07 de enero de 2020
07.01.2020

El populismo pararrevolucionario

06.01.2020 | 22:57
José María Lizundia

El populismo tiene notas características ya muy marcadas, por lo que referirse a él en general, en virtud de la versallesca equidistancia haciendo de él un cajón de sastre, elimina su distinto significado al prescindir del aval de los hechos de concomitancias objetivas. Podemos admitir que los dos populismos han alcanzado el poder. Mientras que los de derecha abandonarán el poder dejando las instituciones y trama constitucional intactas, tanto Trump , Salvini y Johnson (el brexit no deja de ser una opción plenamente legal), no ocurre lo mismo con el populismo subversivo de izquierda. La diferencia estriba en que este altera las previsiones constitucionales -máxima garantía inclusiva del conjunto de la ciudadanía (derechas/izquierdas)-, y la funcionalidad orgánica de las instituciones.

En España inauguramos ahora ese modelo en virtud de los acuerdos de Sánchez con ERC con la marginalización/superación de la Justicia. En estos tiempos intelectualmente perversos de sintagmas simples, ideas fuerza y propaganda intensiva, insertas en múltiples dispositivos mediáticos, se han establecido arteramente dilemas falsos como "política o judicialización". Como si fuesen dos opciones igualmente legítimas entre las que fuera posible optar como haz de posibilidades indistintas. El juego político y más cuando llega al estado de putrefacción actual o es desvirtuado por la afección psicopatológica del candidato a presidente (hay quórum en aceptar su preeminente compulsión egolátrica), es cuando más indispensable (¡vital!) es el control de poderes, matriz del sistema democrático, y su papel de equilibrio y contrapeso de la política y sus políticos, que pretenden la impunidad para todas sus tropelías, un fuero particular de inmunidad.

El populismo, como han enseñado Venezuela o Bolivia, margina y desnaturaliza la Justicia. Han descubierto que ya no son los aparatos represivos los prioritarios -es la aportación revolucionaria del chavismo-, sino la disfuncionalidad del sistema democrático, empezando por su garante: el poder judicial. Después buscan instancias políticas alternativas a las instituciones democráticas, como nuevos marcos de diálogo y concertación, inaugurando nuevas praxis, puenteando a la derecha y centro. Creando nuevas formas de "contrapoder popular" paralelas, aquí la acusación de bolchevismo también procede. De esa forma sencilla el parlamento y los procedimientos institucionales pierden la debida centralidad sistémica y los neutralizan, el desmantelamiento operativo institucional comporta también potenciar y utilizar vacíos legales, a modo de pseudolegalidad paralela. Ya están en el arrinconamiento del Rey recortando su poder simbólico, que sea mera figura decorativa, condición para hacerla prescindible. Movilización de cruzada de la población en torno a combates cada día más dementes contra Franco -que solo ellos azuzan- y propaganda de énfasis totalitario sobre los mainstream en boga, al pretender hacerlos obligatorios.

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