03 de mayo de 2019
03.05.2019
A BABOR

Nada está escrito

03.05.2019 | 08:44
Francisco Pomares

No hace falta recordar que en las pasadas elecciones ganó el PSOE. Los medios de comunicación han presentado mapas de resultados en los que puede apreciarse que el PSOE barrió en todas las provincias, menos en las de Cataluña (con la importante excepción de Barcelona), el País Vasco y Navarra, además de un par de provincias en Castilla-León y Galicia. También se han presentado mapas de esos resultados en los municipios, igualmente teñidos de rojo, porque el PSOE ha ganado en casi la mitad de los municipios españoles. Esos mapas eran muy representativos de la situación política cuando en España funcionaba el bipartidismo. Ahora no lo son tanto: de hecho, para que resultaran útiles a la hora de entender la situación real del país, deberían reflejar la división del voto entre bloques de izquierdas y derechas. La suma de los votos del PSOE y Podemos, y la suma de votos de los tres partidos de la derecha.

Se podría observar entonces que en varias regiones y provincias -y no solo de lo que hoy se denomina la España vacía-, la suma de votos de la derecha es superior a la suma de votos de la izquierda. Ocurre claramente en Canarias, donde la suma de fuerzas de derechas roza el 50 por ciento de los votos, mientras la izquierda se queda en el 47 por ciento. Si se analiza el voto por provincias, se detecta que en la de Las Palmas suma más la izquierda, mientras en la de Santa Cruz de Tenerife suma más la derecha. Por islas, en Gran Canaria y Lanzarote gana la izquierda, pero en Tenerife, La Palma, el Hierro y Fuerteventura gana la derecha. El caso de La Gomera es especial: gana la suma de derechas, pero porque Curbelo -que se define socialista pero suele votar con Coalición Canaria- no se presenta a las generales. Al Senado sí, superando su partido la mitad de los votos. En Canarias, el voto insular está muy repartido en los dos bloques, y más aún cuando se entra a valorar en detalle el voto local. El PSOE ha ganado en muchos ayuntamientos gobernados por fuerzas del bloque de derechas, por ejemplo. Aunque eso no quiera decir necesariamente que esos municipios vayan a ser del PSOE en el futuro.

Porque nada está escrito: se trata de elecciones diferentes, con condicionantes muy diferentes, comportamientos electorales distintos, con más peso de los alcaldes y candidatos, más próximas al ciudadano. Se trata de elecciones menos ideologizadas, y en las que la movilización suele ser inferior.

Hoy tenemos memoria de pez, internet y la inmediatez nos embotan los recuerdos. Pero conviene recordar: las primeras elecciones municipales en democracia fueron el 9 de abril de 1979, cinco semanas después de las segundas elecciones generales, celebradas el 1 de marzo. Adolfo Suárez había ganado esas elecciones de marzo, pero en abril Felipe González cambió el mapa político de España cerrando en todos los ayuntamientos del país un pacto de izquierdas con los comunistas, que daría al PSOE el control de las grandes ciudades. Puede volver a pasar.

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