14 de julio de 2019
14.07.2019

El SOS de Rogerio

Un deportista residente en Tenerife pide ayuda para sobrellevar la enfermedad. de ELA, que le diagnosticaron hace meses y avanza de manera progresiva

14.07.2019 | 00:44
El SOS de Rogerio

Rogerio y Claudinho

Los viejos aficionados al fútbol sala y al Iberia Toscal lo recordarán. Moreno, alto, elegante, técnico... Un cierre de categoría que junto a Claudinho -el contrapunto: rubio, bajito y goleador- formó la pareja de extranjeros (brasileños) del club blanquinegro en la campaña 93-94, en la División de Honor y con el apellido comercial de Coelca. Jugó luego en otros equipos y se quedó en la isla. Trabajó como profesor de Educación Física en el colegio Mayco de La Laguna hasta que cayó de baja en abril de 2018.

Homenaje

El 22 de junio, según el facebook del CD Maxorata, se reunió en la cancha lagunera de San Benito "lo más selecto de la historia del fútbol sala tinerfeño". Un grupo de amigos para "homenajear al primer brasileño que vino a la isla a jugar: Rogerio Campos conocido como Roger". Una cita emotiva en la que esos amigos "solicitamos que se cumpla la fórmula para combatir la ELA: Investigación= solución. Que las administraciones públicas agilicen los trámites burocráticos para ofrecer una mayor calidad de vida a afectados y familiares. Y una ley de dependencia que funcione con ayudas domiciliarias".

A Rogerio Campos (Brasil, 1964) le cambió la vida a partir de una operación de cadera originada por un desgaste de los huesos en junio de 2018. Hubo luego complicaciones con diversas patologías y todo fue a peor hasta que en noviembre del año pasado le diagnosticaron lo que padece y solo mencionar asusta: la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neuromuscular degenerativa que ataca las motoneuronas, encargadas de innervar los músculos implicados en el movimiento voluntario. Este hispano-brasileño deportista, grande y fornido ve como la afección avanza en progresión geométrica cada día. Su ex mujer, Ana, y Juanjo, voluntario, le ayudan en las tareas diarias cuando pueden pero él se encuentra en realidad solo, sin más familia, y pide ayuda. Para que le concedan el grado 3 de Dependencia (tiene el 2) y la Gran Invalidez (le reconocen la incapacidad permanente).

Solicita que se le haga una valoración con más regularidad porque, asegura, "seis meses es mucho tiempo". Pide, además, una ayuda a domicilio que ya gestionan con el Ayuntamiento de El Rosario, donde reside, en concreto en Radazul. Por todo eso Ana puso hace unos días una reclamación ante la Diputación del Común.

En el documento se dirige al Diputado como "compañera y guardadora" de Rogerio y en primer lugar se refiere a la grave enfermedad que padece y que "va incapacitando severamente todo el sistema muscular del enfermo y todos los órganos vitales".

Ana, que tiene un hijo en común con Rogerio, Rafael, asegura que "desde el diagnóstico (noviembre del 2018 y confirmado en febrero de este año por la Unidad de ELA) estamos intentando recibir las ayudas que por derecho le pertenecen por ser ciudadano español".

Así, continúa Ana en su razonamiento, "desde la Seguridad Social, no se le ha concedido el grado que merece en estos casos que es el de Gran Invalidez, viéndonos obligados a solicitar la revisión de su prestación de pensión que solo se consideró como incapacidad permanente".

Con respecto a la vivienda "nos han puesto todo tipo de quejas desde la comunidad para adaptar rampas y dispositivos que eliminen barreras. Tampoco tenemos ninguna atención desde el Instituto Canario de la Vivienda para poder contar con ayudas en este sentido relacionadas con la concesión de una adaptada".

En relación a la ayuda a domicilio, el Ayuntamiento del Rosario "aún no ha dado la solicitada aunque la esperamos para finales de este mes; nos comentan que sólo podrá disponer de una hora, a lo sumo dos, al día cuando es no puede vivir sin ayudas fijas".

Por último, "y lo más relevante", apunta Ana, a Rogerio "sólo se le ha concedido el Grado 2 de dependencia cuando ante esta enfermedad devastadora todo el mundo reconoce que se debe asignar el máximo grado. Esto va muy rápido. Ya tiene el habla afectado y problemas para comer. Nos han dado cita para el próximo informe el día 31 pero es tarde".

A la situación de Rogerio hay que añadir la de su ex mujer: "Tengo además a mi cargo a dos hijos menores, a mi padre y a mi madre también en situación de dependencia. Y con trabajos a tiempo parcial para mantener la economía familiar".

Ana cuenta con emoción que "en el colegio de Rafa, la escuela unitaria de Machado, hicieron una colecta y gracias a ese dinero puede venir Juanjo que estaba en paro".

Rogerio, que cumplirá 55 años en noviembre, reflexiona: "Tal y como se presenta esta enfermedad la evolución es galopante -hasta mayo conducía- y el máximo grado de invalidez me permitiría una ayuda máxima que ya necesito. Cuanto más tardo en recibirla más precaria es mi situación. La necesito no solo a nivel de reconocerme la incapacidad sino en la vida diaria para ir al baño o simplemente levantarme. Espero la resolución favorable pero tarda mucho y puede que sirva para poco. Siento impotencia de no poder hacer cosas, no tener medios económicos para afrontar esto y encima que nadie te ayude".

En la casa de Rogerio destaca un puntal de obra en el salón. Ana lo explica: "Es para poder incorporarse y asentarse. Un apoyo que le pusieron amigos para prevenir caídas. Antes se deslizaba del sillón y me costaba mucho levantarlo. Tenía que arrastrarlo hasta la escalera del edifico que tiene barra".

Ana y Juanjo se agachan para flexionar con toques intermitentes unas piernas "cada día más rígidas". Un ritual que forma parte de la vida cotidiana del Rogerio dependiente. Necesita ayuda y por eso lanza un SOS.

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