25 de abril de 2020
25.04.2020

¿Aislamiento, confinamiento o cuarentena?

25.04.2020 | 01:07
¿Aislamiento, confinamiento o cuarentena?

Mal ejemplo daría yo como filólogo interesado por el estudio científico del lenguaje al tiempo que preocupado por su buen uso (dos facetas inseparables en nuestra labor, la descriptiva y la normativa), si manifestándome contrario a uno de los principios de toda lengua viva, como es su carácter dinámico y mutable, me dedicara a pontificar, con actitudes de anacrónico académico dieciochesco, acerca de lo correcto o lo incorrecto de ciertos usos contrariando la indiscutible y soberana autoridad sobre el idioma de quienes son sus legítimos propietarios, sus usuarios: hablantes en general, escritores, periodistas? Si bien, a veces, con una bienintencionada intervención, intentamos recoger, cual notarios, el sentir mayoritario para que, convertido en forma de recomendaciones y propuestas, sirvan para facilitar la codificación y la descodificación de la ingente cantidad de mensajes que nos intercambiamos desde los más distantes lugares del idioma y en las más variadas situaciones comunicativas. En realidad, la ortografía, las gramáticas y los diccionarios no son más que la recopilación organizada de todas las normas que los hablantes nos hemos impuesto.

Y es esta variedad, consecuencia de los distintos entornos y contextos en los que se producen los diferentes mensajes, la que, al menos en apariencia, puede producir una impresión de desorden o caos en el que se supone que ha de ser un sistema perfectamente estructurado como lo es cualquier lengua natural. Así, por ejemplo, podemos sentir algún tipo de desconcierto ante la posibilidad que se nos ofrece de elegir entre diferentes opciones de pronunciación ([zapato]/[sapato]; [caballo]/[cabayo]), distintas soluciones ante un mismo fenómeno morfológico (la concejal / la concejala; el COVID / la COVID), sintáctico (informamos que / informamos de que) o léxicos (aislamiento, confinamiento, cuarentena), sin caer en la cuenta de que la existencia de estas alternativas no contradicen un ápice las relaciones de interdependencia que mantienen las unidades que conforman la lengua, y de que su existencia es una prueba de su enorme versatilidad y de su capacidad para verbalizar todos los matices semánticos que puede discriminar la capacidad cognitiva de los hablantes.

En el terreno del léxico se habla de sinonimia cuando existe coincidencia de significado entre varias palabras, y, así, por ejemplo, se dice que son sinónimas voces como perro y can, guagua y autobús o coger y agarrar, si bien, aunque los referentes coincidan, esta identidad no se produce de una manera absoluta, pues a uno lo puede "morder un perro", pero no un can; y puede "coger un autobús" en cualquier lugar de la España septentrional, situación muy difícil de entender en amplias zonas de Hispanoamérica, lugares en los que seguramente se "agarraría", y no se "cogería", una guagua, un camión, una góndola, un colectivo o una buseta. La sinonimia absoluta, salvo en los casos de algunas palabras gramaticales (y/e; mas/pero), no existe, y los sinónimos, para que fueran tales, deberían tener la capacidad de ser sustituibles en todos los contextos, aunque también es verdad que en algunos pueden realmente alternar sin que cambie sustancialmente el significado básico del mensaje; sí existe, pues, una sinonimia contextual u ocasional: dos palabras pueden ser sinónimas en algunos contextos y en ciertas situaciones ("le regaló un ramo de flores por su cumpleaños" / "le regaló un ramo de rosas por su cumpleaños": flor y rosa no mantienen una relación de sinonimia sino de hiperonimia [el significado de flor incluye al de rosa], pero en estos contextos y en el probable inespecífico entorno, las diferencias semánticas dejan de funcionar y aparentan ser sinónimos).

