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Polarización en Chile

Fabiola Campillai: la heroína chilena de las protestas que acaba de convertirse en senadora

Habitante de la periferia de Santiago, Campillai perdió la vista, el olfato y el gusto por el impacto de un cartucho de gas lacrimógeno durante el estallido social - La senadora electa ya adelantó que nunca votará por la ultraderecha en la segunda vuelta electoral del 19 de diciembre que ha polarizado al país

Fabiola Campillai, la mujer que perdió la vista, el oído y el olfato por el gas lacrimógeno en las protestas, es ahora senadora chilena.

El estallido social provocó en 460 chilenos la pérdida parcial o total de la visión por perdigones o el impacto de una bomba lacrimógena lanzada por la policía militarizada, los Carabineros. Fabiola Campillai pertenece a este último grupo. Con los meses devino el símbolo de una luchadora tenaz, aun en sus propias tinieblas. A los 38 años, ella acaba de hacer historia: es una de las senadoras electas en la primera vuelta electoral del pasado domingo. "Este triunfo es de ustedes, mi razón y mi lucha", dijo a través de un video, cuando supo, en la noche del domingo, que la proeza había sido llevada a cabo.

Campillai decidió competir en las elecciones en su nombre y el de otros humillados de la periferia santiaguina. Lo hizo sin estructura de partido y obtuvo un resultado sin precedentes desde el retorno de la democracia: más de 300.000 adhesiones. A partir del domingo, su vida ha vuelto a dar un giro impensable, aunque virtuoso.

Nada se compara con la noche del 26 de noviembre de 2019, una semana después del comienzo de las protestas que remecieron a un país. No eran las 21.00 hoas cuando le dijo a su hermana que iba al trabajo para cumplir sus tareas. Ana María decidió acompañarla hasta la parada del bus. Hablaron en el camino de la fiesta de graduación de la hija de Fabiola. Ni siquiera se dieron cuenta de lo que las circundaba. El zarpazo llegó de manera imprevista.

Disparo a 50 metros

Un grupo de policías comenzó a escupir bombas lacrimógenas. Patricio Maturana, uno de esos uniformados, apuntó contra Campillai desde una distancia de 50 metros. El proyectil golpeó su rostro. Ardía como la furia del Estado: 200 grados en el momento del impacto. El cilindro quebró el cráneo y, desde ese instante, ella perdió la vista, el olfato y el gusto. Campillai ya no pudo sentir cómo los carabineros la seguían rociando con gas, hasta dejarla exánime, sobre la calle. Un grupo de vecinos la llevó al hospital. El diagnóstico de los médicos fue atroz: ojos oculares estallados, traumatismo craneoencefálico, fracturas en los huesos de cara y el cráneo. Estuvo en coma inducido. La operaron tres veces.

Tardó meses en rehabilitarse y, desde su propia oscuridad, darle una nueva dirección luminosa a su vida. Campillai perdió los ojos para ver por los demás. Esa ha sido la fuerza de voluntad y coraje que la ha llevado al Congreso.

Las deudas del pasado

"Manifestémonos desde donde estemos, salgamos a las calles y destruyamos todo y quememos todo", bramó en julio pasado, al enterarse que la Corte de Apelaciones de Santiago había revocado la prisión preventiva de Maturana. El ministro del Interior, Rodrigo Delgado condenó las declaraciones: "Uno puede empatizar obviamente con la situación que ella ha vivido, pero en democracia debe haber frases que sean responsables con el Estado de Derecho".

La mujer de las dos esferas protésicas que han reconstruido sus cuencas oculares sabe que buena parte de la elite política no puede mirarla a la cara. Alguna vez jugó al fútbol y vistió el traje de una bombera voluntaria. Hoy camina con dificultad, tomada de la cintura de su esposo desde hace siete años, Marco Cornejo. El día de la votación pidió "justicia para toda nuestra gente que fue dañada y los que hoy no están". Por la noche, elegida ya senadora, dijo: "El pueblo ya no quiere lo mismo, queremos que todos los que están sentados en sus privilegios salgan de ahí y que el pueblo pueda entrar al Senado”.

La segunda vuelta

Campillai prometió abocarse a las cuestiones que encendieron la mecha de la hoguera social, hace dos años: pensiones dignas, fin al endeudamiento que padecen las familias que pagan una educación privada, salud gratuita, recuperación de los recursos naturales. Todo indica que en la dramática segunda vuelta votará por el izquierdista Gabriel Boric, para evitar la victoria de la derecha radical, encarnada en el abogado José Antonio Kast. Pero antes de encontrarse con el candidato de Apruebo Dignidad puso una condición: "Libertad y verdad para todos nuestros presos políticos de la revuelta; debe haber justicia, reparación integral, no solo para nosotros las víctimas y hoy sobrevivientes, sino para las familias de todos los que no están. Y garantías de no repetición".

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