25 de julio de 2019
25.07.2019
A BABOR

Democracia y transfuguismo

24.07.2019 | 23:50
Francisco Pomares

A menos de un cuarto de punto de distancia, PSOE y Coalición Canaria quedaron empatados a once consejeros en el Cabildo de Tenerife en las últimas elecciones. Tras el nombramiento automático como presidente de Carlos Alonso como candidato más votado, el PSOE logró, tras un ridículo intento de retrasar unos días la votación de la moción de censura a Alonso, que prosperara con el apoyo de Podemos y Ciudadanos, y con Pedro Martín como presidente. Después de tres décadas de gobierno ininterrumpido de Coalición Canaria en el Cabildo, algunos consideran que el recambio en la presidencia es poco menos que el fin del mundo. En realidad no es más que la consecuencia del funcionamiento de la democracia. Lo que pudiera considerarse anómalo no es que se produzcan cambios políticos, sino que un partido logre revalidar sistemáticamente y durante décadas el apoyo de los votantes, como ha ocurrido en Tenerife desde que el socialista José Segura perdió el Cabildo frente a Adán Martín.

Para Coalición Canaria, la pérdida del Cabildo de Tenerife se une a la del Gobierno regional, y de todos los Cabildos en los que gobernaban: Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro, además del de La Palma, donde ganaron también las elecciones, y las principales ciudades de Canarias. Para mayor frustración coalicionera, esa debacle se produce tras una inesperada recuperación del voto de Coalición en todos los escenarios, en los municipios, los cabildos, la región y el Congreso. La radicalidad con la que se está viviendo el desalojo de Coalición obedece fundamentalmente a que las alianzas que se han producido en la capital chicharrera y el Cabildo de Tenerife suman a políticos tránsfugas, que han actuado al margen de la dirección de sus partidos, y que son determinantes para las nuevas mayorías.

Recurriendo a un discurso regenerador y a la necesidad de renovar unas administraciones anquilosadas por lustros de gobiernos, primero de UCD, luego de ATI y finalmente de Coalición, el PSOE ha montado sus mayorías en Tenerife con tránsfugas, en contra del pacto suscrito por los socialistas contra el transfuguismo. No es el único partido que lo ha hecho, ni la primera vez que ese pacto se convierte en papel mojado, pero esa contradicción, unida en el Cabildo de Tenerife a la de presentar una moción de censura a menos de un mes de mandato contra un presidente con el que has estado gobernando hasta ayer mismo, repartiéndote el poder insular, desluce la esperada llegada de los socialistas a las dos grandes corporaciones locales de Tenerife y provoca episodios tan chuscos como el 'encierro' en un hotel de los consejeros de la mayoría, para evitar que sean 'convencidos'. Da la impresión de que la regeneración que viene no se fía ni siquiera de la lealtad de quienes la propician. Y es lógico que así sea. Pedro Martín pasará a nuestra reciente historia política como el hombre que recuperó el Cabildo para el PSOE, con el borrón añadido del apoyo de tránsfugas. Ese apoyo de los tránsfugas probablemente se olvide, sobre todo si el PSOE es capaz de hacer políticas sensatas y moderadas, destinadas al conjunto de la ciudadanía y no a los acólitos, políticas que Pedro Martín ha acreditado en su dilatada trayectoria como alcalde de Guía de Isora.

Pero lo que no se olvidará es la traición a su partido de los cuatro tránsfugas de Ciudadanos: los concejales Zambudio y Lazcano, y los consejeros Arriaga y Rivero, no son héroes de la regeneración democrática, son tránsfugas. Y así serán recordados.

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