El volcán La Soufrière (La Azufrera), en la isla caribeña de San Vicente, entraba en erupción el pasado día 9 de abril (no lo hacía desde 1979) y, como si del efecto mariposa se tratara, el alcance de este fenómeno natural puede llegar a afectar a Canarias, aunque las islas se encuentren distantes de este foco nada menos que unos 6.000 kilómetros. La razón que lo explica no es otra que las pautas que marca la conocida como circulación general atmosférica.

La nube producto de esta erupción se desplaza de oeste a este, y las masas de aire son capaces de hacerlo a lo largo de muchísimos miles de kilómetros a través del Atlántico, tal y como señala Víctor Quintero, director del centro en Santa Cruz de Tenerife de la Agencia española de Meteorología (Aemet). Al respecto, este experto considera que no resulta nada extraordinario que un fenómeno que se origina en el Caribe pueda llegar hasta Canarias y aunque las erupciones no son fenómenos habituales, cuando se producen dejan sentir sus efectos.

Con todo, los modelos meteorológicos que a día de hoy maneja la Aemet sí advierten que, en su desarrollo, esa nube volcánica, que se sitúa entre los 3.000 y 5.000 metros de altitud, puede llegar a acercarse a la latitud de las islas Azores y de Canarias, “pero en principio, y hasta tanto no entre en la zona de responsabilidad del VAAC de Toulouse (el centro francés encargado del seguimiento de este tipo de fenómenos en el área atlántica), no estamos facultados para emitir ningún tipo de aviso”, explica Quintero. En consecuencia, “nos mantenemos a la expectativa”, explica. “Hay que entender que las masas de aires que llegan a Canarias recorren distancias enormes y son ellas las que desplazan esta nube de ceniza”, subraya el meteorólogo.

En alerta por posibles avisos

Cuando a lo largo de las próximas horas se den, si así sucede, las condiciones de proximidad al Archipiélago y su área de influencia, la Aemet será el órgano encargado, en coordinación con el VAAC de Toulouse, de emitir los avisos pertinentes, siempre en relación con la afección al tráfico aeroportuario y no a las personas. Otra cuestión es que, además de la ceniza volcánica, “esta nube arrastra en su trayectoria un gran número de gases y uno de ellos es el dióxido de azufre”.

En este sentido, Víctor Quintero subraya que el seguimiento en relación con la calidad del aire es reponsabilidad del Gobierno de Canarias aunque, en cualquier caso, la Aemet y el organismo autonómico se trasvasan información. En la medida que empiece a registrarse algún tipo de dato al respeto, Víctor Quintero entiende que desde el Gobierno de Canarios se los harán llegar.

“Nosotros contamos con una estación instalada en Izaña, que se sitúa en los parámetros de altitud en los que evoluciona la nube y que es capaz de medir concentraciones de dióxido de azufre, con lo cual a partir de mañana [por hoy para el lector] estaremos en disposición de registrar cuál es la intensidad de esta nube volcánica y si este compuesto en concreto podría o no llegar al Archipiélago”.

La Aemet está coordinada con el VAAC de Toulouse y, en este sentido, la responsabilidad del organismo se centra en determinar las afecciones de este fenómeno sobre el tráfico aeronáutico. En este supuesto, a Canarias le correspondería emitir avisos sobre la presencia de cenizas en cuanto pueden influir en el normal desarrollo de la navegación aérea, y siempre en coordinación con el centro de Toulouse.

A propósito, Víctor Quintero recuerda el fenómeno que provocó en su momento la erupción del volcán Eyjafjallajökull en Islandia, en el mes de marzo del año 2010, llegando a una altura de varios kilómetros y extendiéndose por un área de miles de kilómetros cuadrados, causando la interrupción del tráfico aéreo en el noroeste de Europa, y que estuvo a punto de alcanzar al Archipiélago canario.

El seguimiento de la evolución de las nubes de ceniza volcánica a nivel internacional corresponde a los centros denominados VAAC, que están repartidos estratégicamente por todo el planeta. La zona del Atlántico, en la que se inscribe el Archipiélago canario, está bajo la responsabilidad del centro de Toulouse (Francia), que es el encargado de realizar el seguimiento de estos fenómenos volcánicos, bien cuando se producen en el área de su competencia, como ante aquellos epsodios que siendo externos a su zona de actuación puedan llegara a considerarse influyentes.

En este sentido, el meteorólogo confirmaba que a día de ayer, domingo, el VAAC instalado en la ciudad francesa no había emitido ningún aviso en relación con la nube de ceniza provocada por la erupción del volcán caribeño, “si bien sí ha lanzado la información que le ha remitido el VAAC de Washington, que es precisamente al que le corresponde la responsabilidad del sefguimiento del fenómeno en esa zona”.

El Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) señalaba ayer en su cuenta de Facebook que “la columna eruptiva de la reciente erupción explosiva del volcán La Soufrière en la isla de San Vicente, una isla volcánica en el mar Caribe de solo 345 kilómetros cuadrados ha llegado a alcanzar los 12 kilómetros de altura”.

El penacho volcánico

Este Instituto explica que “el penacho volcánico generado por esta erupción de carácter explosivo contribuye a la dispersión de cenizas y gases a lo largo de grandes distancias del foco eruptivo, a una altura similar a la alcanzada por la columna eruptiva”. Involcan concluye aclarando que la calidad del aire en la cumbre y zonas altas de las Islas “no se verá afectada” por este proceso.