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Sector primario | Las granjas canarias, al límite

No hay ubre que cubra tanto gasto

Los productores afirman que las ayudas «no son suficientes» y reclaman subir los precios de la leche para recuperar rentabilidad

Daniel López, dueño de una granja en Ingenio (Gran Canaria), recibe remolacha para sus 170 vacas después de días racionando la comida por la huelga de transportes en la Península. Andrés Cruz

No hay ubre que cubra tanto gasto. Hoy en día comer como una vaca es un grave problema. En el sentido más literal de la expresión. Alimentar a los animales se ha convertido en una auténtica odisea para los ganaderos canarios que sienten que la huelga de transportes en la Península ha sido la puntilla. Se encuentran al límite por la escasez de suministros. El racionamiento y la solidaridad entre compañeros de sector ya no son suficientes porque las reservas se agotan y las mercancías siguen sin llegar. Lo que empeora la situación de un sector «asfixiado» que ya venía dañado por la pandemia y que teme «no poder sobrevivir» a la subida de precios derivada de la guerra de Ucrania. La rentabilidad y la ganadería ya no son amigas, hasta el punto de que los propios ganaderos aseguran que «hay que estar loco» para seguir dedicándose al campo cuando «todo son pérdidas». No hay producción, ni ubres, que cubran tanto gasto.

Y si no que se lo pregunten a Benito López, un joven ganadero que dirige junto a sus dos hermanos una granja con más de 170 vacas en Ingenio (Gran Canaria).

El daño de los últimos acontecimientos es tal que para López las subvenciones planteadas por el Ejecutivo central «solo serán una tirita» para tapar un herida «demasiado grande». Encontrar alimento para tantos animales no es fácil ni barato y el ejemplo claro es este granjero, que cada mes invierte 40.000 euros en forraje y grano. López reconoce que ha podido sobrellevar la huelga gracias a algunas reservas, pero asegura haberlo pasado muy mal en las últimas semanas. «Miras cada día las noticias esperando que los paros acaben y se normalice la llegada de alimento porque a los animales no puedes explicarles que no tienes nada para darles», afirma este joven al que le asusta mucho más el futuro que el presente.

Tomás Rocha, granjero: «Las ayudas son pan para hoy y hambre para mañana»

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«El transporte se regulará antes o después, pero a lo que no sé si sobreviviremos es a la subida del 40% de los forrajes», aclara. Los hermanos López todavía no han terminado de pagar la inversión que realizaron en 2017 para poner en marcha la granja y los números rojos ya invaden los libros de cuentas. «Somos jóvenes y tenemos ganas, pero ahora la ganadería es un negocio que da pérdidas, por lo que entendemos que muchos vayan a tirar la toalla».

Tampoco está sacando beneficios Bernardo Peña, presidente de la Cooperativa Unión Majorera de Cosecheros y Exportadores de Antigua en Fuerteventura y dueño de una granja con 2.000 cabeza de caprino. El granjero ha tenido que despedir a los empleados, limitar las raciones de comida y quitarse el sueldo, por lo que no quiere ni pensar en el incremento de los costes que traerá el conflicto en el este de Europa. Además, para Peña el daño de la huelga de transportes es casi «más drástico» que el de la subida de los precios porque el paro en la Península le ha obligado a cambiar y reducir la dieta de sus animales. Una decisión que provocará «daños irreparables» en toda la campaña. «Si dejamos a la cabras sin comer se descontrola su alimentación y dejan de dar leche» lamenta el ganadero, que reconoce ser incapaz de «calcular las pérdidas».

Un ternero de la finca de los hermanos López curiosea con la cámara. Andrés Cruz

Tanto López como Peña agradecen la llegada de las subvenciones que el Ejecutivo central ha puesto en marcha para los productores de leche pero coinciden en defender que «prefieren no depender de las ayudas». «No queremos vivir de subvenciones, queremos vivir de la rentabilidad de nuestras granjas día a día» , explica el joven grancanario, quien asegura que los millones prometidos no dan para pagar «ni medio mes de pienso». El granjero majorero, por su parte, sueña con «ser autosuficiente y no estar todo el día con la mano tendida pidiendo limosna».

