14 de junio de 2019
14.06.2019

Los chinos utilizaban marihuana en sus rituales funerarios hace 2.500 años

14.06.2019 | 08:05
Ponían hojas de cannabis y piedras en braseros para inhalar su humo.

Hace 2.500 años ya se consumía marihuana. Los habitantes de la remota meseta montañosa de Asia Central, justamente en el Cementerio de Jirzankal, utilizaban este psicotrópico en sus rituales funerarios, quemando sus hojas en un pequeño recipiente que cubrían con piedras calientes para que saliera humo, que probablemente inhalaban.

Así lo han constatado dos arqueólogos de la Academia China de las Ciencias de Beijing, Yang Yimin y Ren Meng, al haber encontrado evidencias físicas de que los moradores de estas montañas parece que utilizaban el cannabis tal y como se usa actualmente como el incensario de la religión católica. El estudio, publicado en la revista Science Advances, confirma la existencia de la huella química de la planta en este lugar e incluso, evalúa su potencia. Este estudio conforma una pequeña parte del gran esfuerzo investigador que se está haciendo en todo el mundo para entender cómo la droga se expandió por el camino de la seda hasta convertirse en la consumición favorita de 150 millones de personas en el mundo.

Hallados restos de esqueletos, placas y braseros de madera, cuencos, piedras y arpas chinas en esta localización, los investigadores llegaron a la conclusión de que se utilizaba como recurso en los rituales funerarios. Concretamente, se ponía la hoja dentro de unos braseros de madera y se cubría con piedras calientes. Esto provocaba que la planta ardiera lentamente generando humo.

El cannabis floreció hace 28 millones de años en el este de la meseta Tibetana, tal y como constató un estudio sobre el polen publicado en mayo. Hace unos 4.000 años, los agricultores chinos empezaron a cultivar marihuana para obtener aceite y fibras para hacer cuerdas, ropa y papel.

En el cementerio de Jirzankal, que se encuentra a 3.000 metros de altura en las Montañas Pamir, la marihuana era diferente. Los investigadores han llegado a la conclusión de que las plantas que crecían en dicha localización tenían unos niveles muy altos de Tetrahidrocannabinol (THC) en comparación con el cannabis salvaje típico, aunque mucho menos que las plantas que crecen con cuidados especiales.

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