04 de octubre de 2020
04.10.2020

90 años de la inauguración del balneario de la capital tinerfeña

04.10.2020 | 06:45
Balneario.

En el mes de julio de 1928, uno de los personajes clave en la historia de Santa Cruz de Tenerife, el entonces alcalde Santiago García Sanabria (1880-1935), expresaba: "Es realmente vergonzoso que una ciudad marítima como la nuestra no cuente con una infraestructura de ocio marítimo donde puedan tomarse los baños de mar; por ello, para remediar esta falta, un grupo de amigos hemos constituido una sociedad de explotación que construirá un balneario y habilitará una playa para baños".

Ese mismo año comenzarían las obras del Balneario, situado en la zona costera del Bufadero, frente al barrio de Valleseco, con una playa de arena negra, un pequeño muelle, tres piscinas, y canchas de frontón-tenis. En 1930, se abriría al público.

El edificio, proyectado por el arquitecto Domingo Pisaca Burgada, con ese atrevimiento de las formas náuticas, fue catalogado como ejemplo singular de arquitectura racionalista en Canarias.

Para varias generaciones de chicharreros, el Balneario está cargado de un gran valor sentimental, pues guarda las vivencias de la infancia y juventud, en la que se forjaron amistades y enamoramientos, mientras se disfrutaba de los baños en la piscina o en la mar, hacían deporte en sus tres pistas de tenis o frontón, o participaban en las reuniones de confraternidad familiar, bailes, excursiones, etcétera.

Zona de baños

El Balneario está considerado la cuna de la natación tinerfeña, pues en ella comenzaron a celebrarse los campeonatos de natación de Canarias el 25 de julio de 1934, cuando se inauguró su piscina olímpica y, el 22 de septiembre del citado año, se constituyó el Club de Natación Balneario, convocando el primer campeonato provincial de natación de Tenerife, celebrado el 25 de noviembre.

Por tanto, esta piscina fue la primera que se abrió en la isla con carácter público, siendo la única piscina olímpica que hubo en Santa Cruz hasta 1965. En ella se formaron nadadores de gran repercusión nacional e internacional, como Jesús Domínguez. El balneario cerraría sus puertas en 1992.

La Residencia

La residencia tiene una gran importancia en la historia patrimonial de Santa Cruz, pues su valor arquitectónico está al mismo nivel que su valor social.

La Residencia de Educación y Descanso José Miguel Delgado Rizo, denominada así en memoria de una de las primeras figuras del Club Natación Balneario, quien vería truncada su carrera deportiva a los 20 años de edad, cuando encontró la muerte en Wolchow (Rusia), adonde había ido voluntario con la División Azul para luchar contra la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial.

El edificio, construido como Hotel Casino en 1954, se dedicaría a Residencia para el veraneo de los trabajadores y sus familias, formando parte de la campaña del fomento del "turismo social", en el que la clase obrera sería la principal beneficiaria.

En sus cuatro plantas tenía capacidad para 100 plazas individuales y 90 familiares. En los tres meses de verano, la media de ocupación rondaba las 700 personas. Durante sus 26 años de actividad, albergó a más de 40.000 veraneantes.

En aquellas instalaciones modélicas, familias enteras de Tenerife disfrutaban, durante diez o quince días, de sus merecidas vacaciones en la orilla del mar, a la vez que participaban de su vida social en los juegos, concursos y bailes que allí se celebraban.

Los precios eran muy asequibles, si los comparamos con los jornales de entonces, pues cada componente familiar pagaba 10 pesetas por el alojamiento con pensión completa. El horario de las comidas y el cierre del establecimiento -una de la madrugada- había que respetarlo a rajatabla.

El periodo veraniego estaba reservado para los trabajadores sindicados que residían en el Archipiélago, aunque también solían venir de la Península, e incluso llegaron a hospedarse 24 ingleses.

Durante las vacaciones se solían realizar dos excursiones a distintos puntos de la Isla. Al finalizar su estancia tenía lugar una entrañable fiesta de despedida, protagonizada por los propios residentes, en la que se entregaban los diplomas que habían obtenido en las distintas actividades lúdicas y deportivas.

En un edificio aparte, situado a la izquierda de la entrada, estaba el bar restaurante en el que se celebraban onomásticas, bodas, bautizos y comuniones, y tenían lugar los famosos bailes.

El personal de la Residencia lo componía un director, un auxiliar administrativo, un auxiliar encargado de la intendencia, un portero y siete mujeres de la limpieza. Además de un cocinero, con tres ayudantes, un pinche y un camarero.

La Residencia José Miguel Delgado Rizo funcionaría hasta 1980.

Su futuro

Tras décadas de abandono, el Gobierno de Canarias recuperó el Edificio en 2013, tras el traspaso por parte del Estado. Este compromiso llegaría después de que un grupo de ciudadanos creara la plataforma Salvar el Balneario, con el fin de activar la participación vecinal sobre los usos y futuro de la instalación; a dicha plataforma se sumó el Ayuntamiento capitalino, proponiendo al Gobierno de Canarias que el Edificio tenga carácter social, como podría ser un Centro de Salud con servicio de atención a personas mayores.

En 2014 la Gestora por la Defensa del Patrimonio de Santa Cruz, también mostró su total rechazo a la posibilidad de que se declarara en ruina y fuera derruido, pues este inmueble se encuentra protegido en el catálogo patrimonial municipal.

De la misma manera, el Colegio de Arquitectos de Canarias, el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna, la Asociación vecinal del barrio María Jiménez y la Federación Tinerfeña de Natación, solicitaron oficialmente al Cabildo de Tenerife, el 30 de noviembre de 2005, que declarara al Balneario y al edificio contiguo de la Residencia José Miguel Delgado Rizo, Bien de Interés Cultural (BIC), resolución que no fue aceptada.

(*) Cronista Oficial de la Ciudad

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