El paquete de ayudas del Gobierno central se cifra en 124 millones de euros para los productores de leche de vaca –210 euros por vaca hasta un máximo de 40 animales por beneficiario, 140 euros por animal entre 41 y 180 cabezas; y 100 euros por más de 180 vacas–; 32,3 millones de euros para los productores de leche de oveja –15 euros por animal–; y 12,7 millones de euros para los de leche de cabra –10 euros por cabeza–. El número de animales será el que haya servido como base para el cálculo de las ayudas específicas del Posei en 2021. «No entiendo el criterio que utilizó la administración para dar más dinero a las ovejas que a las cabras cuando comen lo mismo», señala Peña.

Algunos ganaderos deciden vender a los animales por el aumento de gastos en las granjas

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Tomás Rocha, presidente de la Asociación de Defensa Sanitaria del ganado caprino de Gran Canaria, tampoco entiende la decisión del Ejecutivo. «Las ayudas son pan para hoy y hambre para mañana, solo quieren callarnos la boca para que nos olvidemos del tema», critica el ganadero jubilado. Rocha decidió arrendar su granja en 2019 y vender todas sus cabras, lo que le ha permitido «vivir más tranquilo y disfrutar del tiempo libre».

Ni ayudas, ni subvenciones. El reclamo del sector es claro, subir el precio de la leche. A López le cuesta 52 céntimos producir un litro y actualmente se lo pagan a 46. «No puede ser que tengamos pérdidas cuando todo a nuestro alrededor está subiendo, la solución está ahí y nadie quiere tomarla», lamenta el joven ganadero. «Es injusto que nosotros intentemos subir un poco nuestro productos y se nos ponga el grito en el cielo», lamenta Peña.

Lo cierto es que no se está cumpliendo con la Ley de Cadena Alimentaria que establece que no se puede comprar un producto por debajo de los costes. «No me explico todavía por qué no hemos sido capaces de conseguir algo tan lógico», lamenta Peña.

La subida de los forrajes «asfixia» al sector que ya venía perjudicado por la pandemia

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Para López una de las explicaciones puede estar en la «falta de unión» de los trabajadores del sector. «Si estuviéramos más unidos, tendríamos más fuerza y los políticos nos escucharían», explica el ganadero para el que la modernización y profesionalización del sector también es un factor fundamental para la supervivencia. Precisamente, los hermanos López tenían planeados varios proyectos de innovación para las instalaciones de su granja en Ingenio pero finalmente las partidas económicas fueron destinadas exclusivamente a sufragar los costes de la alimentación.

También está sufriendo el ganadero lagunero Micky Woolmington en su granja de 1.600 cochinos. «Gastamos 20.000 euros mensuales de comida, la empresa ahora solo da pérdidas», lamenta el granjero que, además, se queja de que las ayudas de las administraciones llegan «mal y tarde». Tras más de 20 años en el sector, Woolmington afirma que la única solución posible es abaratar los costes de los empresarios canarios y aplicar un gravamen a la carne que viene de fuera. «Las importaciones nos hacen muchísimo daño», reconoce.

El ganadero Bernardo Peña, rodeado de sus cabritos en Fuerteventura. GABRIEL FUSELLI

María del Carmen Pérez, ganadera y quesera en una fábrica familiar de Fontanales, en Moya, teme que «tantas circunstancias negativas» acaben con más de 30 años de historia familiar. Ahora es su hijo Jorge Quintana el encargado de dirigir la granja que cuenta con cinco vacas, 60 ovejas y 20 cabras. «Si soporta la presión de todo lo que está ocurriendo está claro que tenemos ganadero para rato», apunta entre risas Pérez.

Ninguno de los ganaderos del reportaje ha tenido que vender o sacrificar animales pero todos entienden que haya compañeros del sector que hayan tomado ese camino. «Hay veces que no se puede elegir si todo es perder dinero», asegura López, y con él coincide Pérez, que afirma que desde que el forraje supera el 60% de los gastos la explotación dejar de ser rentable. «Conozco a varios que han tenido que venderlo todo», afirma.

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