09 de octubre de 2019
09.10.2019

Canarias sería una de las zonas menos perjudicadas por una explosión solar

La nube energética sumiría a parte del planeta en la oscuridad aunque las Islas podrían resistir gracias a su ubicación

09.10.2019 | 08:42
Representación artística de la eyección de masa cargada durante una tormenta.

Si mañana el Sol se despojara de una potente nube de plasma cargada con protones y electrones, Canarias tendría muchas posibilidades de permanecer ajeno al apagón energético que sumiría en la noche a gran parte del planeta. Una fuerte tormenta solar podría desconectar las conexiones de satélite, apagar las luces y dejar a medio mundo incomunicado. El problema es que nadie sabe a ciencia cierta cuándo puede ocurrir.

Canarias se podría salvar de este fenómeno energético, según el astrofísico Héctor Socas, por "la latitud" en la que se encuentra ubicada. La magnetosfera -la protección que permite que la Tierra no se achicharre con las continuas explosiones energéticas del Sol- es un poco más gruesa en "latitudes bajas" por lo que podría resistir la perturbación que provocara en ella las ondas electromagnéticas. No obstante, una llamarada solar "afectará a poblaciones muy grandes" y en un mundo globalizado y tecnológicamente dependiente como en el que habitamos, las consecuencias se vivirían en todo el planeta.

Repercusiones


"Sería un caos, pero no tenemos ni idea de las repercusiones porque no hemos experimentado nada similar", afirmó. De hecho, la investigación continua de las fluctuaciones que existen en el Sol tan solo han podido determinar que cada cierto tiempo (se habla de una vez al siglo) nuestro astro decide expulsar una bomba mucho más cargada de energía de lo usual. Conocida como eyección de masa coronal (EMC), el evento provocaría un aumento del movimiento del plasma en la magnetosfera y un incremento de la corriente eléctrica entre dicha capa y la ionosfera -la capa que contribuye a la reflexión de las ondas de radio emitidas desde la superficie terrestre-.

El escenario que un evento tan masivo como este puede provocar en la Tierra recordará a lo que un millón de tinerfeños vivieron durante el cero energético acaecido el pasado domingo 29 de octubre. No obstante, si el apagón hubiera venido provocado por el rebote masivo de partículas atrapadas en la magnetosfera, no tendría un desenlace claro. Todo dependerá de cómo la humanidad se prepare para recibirlo, como insiste Socas, aunque no descarta que los daños causados sean irreparables a corto plazo. Si el pasado domingo preocupaba el estado de las personas que se habían quedado encerrados en ascensores, que se echaran a perder los alimentos de las neveras o no poder contactar con familiares y amigos; tras una tormenta solar la estampa podría ser más desoladora. Las estimaciones hablan de pérdidas de entre 10 y 100 billones de euros "en infraestructuras tecnológicas", como señala el astrofísico del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) que dedica parte de su vida a estudiar cómo se comporta nuestra estrella. Mercancías sin rumbo, personas atrapadas en el mar, desincronización de las transacciones de bolsa, fallos en el fluido eléctrico...y todo ello, afectando a las zonas de nuestro planeta con menor protección magnética, es decir, las ubicadas en latitudes altas como Estados Unidos, India o Australia.

La explosión de plasma viajará a miles de kilómetros por segundo por lo que tardaría entre uno o dos días en llegar a nuestro planeta. Esta ventana temporal permitiría a los investigadores -que tienen continuamente la vista puesta en el Sol- alertar de la llegada y tomar medidas preventivas, como "poner en modo seguro los satélites o resguardar a los astronautas que se encuentren en el exterior de esta barrera protectora", explicó el investigador. En tierra firme, los gobiernos tendrán que prepararse para un evento de estas características y planificar acciones orientadas a mitigar los efectos en la población. En todo caso, la experiencia vivida en Tenerife ha servido para poner el foco en nuestra dependencia tecnológica y en la necesidad de preparar mejor a la población contra un apagón masivo, aunque sea natural.

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