29 de julio de 2019
29.07.2019

La búsqueda de la felicidad dura toda una vida

29.07.2019 | 00:31
Susu

La cultura como aprendizaje profundo para alcanzar la felicidad es una de las recomendaciones de la filósofa Victoria Camps Cervera, especialista en el desarrollo de una ética que deja de lado las respuestas ambiguas y da soluciones reales a nuestra sociedad.

Victoria Camps sostiene que la búsqueda de la felicidad no se basa en fórmula alguna sino que es un proceso que dura toda una vida.

Según los filósofos occidentales, desde los mismísimos estoicos hasta la filosofía moderna, lo que nos hace felices es algo que hoy día ya nos pasa inadvertido, la capacidad de elegir.

Sin ir más lejos, hoy nos parece del todo normal que una persona elija sus estudios, su profesión y a su pareja, cosa que antiguamente era del todo impensable.

La relación entre libertad y la felicidad.

El ciudadano libre tenía deberes que asumir pero también gozaba de derechos que no poseía el esclavo. La libertad y la felicidad eran casi sinónimos.

De hecho, el castigo que elegimos para enderezar las conductas de los delincuentes es precisamente privarles de su libertad o de lo que es lo mismo, privarles de su capacidad para ser felices.

Con el tiempo se fue consolidando lo que hoy conocemos como el estado del bienestar en el que muchos individuos cumplen con sus deberes pero a su vez también disfrutan de muchos derechos.

Esa buena vida es posible, en gran medida, al conocimiento y a la voluntad del individuo por ahondar en el alma humana.

Cultivar el ser mediante el arte, el teatro, la literatura o la música es, según la filósofa, la mejor autoayuda posible para alcanzar la felicidad en detrimento de aquellos que viven meramente en la superficie de las cosas.

Sobre la felicidad y la inteligencia.

La felicidad es esa satisfacción que uno va sintiendo a medida que sus ganas de vivir aumentan. Ese sería el mejor barómetro posible; las ganas de vivir.

Y no depende sólo de lo externo sino en gran medida de nuestra resiliencia, de cómo superamos circunstancias traumáticas.

Por lo tanto, tener una buena salud y proyectos ilusionantes es importante pero sobre todo es vital saber elegir y asumir lo que nos venga con la mejor actitud posible.

De nosotros no depende el estar o no enfermos, el morir o que mueran nuestros seres queridos pero sí cómo vivimos esas circunstancias.

La inteligencia es por lo tanto la habilidad con la que el hombre se desenvuelve en el medio.

A menudo la vida es como una de esas novelas juveniles con diferentes tramas a elegir. A pie de página te indica que elijas entre pasar a una o a otra página. Hay un factor suerte que no depende de nosotros. El lector no siempre logrará resolver el enigma. La novela te expulsa del camino. Pero perder puede ser una gran oportunidad para aprender sobre nosotros y poder elegir mejor más adelante.

A mayor sabiduría mayor felicidad.

La sabiduría no es almacenar conocimiento como si fuéramos una enciclopedia sino integrar ese conocimiento en nuestro día a día y hacer buen uso de él.

Decidir si debes o no derramar una sola lágrima por eso que te ha sucedido. O si esa persona vale o no la pena.

Nadie permanece inmune al sufrimiento porque todos somos seres sintientes y como tal no nos libraremos del dolor y de las frustraciones pero debemos levantarnos una y mil veces y luchar por nuestra felicidad. Y eso es lo mejor que podemos transmitir a nuestros hijos.

Al escuchar a Victoria Camps, por cierto, una de las mejores profesoras que tuve de ética en la UB, he vuelto a recordar la importancia de abstraerse de lo que no podemos controlar y concentrar toda nuestra energía en lo que sólo depende de nosotros.

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