17 de marzo de 2020
17.03.2020

Misterios del sistema inmunológico

17.03.2020 | 00:30
Martín Caicoya

La vida se nutre de la vida en un feroz equilibrio inestable que la renueva. En la base, la transformación de la materia inorgánica por las plantas con la ayuda de los microorganismos del suelo. Ahí empieza todo. Unos se comen a otros y no solo el pez grande al chico. Seres diminutos se alimentan de los enormes pluricelulares. Son las bacterias, virus y hongos. No valen contra ellos las garras y dientes, no vale la velocidad de la gacela, la agilidad del mono. Necesitan otras defensas. En el frente de ellas, el sistema inmunológico. En él confiamos para vencer el ataque de los microbios, en él se ponen muchas esperanzas para vencer al cáncer.

En el siglo XVIII aprendimos, sin saberlo, a fortalecer el sistema inmunológico. Parece ser que Lady Montgu introdujo en Inglaterra un método de protegerse contra la viruela que consistía en inocular el contenido de las vesículas de un enfermo en un corte sangrante de un niño sano. Tras ello lo sometían a cuarentena. La variolización se practicaba sin método fijo en casi toda Europa. Entonces era una enfermedad mortal, según algunos autores, la letalidad era del 20% y podía llegar a afectar al 60% de la población en caso de epidemia. Edward Jenner había sido inoculado de niño. Ya como médico rural observó que las lecheras eran resistentes a la viruela que infectaba sus manos. Había sido contagiada por las vesículas que crecían en las ubres de las vacas que ordeñaban. Se atrevió a inocular el líquido de esas vesículas a un niño sano. Resistió el ataque de la viruela. Estaba "vacunado" contra la viruela humana por la bovina, que no produce enfermedad. Nace la inmunización, el fortalecimiento del sistema inmunitario para resistir la invasión de un determinado germen. La viruela tenía sus días contados. En 1980 la OMS decretó que estaba erradicada. Otras enfermedades seguirán su suerte.

Mucho antes de que Jener introdujera la vacuna ya se había observado que muchas enfermedades se padecían solo una vez. Todavía no se sabía que tenemos un sistema de defensa complejo. Ni tampoco que esas enfermedades estaban producidas por gérmenes. Sin embargo, no era raro que las madres llevaran a sus hijos a la habitación del que padecía sarampión, o varicela o paperas, para que se contagiaran cuanto antes y crearan resistencias. Sabían que la enfermedad en los más niños era menos agresiva.

La vacunación es la forma más segura y eficaz de fortalecer la inmunidad. Pero hay las que hay. No la tenemos contra enfermedades tan prevalentes como el dengue o tan peligrosas como el ébola o tan antiguas y sobrevivientes como la tuberculosis. Contra ellas confiamos en las medidas de protección para evitar el contagio y en nuestro sistema inmunológico.

Se ha visto que las mujeres resisten mejor el contagio que los hombres y cuando lo tienen, cuando enferman, su curso es menos grave. Se atribuye a que tienen, al menos durante la edad fértil, un sistema inmunológico más competente. Es una inversión de la biología para proteger a la especie. Quizá por eso las mujeres tienen más enfermedades autoinmunes, porque un sistema muy potente es más fácil que se desboque. Así que bajo esta teoría, una buena parte de la calidad de la protección inmunológica es genética. También a ello se pueden atribuir las diferencias dentro del mismo sexo. Aspectos sobre los que no podemos actuar.

La cuestión es: ¿se puede fortalecer el sistema inmunológico? La mejor respuesta es que no se sabe con seguridad pero que se pueden hacer cosas que siempre serán saludables.

En primer lugar, sé que no es fácil manejar el estrés. Todos lo tenemos, unos más, otros menos, según la personalidad y circunstancias. Hay técnicas para manejar el estrés, de más o menos éxito, como meditación, respiración controlada, terapia cognitiva conductual. La relación entre estrés y mayor susceptibilidad a enfermedad infecciosa se demostró con experimentos en los que se inoculan virus a voluntarios y se ve que los que menos estrés tienen enferman menos. Otra forma de mejorar las defensas es con el sueño reparador. Nuevamente, cuando se inocula el virus del resfriado a voluntarios, los que duermen menos de 6 horas enferman más y muchos más los que duermen menos de 4. Dormir bien, para los que no lo hacen, es difícil. La mejor recomendación es hacerlo siempre a la misma hora, no usar la cama para otra cosa, además del sexo, no permanecer en ella despierto mucho tiempo, levantarse a hora fija.

El alcohol es un depresor de las defensas, inmunológicas y físicas. Los cilios, esas escobas que barren los bronquios, funcionan mal. Además, el alcohol altera el equilibrio del microbioma intestinal, ese tapiz de bacterias que nos ayudan a digerir y también a fortalecer el sistema inmunológico.

Queda por comentar la dieta. No hay pruebas. Se especula con que una dieta sana y una vida activa fortalecen el sistema inmune o al menos se enferma menos.

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