Y esto es lo que ocurre con el uso indistinto, en el entorno de la pandemia provocada por el COVID-19 y en contextos periodísticos, de las palabras aislamiento, confinamiento y cuarentena, como se ha venido denominando la limitación de movilidad consecuencia del Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declaró el estado de alarma. Véanse los siguientes mensajes: "Wuhan despierta tras once semanas de aislamiento; "La naturaleza, más viable que nunca después de 3 semanas de cuarentena"; "El confinamiento se alargará al menos hasta el mes de mayo", son algunos ejemplos de un conjunto de titulares tomados de diarios nacionales y regionales, entre los días 5 y 12 de marzo, corpus que revela, además, que es aislamiento la voz de menor frecuencia, seguida de cuarentena, y de confinamiento, la más utilizada en los titulares de prensa considerados.

Nada habría que objetar en relación con la primera de las voces, pues no hay ninguna duda de que el aislamiento es una de las consecuencias del real decreto citado, pues dispone, entre otras cosas, que las personas únicamente podrán circular por las vías o espacios de uso público para la realización de una serie de actividades bien establecidas, que deberán realizarse individualmente. Lógicamente, el cumplimiento de la ley implica sufrir, en cierto modo, esa situación de apartamiento, sin posibilidad de comunicación y trato con muchos ciudadanos. Pero en ningún momento indica el texto oficial haber dado orden de confinamiento, pues de haberlo hecho así sería posible que sintiéramos que se lesionaban nuestros derechos, pues el confinamiento sí conlleva un cierto carácter punitivo, ya que, como término del ámbito de la jurisprudencia, es una "Pena restrictiva de libertad -y cito por el Diccionario del español jurídico de la Real Academia Española- consistente en conducir al reo a un pueblo o distrito en territorio peninsular o insular, en que debía permanecer en libertad bajo vigilancia de la autoridad". Claro que, como se deduce de la propia redacción de la definición, este tipo de sanción no tiene vigencia hoy, hecho que puede justificar que el confinamiento, muy relacionado con el destierro en el pasado, se utilice hoy con un sentido más próximo al de aislamiento. En cierto modo, estamos asistiendo a un proceso de cambio semántico, en este caso por extensión de significado. Por esa razón, se cuidaron muy bien los redactores del texto legal al no utilizar la voz por su indudable carga connotativa que pudiera relacionarla con situaciones penales del pasado; sí que se deslizó la palabra en la Instrucción de 19 de marzo de 2020, del Ministerio de Sanidad, donde se habla de una "situación de confinamiento derivada de la declaración de estado de alarma".

Sin embargo, lo que resulta llamativo es que no se haya aprovechado en el texto legal el claro y preciso término cuarentena, pues hace referencia a una situación que sí se pudo haber decretado, ya que las razones que la justifican no admiten mayores discusiones: "Aislamiento preventivo a que se somete durante un periodo de tiempo, por razones sanitarias, a personas o animales". ¿No es este el motivo por el que debemos evitar estar en contacto con otras personas?

En cualquier caso, y siendo conscientes de las posibles connotaciones punitivas de la voz confinamiento (más aún la posee reclusión), no parece censurable lingüísticamente, fuera del estricto ámbito jurídico, el uso de aislamiento, confinamiento y cuarentena como sinónimos ocasionales o contextuales y, por tanto, posibles, para hacer referencia a esta situación que sobrellevamos por efecto del decreto que instituye el estado de alarma, si con esto se evita la cansina repetición de un único término, aunque fuera el más apropiado semánticamente sensu stricto.

Pero es preciso aclarar que este uso es posible por estas razones estilísticas, pues nunca -entiendo yo- se ha decretado, como he leído en algún medio, orden de confinamiento.

No se justifica, en ningún caso, máxime contando con las posibilidades que acabamos de analizar, el uso de la voz inglesa lockdown, como leemos en un artículo publicado en El País el pasado 12 de marzo: "En realidad, toda la firmeza del Gobierno a la hora de vocear que ha tomado las medidas más drásticas contra el virus -dice textualmente-- oculta una estafa lastimosa: no es difícil decretar el lockdown más completo del mundo cuando el coste lo van a pagar otros". ¿Esnobismo o estupidez? ¿O tal vez ignorancia?

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