31 de marzo de 2020
31.03.2020
El Observatorio

En un pueblo italiano

31.03.2020 | 00:00
Ángel Colmeiro de las Cuevas

Vo'Euganeo es un pequeño pueblo italiano, de unos 3.400 habitantes situado en la provincia de Padua, que saltó a la fama por ser el lugar de origen del primer fallecido por coronavirus en Italia. El paciente de 77 años sin antecedentes de estancia en China ni contacto con personas con síntomas, falleció el 21 de febrero en el hospital de Schiavonia (Montelice) tras 10 días de ingreso. Esa misma noche el alcalde del pueblo declaró la cuarentena. Cerró todo, escuelas, comercio, hostelería, oficios religiosos, fiestas o cualquier tipo de reuniones, transporte, etc., la policía y el ejército establecieron un cordón sanitario y el tráfico de mercancías precisó de autorización gubernativa. La colaboración de la población fue total recluyéndose en sus domicilios y efectuando salidas únicamente necesarias e imprescindibles.

El 23 de febrero se empezaron a realizar test a la población. En los 6 días siguientes el 97% de los habitantes se sometieron voluntariamente a la prueba. El 6 de marzo, 12 días después de los primeros controles, un equipo de la Universidad de Padua volvió a testar a toda la población. Desde el primer momento quien dio positivo y no tenía síntomas o eran leves fue sometido a cuarentena rigurosa y los casos más complicados fueron transferidos a la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital de Padua. No obstante, la población aun siendo negativa en el test mantuvo su reclusión voluntaria. Del primer test resultó que aproximadamente el 3% (89 personas) eran positivos y entre estos, más de la mitad no tenían síntomas o eran leves. El segundo test reveló que eran positivos aproximadamente un 1% (8 personas, 6 de ellas relacionadas con los infectados detectados en el primer examen).

La primera enseñanza que nos ha dado Vo' es que resulta peligrosísimo tener entre la población contagiada un porcentaje tan alto de individuos asintomáticos, tal como señaló a la BBC el profesor Andrea Crisanti, profesor de Epidemiología y Virología en el Hospital de la Universidad de Padua y del Imperial College de Londres, "porque esas personas siguen su vida habitual y contagian a un número muy elevado de personas".

El contrapunto y confirmación del aserto anterior lo proporciona lo ocurrido con el crucero Diamond Princess sometido a cuarentena durante dos semanas en el puerto japonés de Yokohama al detectarse a bordo un caso de coronavirus. Con unas 3.700 personas a bordo, número similar a la población italiana de Vo', únicamente testaron a quienes iban presentando síntomas. Al finalizar la cuarentena de más de dos semanas, había 619 infectados, una tasa de infección aproximadamente cuatro veces más alta que en las zonas más infectadas de China. Sin duda influyó la cercanía de las personas que se encuentran en un buque pero también el hecho de que eran separados únicamente los que presentaban signos de enfermedad.

Así se hace evidente la necesidad imperiosa de realizar test de manera lo más generalizada posible, porque la única forma de enfrentarse con éxito a cualquier pandemia es testar y aislar. Y si ocurre, como tal parece, que un alto porcentaje de positivos permanecen asintomáticos, unos y otros, sintomáticos y asintomáticos han de guardar rigurosa cuarentena pues todos ellos son potenciales vectores de transmisión. ¿Y cómo distinguir a un ciudadano libre de enfermedad de otro que contagiado por el coronavirus no presenta síntoma alguno? Pues porque el primero será negativo y el segundo, muy probablemente, positivo al test.

Pero reproducir la política de Vo' de testar de manera generalizada, plantea enormes problemas de intendencia, de recursos y de organización cuando se trata de colectivos humanos extensos. Además la estrategia de "supresión" con la que se está afrontando la pandemia, que implica el aislamiento y la limitación de movimientos de los ciudadanos, con las excepciones derivadas del mantenimiento de los servicios esenciales, nos iguala a todos, positivos o negativos, sintomáticos o no, en lo que respecta a nuestra capacidad activa o pasiva de transmitir la enfermedad.

A todos menos a los ciudadanos que por formar parte de los dispositivos de los servicios esenciales comunitarios no pueden ser confinados y entre estos, singularmente, el personal sanitario.

Entre un 12 y un 20% de todos los infectados conocidos en España son personal sanitario, es decir, de 3 a 5 veces más de lo acontecido en China. Esto simplemente es inasumible y exige la inmediata e inexcusable adopción de medidas específicas para el colectivo más imprescindible en la lucha contra la pandemia. Aquí sí que tiene que estar generalizado el uso de los test de detección de la enfermedad porque es imposible establecer cualquier tipo de medida o estrategia sin conocer previamente y con la máxima exactitud y prontitud su situación epidemiológica.

Hemos asistido atónitos a situaciones en las que se recrimina al personal sanitario por portar guantes y mascarillas por la supuesta alarma que podrían generar en los ciudadanos o en negar el test a una enfermera, por el hecho de no tener síntomas, pese a tener una convivencia íntima con un compañero sanitario positivo o negar mascarillas a médicos que asisten a pacientes no respiratorios o la penúltima de nuestro presidente autonómico de que las mascarillas han de reservarse para "las personas que entran en contacto directo con enfermos de coronavirus" cuando ya es sabido que hay un alto porcentaje de contagiados (entre el 50 y el 60% según los datos de Vo' Euganeo) que sin padecer la enfermedad, sin estar estrictamente enfermos, son sin embargo portadores del virus y potenciales transmisores del mismo. Todos estos ejemplos de situaciones absolutamente reales que se están dando en estos momentos, han de ser enérgicamente erradicados de nuestro pensamiento y práctica cotidiana. Vo' tiene que servirnos para grabarnos en nuestra conciencia que la protección de nuestro personal sanitario constituye un objetivo estratégico de alta prioridad y esto pasa por la consideración de que todo ciudadano/usuario/paciente que acuda a una institución sanitaria ha de soportar la presunción, mientras no se demuestre lo contrario, de ser un posible vector de contagio de la pandemia, lo cual implica que tanto los test de detección del coronavirus como las medidas de protección han de estar generalizadas entre el personal sanitario, sin distingos por el tipo de pacientes que asisten.

Algunas comunidades autónomas tienen la pequeña ventaja de haber aplicado las tardías medidas del estado de alarma cuando el impacto de la pandemia era menor que en otras comunidades. Desde entonces se están haciendo muchas cosas bien. No desperdiciemos esa pequeña ventaja con una política de personal profundamente errónea. Es más honesto y rentable reconocer que la escasez de material impide adoptar las medidas debidas que justificar su ausencia con argumentos falaces.

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