07 de octubre de 2019
07.10.2019

'Mientras dure la guerra'

07.10.2019 | 02:48
José Vicente González Bethencourt*

Una de las ventajas de no ser feliz es que se puede desear la felicidad (Miguel de Unamuno)

Opiniones muy diversas las que se trasladaron el pasado martes en Multicines Alcampo, en un debate abierto tras la proyección de la película de Alejandro Amenábar Mientras dure la guerra, que aborda el papel difícil y dramático de Miguel de Unamuno siendo rector de la Universidad de Salamanca, y cómo influyó tras la sublevación en su plaza Mayor y la declaración de estado de guerra el 19 de julio de 1936 del Ejército levantado en armas contra el Gobierno legítimo de la II República. Estrenada el 27 de septiembre, narra la confrontación entre el escritor y filósofo Miguel de Unamuno, cuyas únicas armas eran la cultura y el diálogo pacífico, y el fundador de la Legión, José Millán Astray, con su pistola, su intolerancia, y su derecho a matar a quien no piense como él.

Intervine en el coloquio para expresar el impacto que de la película me produjo la entrada violenta de militares en la plaza Mayor de Salamanca, la declaración por un oficial, megáfono en mano, del estado de guerra, y las arengas de Millán Astray invitando a los soldados a cantar el himno a la muerte, con un no a la vida y un sí a la muerte, aleccionándolos a morir, en un papel, muy bien llevado por Eduard Fernández, que refleja la actitud de un militar autoritario, violento e inculto, que escenifica en un acto el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad la petición de muerte para intelectuales y escritores. No es un documental, y por tanto contiene escenas de ficción, como la visita (que al parecer nunca se produjo), de Millán Astray a Miguel de Unamuno, amenazándolo si no bendecía el levantamiento militar, o la de la esposa del alcalde de Salamanca, detenido, a Unamuno, en busca de clemencia para su marido, que fue ejecutado.

Pero en su mayor parte la película refleja la realidad de unos acontecimientos que condujeron a 40 años de dictadura militar. Sí está constado que Unamuno visitó a Franco en el Cuartel General de Salamanca, una escena que refleja su frialdad cuando en la entrevista, sentado junto a su esposa Carmen Polo, ambos con cara de póker, aparentan interesarse por detenidos para los que el rector pedía libertad, recibiendo Unamuno como única respuesta "están en zona nacional", o sea, ejecutados. Amenábar proporciona poder a Carmen Polo y minusvalora a Franco llamándolo Paco y dotándolo de un timbre de voz de débil clarinete. Muy logrado el papel del general Cabanellas, cuando en la reunión de generales del 21 de septiembre de 1936 en Salamanca oponiéndose a la designación de Franco como generalísimo, fue acusado de masón.

Brillante el papel de Karra Elejalde encarnando a Unamuno, tanto cuando el rector confiaba que el levantamiento militar podía resolver el "desgobierno" que padecía la República, como cuando fue comprobando con sus propios ojos la represión y ejecuciones que se sucedían sin compasión en personas que para él eran inocentes. El coloquio abordó esta aparente ambigüedad de Miguel de Unamuno, si bien nadie puso en duda su voluntad democrática y la esperanza de que, al no mostrarse abiertamente hostil a la sublevación militar, podría salvar vidas. Sin embargo, cada noticia de ejecución le producía tanto dolor que minó su ya deteriorada salud, lo que, además del cese como rector y su arresto domiciliario, en pocos meses le condujo a la muerte.

La histórica celebración del Día de la Raza el 12 de octubre en la Universidad de Salamanca se muestra en la película de acuerdo con la parafernalia fascista, siendo ocupados todos los asientos del paraninfo por militares y falangistas que aplaudían a rabiar a Millán Astray, que con el cardenal, Carmen Polo, Miguel de Unamuno y el delegado gubernamental, presidían el acto, en que, Unamuno, aturdido ante las interrupciones bravuconas de Millán Astray, apela al respeto que merece la Universidad, "el templo de la sabiduría". No está demostrado que Carmen Polo salvara la vida de Unamuno dándole la mano para abandonar el acto, y sí parecen ciertas las amenazas de disparar a Unamuno, que antes de salir vaticinó a militares y falangistas allí presentes que "venceréis, pero no convenceréis".

*Doctor en Medicina y Cirugía

jvicentegbethencourt@yahoo.es

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