18 de febrero de 2020
18.02.2020

Una mujer belga encuentra 60 años después a su primer amor mallorquín

El hombre sufrió una afección cardíaca y, aunque se casó, nunca olvidó a la extranjera que fue su primer amor

18.02.2020 | 11:10
Christiane Van Geel con Gabriel López Campos.

Diario de Mallorca publicó el viernes, con motivo del día de los enamorados, el llamamiento de Christiane Van Geel, una mujer belga viuda de 78 años que quería encontrar a Gabriel López Campos, su "hermoso mallorquín", el novio que fue su primer amor y al que perdió la pista en los años 70.

Christiane Van Geel, de Amberes, tenía la ilusión de encontrar a Gabriel López Campos con vida y volver a mantener contacto con él, pero no va a ser posible. La familia de Gabriel respondió al llamamiento y ha contado que el mallorquín murió en Murcia en 1997 de una afección cardíaca y sin olvidar nunca a la extranjera que fue su primer amor.

La mujer belga conoció un verano en Mallorca siendo adolescente a un Gabriel también muy joven, pero cargado de obligaciones, puesto que era el mayor de diez hermanos a los que mantenía. Era dinamitero de profesión y el verano en que conoció a Christiane estaba cumpliendo el servicio militar en la base de Sóller.

"Al principio todo fue casual: una cruce de miradas, un cumplido, un encuentro no buscado y ya estábamos enamorados el uno del otro", relataba Christiane con nostalgia antes de conocer el desenlace de la historia.

"Los días que Gabriel no estaba de servicio me esperaba en el tercer poste de luz del Port de Sóller, entre las redes de pesca azules y verdes que se secaban sobre el pavimento del puerto. Recuerdo que paseábamos de un extremo a otra de la bahía por el placer de estar juntos. Y cuando en nuestro recorrido llegábamos a la altura del balcón donde se encontraba la vivienda de su superior tenía que cuadrarse y saludarle, fuera o no uniformado. Aquello me parecía de los más gracioso", revivía.

"Disfrutábamos de la playa y del mar y también íbamos juntos de excursión. Recuerdo una en la que me guió hasta el Castell del Moro, entre Valldemossa y Deià", señalaba. "Gabriel tenía en aquellos años un cuerpo musculoso y bronceado y unos ojos tan hermosos que hablaban y hablaban sin parar", confesaba.

Christiane quedó prendada del joven mallorquín, aunque le sorprendían algunos detalles de su vida, como que pese a su juventud tuviera que mantener a sus nueve hermanos "sin ayudas ni becas escolares" del Estado. La España de la dictadura franquista de aquellos años, que empezaba a salir de la autarquía, no tenía nada que ver con Bélgica ni con sus condiciones de vida.

Eran otros tiempos y otras costumbres, la relación entre los dos enamorados empezó con mucha inocencia. "Yo era una joven inexperta en el amor que provenía de un entorno familiar muy protegido. La relación se mantuvo en un amor romántico, en el primer descubriento de lo que pueden hacer los labios, las manos y los abrazos en una relación de pareja", comentó Christiane. "Pero no fue más allá, me respetaba".

Llegó el final de su estancia en Mallorca y se despidieron en la estación del tren de Sóller. Mantuvieron un año de relación epistolar y volvieron a verse el siguiente verano.

"Un día me llevó a bailar a un local donde una orquesta tocaba al aire libre Bésame mucho y Dos gardenias para ti. Aquel día me susurró al oído que debíamos pensar el uno en el otro cada vez que fuera luna llena. Se lo prometí. Y todavía hoy tantos años después lo hago, incluso muchas veces abro las cortinas para que su resplandor entre en mi casa", reconoció.

De regreso a Amberes, Christiane cuenta que no podía soportar la ausencia del hombre al que amaba. "Lo extrañaba tanto que me sentía apática y deprimida. Me preguntaba si debía seguir el dictado de mi corazón o el sentido común; si debía obligarle a dejar su trabajo y empujarle a que se convirtiera en un trabajador inmigrante en el extranjero. Me dolía mucho, pero fui a lo seguro", admitió.

