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Canarias, tan atractiva como la Europa más rica

La población del Archipiélago habrá aumentado en 2050 hasta rozar los tres millones de personas y casi duplicar el número de habitantes de finales del siglo XX

Ciudadanos paseando en la calle Castillo de Santa Cruz de Tenerife. MARÍA PISACA

En Estocolmo, la capital de Suecia, tienen su sede central multinacionales como Ericsson, Electrolux, H&M, Saab o Skandia. En la ciudad viven poco menos de un millón de personas, aunque son casi 2,5 millones en su área metropolitana, una población solo algo superior a la de Canarias. No hay muchas más similitudes entre Estocolmo y las Islas: la temperatura media allí es de 7,3 grados centígrados, mientras que en el Archipiélago llega a los 24; aquello es el norte de Europa y Canarias está al sur del sur del Viejo Continente; la urbe sueca es una de las ciudades emblemáticas de la Unión Europea (UE) mientras la región es uno de sus nueve territorios ultraperiféricos (RUP); y la renta media de los residentes en Estocolmo supera los 50.000 euros anuales, una cuantía astronómica en comparación con los menos de 18.000 euros que dejó en las Islas la crisis de la covid. Y, sin embargo, la fría y próspera región metropolitana de la capital escandinava y el cálido pero no tan próspero Archipiélago atlántico comparten una característica relevante: son dos de los principales focos de atracción de personas de la UE. De aquí a mediados de siglo, Estocolmo y Canarias estarán entre los territorios de la Unión donde más crecerá la población, según la última prospección de Eurostat, la oficina estadística comunitaria.

La población crecerá en Canarias de aquí a mediados de siglo a un ritmo similar al de Estocolmo, la rica República de Irlanda, el centro bancario y financiero de Zúrich o el cantón suizo de Valais, donde la renta per cápita ronda los 80.000 euros

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El análisis de Eurostat coincide en la Comunidad Autónoma con el comienzo de los trabajos de la comisión de estudio del «reto demográfico y el equilibrio poblacional en Canarias». Incluso desde el Gobierno regional, en concreto desde la Consejería de Hacienda, Presupuestos y Asuntos Europeos, que dirige Román Rodríguez, se avisó semanas atrás que la inmigración masiva «amenaza» la sostenibilidad del Archipiélago. Un aviso, eso sí, en el que en ningún momento se emplea la palabra inmigración por más que es la inmigración, claro, la raíz del «desmesurado» incremento de la población isleña en las últimas décadas. El caso es que el debate sobre el control poblacional ha regresado una vez más al Parlamento y el Ejecutivo autonómicos, un debate con fundamento –hoy residen en Canarias 529.000 personas más que a comienzos de siglo– pero que suele dar lugar a posiciones maximalistas. La más extrema, la de quienes apuestan por un control en sentido estricto, es decir, por condicionar la residencia, algo que contraviene de todo punto uno de los pilares de la UE: la libertad de todos sus ciudadanos no solo para moverse por cualquiera de sus Estados miembros, sino también para establecerse. Este imposible jurídico es lo que lleva a los defensores de la tesis de la superpoblación a defender un control indirecto con la imposición de trabas al desarrollo económico, lo que tuvo su más claro ejemplo en aquella primera moratoria turística para frenar las licencias hoteleras. Gobernaba entonces el propio Román Rodríguez. Otros, en cambio, ponen énfasis en que es la productividad –en el caso de Canarias su baja y hasta bajísima productividad– la que explica las tendencias poblacionales. Porque, en definitiva, el aumento de la población es el resultado de esas actividades muy intensivas en mano de obra –turismo y servicios– que caracterizan la economía del Archipiélago. Dicho de forma gruesa: son muchas más las personas que pueden trabajar en las tiendas, bares, cafeterías y hoteles de las Islas que en las industrias y factorías de, por ejemplo, el País Vasco. Por eso, grosso modo, la población en Euskadi crecerá de aquí a 2050 mucho menos que en Canarias.

Canarias, tan atractiva como la Europa más rica M. Á. Montero

En cualquier caso, el estudio de Eurostat muestra que la tendencia hacia una cada vez mayor población se mantendrá en la Comunidad Autónoma al menos hasta mediados de siglo. Lo hará como en las regiones más ricas y prósperas de la UE, como en Estocolmo, como en el cantón suizo de Valais –donde la riqueza media per cápita está en alrededor de 80.000 euros–, como en el centro bancario y financiero de Zúrich –también en Suiza–, como en la región italiana de Trentino-Alto Adigio –de las más ricas del país de la bota–, como en Luxemburgo, como en las provincias suecas de Escania y Halland, como en el condado noruego de Trondelag o como en la República de Irlanda, una de las naciones más ricas del continente. En todos estos países, regiones y territorios, como también en Canarias, la población en 2050 será, como mínimo, un 15% superior a la actual. En términos cuantitativos, esto significa que a mediados de siglo vivirán en las Islas alrededor de 350.000 personas más que en estos momentos, y eso, cabe insistir, como mínimo. Más allá, el Archipiélago se quedaría muy cerca de los tres millones de habitantes, cuando en el crepúsculo del siglo XX, en concreto en 1991, su población aún no alcanzaba los 1,5 millones de personas. Se habrá duplicado así desde finales del pasado siglo y mediados del actual.

