18 de octubre de 2020
18.10.2020
Crónica

Bicentenario de los primeros ensayos del cultivo de la cochinilla en Santa Cruz de Tenerife

17.10.2020 | 23:13
La cochinilla es un diminuto insecto que vive sobre las pencas de las tuneras.

El vacío dejado por las exportaciones de azúcar y del vino, daría lugar a que en el siglo XIX se introdujera un nuevo cultivo, conocido como Cochinilla. Al coincidir con el auge de la industria textil en Europa, su demanda produciría durante más de 50 años una gran riqueza agrícola en la Isla.

Este insecto fue introducido en Tenerife en 1820, a petición del canónigo de la Catedral de La Laguna, José Quintana Estévez, conocedor de su cultivo y expansión en Oaxaca, al sur de México.

Las tres pencas cargadas del insecto, llamado Cochinilla, fueron enviadas al Consulado del Comercio en Santa Cruz de Tenerife, quien las entregó a don Juan Mengliorini, segundo Jefe de la Guarnición de esta ciudad, y a don Santiago de la Cruz, quienes las plantarían en una huerta situada entre las calles Santa Rosalía y San Juan Bautista, en el barrio del Toscal, y las otras dos, en Güimar y La Orotava. En el año 1825, los citados señores publicarían una memoria con los resultados obtenidos, la cual sería de gran utilidad para los labradores canarios que comenzaban a cultivarla.

Igualmente, el naturalista francés Sabino Berthelot (Marsella, 1794 - Santa Cruz de Tenerife, 1880) realizaría un informe completo sobre su cultivo, en el que recomendaba los terrenos adecuados, y las riquezas que esta empresa proporcionaría a los habitantes de estas Islas, siendo felicitado por la Diputación Provincial y la Sociedad de Amigos del País de esta capital, por tan extenso y completo trabajo.

De la misma manera, Manuel de Ossuna Saviñón, en su ensayo: Anotaciones sobre el cultivo del nopal y la cría de la cochinilla en las Islas Canarias, publicado en 1846, decía: "un movimiento general, como si fuera un golpe eléctrico, ha puesto en acción a todos los propietarios y labradores que hasta ahora habían permanecido como pacíficos espectadores, pues ya no queda rincón alguno en las islas donde no se ensaye el cultivo de la grana".

La cochinilla es un diminuto insecto que vive sobre las pencas de las tuneras, de cuya savia se alimenta con su trompa chupador. Tiene apariencia granulosa y seca al tacto, con tonalidades rojizas y blanquecinas por los restos de la cera algodonosa que protege al gránulo. El ácido carmínico, presente en el interior de su cuerpo, sólo se extrae de la cochinilla hembra.

La cochinilla de la que se extrae el colorante natural, muy apreciado para teñir tejidos, no es tóxico, por lo que también se puede utilizar en cosmética, alimentación, medicina, etc.

El ácido carmínico se usa en unciones histológicas y bacteriológicas, como indicador químico de reacciones, en fotografías a color, pigmentos para artistas. En las etiquetas de productos de la Unión Europea se identifica como E-120.

Para su producción, los insectos son trasladados en trapos blancos a las tuneras, sujetándolos a los picos de las pencas. Cuando han alcanzado su desarrollo, unos 8 milímetros, se recogen con un cepillo, se depositan en bandejas, y se ponen al sol o se secan en hornos.

Los hombres se encargaban de plantar las pencas, abonarlas, y transportarlas hasta el puerto de Santa Cruz de Tenerife, mientras las mujeres se dedicaban a preparar los tableros y lienzos para las "madres" que habían de desovar, la recolección, el secado al Sol, o en hornos artesanales.

Para impulsar el nuevo cultivo, el Real Consulado del Comercio se encargó de comprar toda la producción, hasta que los comerciantes comenzaron su distribución y venta, a partir de abril de 1836.

Cuando en 1846, se implanta una política comercial librecambista en Gran Bretaña, unida a la plaga de "maleza" existente en los principales países productores; es decir México, Honduras y Guatemala, las plantaciones de pencas para obtener cochinilla, transformarían el paisaje y la economía de Archipiélago, pues su cultivo sería un rotundo éxito, al ser la preferida en los mercados extranjeros por su buena calidad, buen color y limpieza.

Nuestro mejor cliente era Inglaterra, con el que se llegó a establecer un mercado exclusivo, de manera que las exportaciones llegaron a superar los tres millones de kilos. En 1852, al inaugurarse el régimen de franquicias (Puertos Francos), solo por el puerto de Santa Cruz de Tenerife se exportaron 800.000 kilos.

La cochinilla llegaría a constituir una importante fuente de riqueza en todo el Archipiélago, donde la bondad de nuestro clima aseguraba su reproducción y conservación, logrando una vertiginosa expansión del insecto y posibilitando una rápida y copiosa productividad en las extensiones de tuneras; de tal forma que llegó a convertirse en el patrón oro, pues una bolsa de este producto pasó a ser aceptada como dinero, siendo bien recibida como trueque en las tiendas.

En 1862, cuando en la exposición Internacional de Londres se presentaron los avances de la Química, en relación a los colorantes obtenidos a partir de la Hulla -Magenta y Solferino-, la sustitución del tinte natural de la cochinilla por los sintéticos: anilina y fucsina, daría lugar a la crisis en la producción y exportación de la grana o cochinilla.

(*) Cronista Oficial de Santa Cruz de Tenerife

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