La vida vida de Gabriel y Christiane continuó, cada uno por su lado, y los años pasaron. Christiane conoció a otro hombre. "Era rubio, con los ojos azules, una educación británica y muchos intereses en la vida, un hombre tolerante y de mente abierta al que pude contarle mi relación con Gabriel y mis sentimientos hacia él. "Estoy dispuesto a ser el segundo hombre de tu vida", le concedió. Después de tres años de relación se comprometieron y fijaron la fecha de la boda.

Pero tres semanas antes de la ceremonia. Gabriel llamó por sorpresa a la puerta de Christiane. "No pude evitar buscarte para ver si lo nuestro todavía se puede salvar". Aquel nuevo encuentro en Amberes con su "hermoso mallorquín", agitó de nuevo los sentimientos de la joven. "En secreto tuvimos varias citas, reviví de nuevo el amor y dolor de los recuerdos perdidos". Finalmente el que iba a convertirse en mi marido quiso encontrarse con Gabriel. "Ahora sí que quiero conocer a ese hombre tuyo", me dijo.

"Y así fue como los dos hombres de mi vida se sentaron frente a frente en la misma mesa". Al final del encuentro Gabriel le dijo a Christiane. "Es mejor que te cases con Johan, hacéis una buena pareja y sobre todo quiero que seas feliz", le manifestó. La pareja contrajo matrimonio, de su unión nacieron dos hijos y permaneció unida durante 40 años, hasta que Johan falleció en el año 2005 a consecuencia de un cáncer.

Años después del cara a cara en Amberes entre los dos hombres de su vida, Christiane volvió a tener noticias de Gabriel, que había emigrado a Alemania y tuvo un accidente laboral en la fundición en la que trabajaba. El compañero de habitación de Gabriel en el hospital donde fue ingresado encontró su dirección de Bélgica en su cartera y se puso en contacto con Christiane para informarle de lo ocurrido.

Tras su recuperación Christiane recibió la última carta de Gabriel sin saber que ya no le escribiría más. Un cambio de dirección del mallorquín acabó con su relación epistolar, lo último que les quedaba. Al fallecer su marido en 2005, Christiane se dio cuenta que seguía cumpliendo la promesa que un día se hicieron en un baile de verano con orquesta en Mallorca y decidió buscarlo. El periódico fue su último recurso y resultó efectivo, aunque triste.

"Estoy muy triste", ha comentado Christiane desde Amberes al conocer el final de la historia. Le queda el consuelo de que la familia de Gabriel está dispuesta a hablar con ella para contarle más detalles del hombre que agitó su vida de una manera tan poderosa y de quien perdió el contacto en 1970. "Por nuestra parte, estaríamos encantados de reunirnos con Christiane", han asegurado dos de los hermanos de Gabriel, Salvador y Cándida López Campos.

"Cuando me han contado toda esta historia se me ha salido el corazón. Mi hermano estaba locamente enamorado de ella, y nosotros, la familia, la queríamos tanto... Gabriel tuvo otra mujer pero qué va... Cuando Christiane se casó, mi hermano perdió toda la alegría", ha confesado Cándida desde Murcia.

En los años 70, Gabriel tuvo un accidente laboral. "Estuvo un mes y medio en coma, y la única secuela que tuvo se la produjo el hecho de no poder estar con Christiane", ha explicado Cándida. Gabriel se casó con una limpiadora del hospital en el que permaneció ingresado un buen tiempo y no tuvieron hijos. "La mujer de su vida fue Christiane", afirma.

Gabriel "siempre tuvo en el corazón a Christiane", sostiene. "De haber estado vivo, se hubiera vuelto loco al reencontrarse con ella", confiesan los hermanos López Campos, que dicen haber vivido esta historia, la de la búsqueda de un amor, medio siglo después, con "una mezcla de tristeza y alegría".

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