03 de agosto de 2019
03.08.2019

El vino y los votos: de Trump a Macron

03.08.2019 | 00:20
Wladimiro Rodríguez Brito

Cuesta entender el debate que tenemos entre los responsables políticos de dos países industriales. Potencias políticas aliadas con numerosos temas en común, entre los que destacan en el G7 de la elite económica mundial, como aliados en la OTAN.

El vino como tema de ruptura. Para Trump su preocupación es electoral, ya que está al frente del país más endeudado del mundo, y quiere ganar las próximas elecciones con el supuesto planteamiento proteccionista potenciando el aparato productivo interior. Al menos, en lo que se refiere al alegato político, ya que su propia hija, Ivanka Trump, fabrica en China, siendo los bancos chinos los mayores prestamistas de EE UU. Sin embargo, los votos en USA o en Francia tienen lecturas similares: apoyar la producción local, o aparentar poniendo aranceles, o supuestos apoyos un día con China, otro con Méjico, o ahora con Francia. Como ejemplos de esa política: el GAFA (Canon que aplica al 15% de impuestos a las multinacionales del país como Google, Apple, Facebook, Amazon).

Trump entiende el impuesto digital en Francia como una disculpa para ganar feligreses locales. Pero, ¿por qué el vino?

Francia ha puesto en las botellas de vino parte del saber hacer, es una referencia económica y cultural. No obstante, Trump dice que el vino americano es mejor que el francés, un argumento para herir a un aliado histórico, con lectura del pesquero local y los votos.

La viña en Francia es parte de una cultura de un paisaje y de un paisanaje. Francia es el tercer país del mundo en producción de vino, tras Italia y España. La viña es también un elemento emblemático, una referencia del buen hacer, de producto de calidad, de un paisaje y de un paisanaje identificado con el orgullo como pueblo y como cultura. No olvidemos el papel del vino como elemento de identidad. En esto, Trump y Macron pelean más por referencias culturales de identidad que por importantes referencias económicas, aunque cabe comentar que la tarifa digital o el arancel al vino sean parte de las contraindicaciones de un capitalismo global, y de un supuesto proteccionismo, por los mayores defensores del libre comercio y las puertas abiertas hasta que le tocan las miserias locales.

Hemos de comentar algunas referencias en la cultura del pueblo: en Francia, la viña es una referencia social y cultural, con casi un millón de hectáreas cultivadas que son parte de la identidad del pueblo francés. Valga como referencia que, para Francia, la viña en el paisaje significa solo 40 m2 por habitante, sin menospreciar el papel cultural del vino en la dieta francesa como elemento de identidad.

Seria bueno que los canarios tuviésemos como referencia a Francia, con sus 225 m2 cultivados por habitante, o bien los 700 m2 de monte por habitante, referencias económico culturales claves como pueblo y como identidad.

Claro que hemos de hablar de aranceles, o de eso que ahora llaman economía circular, de referencia en el paisaje y en la cultura. Es cierto, no queremos volver a la cultura de los fielatos, pero sí queremos mejorar la relación entre lo que producimos y lo que importamos.

Los acuerdos de la Unión Europea con Mercosur nos afectan de manera significativa y requieren capacidad de negociación, tanto con la UE como con Madrid y los responsables de los territorios periféricos, pero también requieren hacer unas mejoras locales, que nos hagan más eficientes y solidarios con los que gestionan el mundo rural, principal afectado de dicha situación.

Está en nuestras manos mejorar la capacidad defensiva del sector primario, por ser este el mayor sufridor de la nueva situación. Los problemas internos de la UE, Mercosur, y entendamos que las disputas entre Trump y Macron tienen que dar oxígeno en las economías de lo pequeño y singular, del ayer mirando para el mañana. Aprendamos la lección en Canarias.

Si en dos potencias industriales del mundo el vino y el agro son una referencia social que amarra los votos, aquí en un territorio aislado, en las puertas del desierto, sería necesario generar conciencia y desear que la sociedad Canaria tenga más sensibilidad con el campo y el medio ambiente. Una situación que lamentamos con la falta de compromiso social con nuestro agro y cultura.

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