021. El informe señala que entre 2008 y 2011 hubo una invasión de especies marinas más tropicales como consecuencia del aumento de la temperatura del agua por el cambio climático. Y es que en los últimos años, y hasta al menos 2015, la tendencia parecía ser esa.

Un coral marino en las aguas profundas de Canarias

Un coral marino en las aguas profundas de Canarias Centro Oceanográfico de Canarias - Instituto Español de Oceanografía

Las Islas recibieron en aquellos años distintos organismos que suelen preferir aguas más cálidas. Llegaron entonces animales de todo tipo, como invertebrados, peces y, hasta mamíferos, que originalmente se encuentran vagando por mares con una temperatura media de las aguas superficiales de 25 grados. Como sucede cuando una especie invasora llega a un hábitat que no es el suyo, algunas generaron verdaderos estragos en la biodiversidad autóctona del Archipiélago. El caso del pequeño erizo Diadema africanum, cuyo crecimiento descontrolado provocó la desaparición de algas autóctonas en muchas zonas rocosas hasta al menos 2016, dando lugar a lo que se conoce como blanquizales, es decir, fondos rocosos desprovistos de cobertura algal. En ese tiempo se asentó en las islas el gallo aplomado (Canthidermis sufflamen), más común en las costas de Cabo Verde, y se hizo tan abundante en El Hierro a partir de 1994 que llegó a convertirse un recurso pesquero de relevancia económica.

Sin embargo, como incide Vélez, todo esto «puede estar ocurriendo por otros muchos procesos oceánicos que desconocemos». Por lo pronto, hay otras alternativas que pueden explicar la llegada de estos polizones. «Esas nuevas especies también pudieron llegar en plataformas petrolíferas u otros buques» y la desaparición de otras «puede deberse a variaciones propias del ecosistema».

No es de extrañar este hueco en el conocimiento, pues los investigadores estiman que tan solo se ha explorado el 5% de todos los océanos, lo que supone que el 95% de los fondos marinos se desconocen totalmente, así como las situaciones que pueden darse en cada uno de ellos. «Somos pocos los que investigamos los cambios en el mar en Canarias, con lo que es posible que haya algo que se nos esté escapando», insiste el oceanógrafo, que advierte que «la teoría simplista del cambio climático puede estar evitando que se investiguen otras líneas».

Una pardela cenicienta recorre la superficie del mar en busca de alimento Centro Oceanográfico de Canarias - Instituto Español de Oceanografía

Mientras, la superficie oceánica de Canarias sigue marcando récord. En 2020 se registró la temperatura más alta en la superficie de las aguas que rodean a Canarias desde 1982. El investigador considera que la temperatura de superficie se rige por mecanismos diferentes a los que afectan a las profundidades oceánicas. Para empezar, la superficie está en contacto directo con la atmósfera, que sí que está sufriendo importantes cambios debido a las emisiones de gases de efecto invernadero y el calentamiento global. Algo que se corrobora con que este año la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera marcó un nuevo récord histórico: 421,21 partes por millón (ppm), lo que supone casi el doble de concentración que en el periodo preindustrial.

En todo caso, como indica Vélez, el calentamiento en superficie afecta «a unos pocos metros, de manera inicial directa» y no es homogéneo en todo el planeta. La excepción descrita se encuentra en la zona de afloramiento en la costa africana, donde la superficie se está enfriando en lugar de calentarse. «Se cree que se trata de una consecuencia de cambios en el régimen de vientos y el aumento de temperatura en el continente africano», asevera.

Algunas de las modificaciones que ha sufrido el ecosistema marino de las Islas los últimos años pueden, por tanto, tener otras explicaciones, como tratarse de cambios «inherentes al propio sistema» o «haber sido una excepción puntual». El investigador se reafirma en su teoría con el hecho de que «no ha habido más fenómenos de crecimiento exacerbado de microalgas» desde el pasado 2017. Como este, hay otros tantos fenómenos para los que se ha responsabilizado al cambio climático en Canarias, y como señala Vélez, aún hay muchas posibilidades de que las casualidades existan también en el mar.