Solo otras dos comunidades autónomas, Madrid y Baleares, experimentarán un incremento poblacional tan acentuado como el de Canarias: las tres verán aumentar sus habitantes un 15% en las tres próximas décadas, y eso «como mínimo»

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En España, solo otras dos Comunidades Autónomas verán incrementarse su población al menos un 15% de aquí a 2050: la capitalina Madrid y el otro archipiélago del país, Baleares. Las islas mediterráneas serán, si los técnicos de Eurostat aciertan en sus previsiones, uno de los pocos territorios de la UE donde el número de habitantes se disparará por encima del 25%. El caso de Baleares ayuda a entender el caso canario. Ambas regiones insulares son atractivas por su calidad de vida –mucho sol, temperaturas agradables, altos niveles de seguridad, estándares sociosanitarios europeos...– y por sus atractivos naturales, es decir, por todo eso que las ha convertido en dos de los principales destinos turísticos del continente. Y relacionado con esto último, ambas tienen economías muy dependientes del sector servicios. Economías, en la jerga propia de la materia, muy intensivas en mano de obra. ¿Qué quiere decir esto? Pues que su tejido empresarial utiliza, en proporción, más mano de obra, más personal, que cualquier otro factor de producción. Es fácil ver que las actividades propias de los servicios, en general, y del turismo, en particular, requieren muchos trabajadores, asalariados que en muchos casos no necesitan, además, una alta cualificación para emplearse. Así que en Canarias –y en Baleares– se combinan dos factores que las hacen un inagotable polo de atracción para muchísimas personas: calidad de vida y altas posibilidades de encontrar una ocupación aun cuando no se tenga una formación digamos elevada.

Canarias, tan atractiva como la Europa más rica

Esperanza de vida

Porque en Canarias se vive bien. Se vive bien y se vive mucho, algo que también evidencian las estadísticas de Eurostat. De entrada por el buen clima, lo que explica por qué las regiones de Francia, Italia y España son las que tienen, en general, los mejores datos al respecto. «Estos tres Estados miembros representan 15 de las 17 regiones de la UE que tenían una esperanza de vida al nacer de más de 83 años», explica Eurostat en su informe. No obstante, en las Islas es aún mayor. Quienes nacen en el Archipiélago tienen por delante una larga trayectoria media de 83 años y cuatro meses, una esperanza de vida que solo es ligeramente superior en Galicia –83,7 años– y, cómo no, en Baleares –83,9–. Pero es que, además, quienes vengan al mundo en las Islas allá por 2050 serán aún más longevos. Las mujeres de Gran Canaria y La Palma vivirán una media de entre 88 y 89 años, y las de las restantes seis islas incluso superarán los 89. En cuanto a los hombres, los niños herreños que nazcan desde mediados de siglo superarán los 88 años; los de La Palma, Fuerteventura y Lanzarote tendrán una esperanza de vida de entre 85,5 y 88 años; y los de La Gomera y las dos islas capitalinas, Tenerife y Gran Canaria, serán algo menos longevos –entre 84 y 85,5 años– pero también vivirán más que la actual población masculina. De modo que la Comunidad Autónoma, como en general el resto de territorios de la UE, disfrutarán de una cada vez mayor esperanza de vida. Las gentes viven cada vez más años, lo que unido a las bajas y hasta bajísimas tasas de fertilidad de muchas regiones –entre ellas el Archipiélago– puede o podría comprometer la estabilidad de la pirámide poblacional. Sin jóvenes, ¿quién pagará las pensiones de una población más y más anciana a cada año?

Junto con Galicia y el archipiélago balear, Canarias es una de las tres regiones españolas donde la esperanza de vida supera los 83 años; pero también tiene una de las tasas de fecundidad, en línea con el conjunto del país, más bajas del continente

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Los expertos de Eurostat concluyen que las tasas de fecundidad más bajas de la UE se dan en regiones de Grecia, Italia y la Península Ibérica. Y en Canarias, lo que a simple vista podría resultar paradójico a tenor de ese extraordinario incremento que ha experimentado su población desde la década de los ochenta del pasado siglo. Pero así es. En las Islas, la tasa de fertilidad está en los niveles de la llamada España vaciada. Como en Cáceres, Soria, Segovia, Zamora, León, Huesca, Teruel o las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara, la tasa de fecundidad en el Archipiélago también está por debajo de 1,2 nacidos vivos por mujer. En cambio, la edad media de la población es aquí inferior.

