13 de julio de 2019
13.07.2019
A BABOR

La vaca de la pirindola

13.07.2019 | 02:53
Francisco Pomares

La pirindola es una peonza para viciosos. Su juego no consiste en hacerla girar sobre su eje y demostrar que se tiene habilidad en ese menester. La pirindola es un trompo tallado en caras con inscripciones, que al interrumpir su baile, cae sobre una de ellas (suele tener seis caras) y deja ver la cara superior, con su inscripción. A los efectos, funciona como un dado, pero en sus caras lo que figuran son anotaciones: 'toma uno', 'toma dos', 'deja uno', 'deja dos', 'toma todo' y 'deja todo'. El juego consiste en crear una vaca, en la que cada jugador pone una cantidad idéntica de monedas, y va tirando la pirindola por turno, hasta que a alguien le toca el 'toma todo'. Entonces hay que montar otra vaca, y el juego comienza de nuevo.

La negociación de cruces en el Gobierno de Canarias se está convirtiendo en una suerte de juego de la pirindola, en la que cada consejería o departamento funciona como vaca: nadie explica a qué obedecen los repartos, más allá de la intención de los jugadores de hacerse con la mayor cantidad de cargos posibles. Y es una pena, porque los gobiernos de pacto en los que se cruzan cargos pueden funcionar muy bien, o muy mal, en función de si las cosas se hacen con cabeza. O no. Por ejemplo, uno de los problemas a los que podría enfrentarse esta administración es que Ángel Víctor Torres no cuente con información directa de Hacienda. Eso puede resolverse si Presidencia logra colocar un propio en el entorno de la oficina presupuestaria. A cambio, podría cederle a Nueva Canarias alguno de los cargos de la Consejería de Presidencia, aunque si al final se confirma que la consejera va a ser Carolina Darias, ni falta hará: Darias mantiene una extraordinaria sintonía con Román Rodríguez. De hecho, fue Román Rodríguez quien propuso a Torres como consejera de Presidencia a la ex presidenta del Parlamento.

Pero lo que parece de momento es que no hay mucho criterio en los repartos, sino que cada cual va a por lo que puede. Tras repartir las consejerías, una por partido menor (más la vicepresidencia para Nueva Canarias), y siete para el PSOE, se vive ahora una suerte de sorteo de compensación, en el que los partidos van recogiendo monedas que en principio no tocaban. Podemos pide Cultura, para colocar a Juan Márquez, que ahora está más próximo a Noemí Santana; el PSOE quiere manejar los nombramientos de las secretarías generales; Román necesita cargos intermedios para generar un contrapoder a Antonio Morales; y Curbelo anda buscando gomeros o asimilables como un desesperado, porque -a priori- es el que más partido ha sacado de sus tres votos a la hora de instalarse en la nomenclatura.

Pero al final, la clave del poder en Canarias no va a estar en esos repartos, sino en qué clase de entente se produce entre Torres y Rodríguez. Torres parece haber asumido un rol más simbólico -la Presidencia- y Rodríguez más de control operativo: controlará la acción del Gobierno desde el despacho de cuentas, tendrá información de lo que se cuece en las reuniones de secretarios generales -el gobierno en la sombra-, hará en Madrid la política que Torres no puede permitirse, y dirigirá la tele con la ayuda de Asier Antona, mientras Antona mande en el PP, que a lo mejor no dura mucho, tras haber alentado la asonada palmera. Pero sobre todo, Rodríguez manejará la vaca de la pirindola. No hay poder mayor que el de decidir cuándo y cuánto y en que se apuesta.

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