05 de noviembre de 2019
05.11.2019

Un debate a cinco perdedores

Es un problema que los extremos ofrezcan una mayor articulación que los partidos tradicionales

05.11.2019 | 12:34
Un debate a cinco perdedores

El debate preelectoral extralargo queda simplificado si se acepta que enfrentaba a cinco perdedores, uno más que en abril y uno menos que en las elecciones generales del primer semestre del año próximo. Pedro Sánchez, político de diseño, no solo se arriesga a que el PSOE baje en escaños, sino que hunde a su socio preferente de Podemos, dificulta su capacidad combinatoria y encima insulta a su vecino de izquierdas al anunciar la vicepresidencia de Nadia Calviño. Pablo Casado va a obtener el segundo peor resultado de la historia del PP, y el más peor también le pertenece, sin que ofrezca síntomas de dimitir. Ciudadanos casi se condena al infierno extraparlamentario, el agitado Albert Rivera dialoga con su adoquín hamletiano sobre si le conviene más ser el apéndice de Casado o de Abascal. El partido de Pablo Iglesias viene bajando en todas las elecciones celebradas desde su explosión en 2015, y el domingo volverá a cumplir con esta ley por mucho que invoque a su pareja de modo sonrojante. Vox es el aparente campeón, pero se limitará a redondear el resultado que Abascal frustró en los anteriores comicios.

Íñigo Errejón tendrá que esperar al debate preelectoral de 2020, pero Más País ya puede presumir de ser el primer partido que empieza a perder votos el día de su constitución. ¿Quiénes son pues los ganadores ausentes en el debate? Todos los partidos independentistas, nacionalistas, regionalistas o cantonalistas. No solo las marcas acreditadas, también Teruel desea por lo visto independizarse de España, y Cantabria es una comunidad sediciosa.

Lo único importante de un análisis es ofrecer una tentativa de clasificación, con los candidatos ordenados según el impacto sobre sus partidarios. No te preguntes si un aspirante te gusta a ti, sino si convence a sus votantes. Bajo esta premisa: Pablo Iglesias, Santiago Abascal, Pablo Casado, Pedro Sánchez, el adoquín de Albert Rivera y Albert Rivera sin adoquín (si alguien sabe distinguirlos). En efecto, es un problema que los extremos ofrezcan una mayor articulación que los partidos tradicionales.

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