Canarias, tan atractiva como la Europa más rica M. Á. Montero

En la provincia de Zamora, por ejemplo, la edad media de sus habitantes supera los 50 años y medio, como también en la de León y en las gallegas Lugo y Orense. Rebasan así, y por mucho, los 44,1 años que, de media, tienen los ciudadanos de los Estados de la UE. En Canarias, por su parte, los residentes en las tres islas más occidentales –La Palma, La Gomera y El Hierro– también tienen una edad media superior a esos 44,1 años del conjunto de la Unión, en concreto de unos 47 años. Pero justo son las tres islas que no han experimentado ese crecimiento de la población tan acentuado que sí ha vivido el conjunto del Archipiélago. De hecho son las tres islas cuyo problema no es el «desmesurado» incremento de los habitantes –en los términos empleados desde el Gobierno autonómico–, sino la progresiva despoblación. Son la excepción que confirma la regla; son la particular Canarias vaciada. Y, además, representan una parte menor –poco más de un 5%– en el total de los habitantes de las Islas, de ahí que su particular demografía casi no tenga peso a la hora de explicar las tendencias poblacionales de la región. Por el contrario, la edad media de los residentes de Fuerteventura y Lanzarote es de unos 42 años, y la de quienes viven en Tenerife y Gran Canaria, que son las que concentran la mayor parte de la población, oscila, en sintonía con la media comunitaria, entre los 43 y los 46 años. ¿Por qué con una tasa de fertilidad o fecundidad tan baja como la de la España vaciada los canarios son, de media, más jóvenes? Pues por la «influencia considerable sobre los migrantes internacionales e interregionales». Porque como en las regiones capitalinas, que suelen ser también las más ricas de la UE, la Comunidad Autónoma tiende «a proporcionar una amplia gama de oportunidades educativas y de empleo». De nuevo, por tanto, está detrás la economía y, más en concreto, ese gran volumen de mano de obra que demanda el tejido productivo isleño. Son así los inmigrantes quienes ayudan a contener el envejecimiento de la población en un territorio con una tasa de fertilidad tan baja como las más bajas de Europa.

Canarias, tan atractiva como la Europa más rica M. Á. Montero

La base de la pirámide

Es más, serán también los inmigrantes los que harán posible que en 2050 las Islas mantengan una proporción de jóvenes suficiente para que no se desmorone la pirámide poblacional. Sobre todo en la provincia de Las Palmas, mientras que en la demarcación de Santa Cruz de Tenerife se reducirá el porcentaje actual de jóvenes –Eurostat considera como tales a las personas de entre 15 y 29 años– pero se sostendrá en una franja entre el 15 y el 16,5%, esto es, por encima del 14,9% de la media europea prevista a mediados de siglo. Por islas, más del 16,5% de la población de Fuerteventura tendrá en 2050 entre 15 y 29 años, como también ocurrirá en Gran Canaria y Lanzarote, si bien en estas dos últimas la tendencia será descendente. En La Palma la población juvenil supondrá entre el 15 y el 16,5% del total, aunque al alza, mientras que en Tenerife y La Gomera también estará por encima de la media comunitaria aunque, por el contrario, en tendencia descendente. En El Hierro, la tasa de población joven seguirá siendo baja en el ecuador del siglo.

En el debate sobre el «reto demográfico» y el control poblacional conviene así considerar, tal como advierten los expertos, que la tasa total de fecundidad en la UE es de 1,5 nacidos vivos por mujer, mayor que en el Archipiélago pero «considerablemente por debajo de la tasa de reemplazo natural». La tasa de reemplazo natural, recuerdan los técnicos de Eurostat, es «el número promedio de nacidos vivos por mujer requerido para mantener constante el tamaño de la población en ausencia de migración en las economías del mundo desarrollado». Ese «número requerido» para que un territorio «desarrollado» pueda permitirse el lujo de prescindir de la inmigración –salvo que se busque empequeñecer su economía y, por tanto, su riqueza– es de 2,1 hijos por mujer, superior a ese 1,5 de la UE y muy superior a ese menos de 1,2 de Canarias. Para afinar aún más hay que recurrir al Instituto Nacional de Estadística. Con un vistazo a los últimos datos del INE, relativamente recientes –de 2018–, basta para ver que la tasa de fecundidad en Canarias está muy muy lejos de la tasa de reemplazo natural. Es de 0,97. Menos de un hijo por mujer. La más baja de España, que tiene a su vez una de las tasas más bajas de los Estados miembros.

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