13 de octubre de 2020
13.10.2020
FICMEC | Otro reto superado

Pueblo chico, mundo grande

Ficmec pone fin a cuatro días de documentales de naturaleza, películas de autor y actividades de concienciación ambiental

12.10.2020 | 22:34

En Garachico no se cumple el famoso dicho de "pueblo chico, infierno grande". Y menos cuando el Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias (Ficmec) toma las calles de su casco histórico, como ha ocurrido desde el pasado jueves hasta ayer. El dicho adecuado en este caso sería el de "pueblo chico, mundo grande". La totalidad de los directores, productores y demás profesionales de variada procedencia que han participado en las ocho ediciones de Ficmec celebradas en Garachico coinciden en eso, en cómo un sitio tan pequeño y periférico puede mirar a tantos lugares distintos a través de las diferentes películas, cortometrajes, fotografías y foros que ofrece. El fotógrafo Pedro Javier Pascual, embarcado en un taller con salida incluida a la naturaleza, cree que este tipo de festivales se deberían extender por toda España: "Es fantástico traer la cultura, la sostenibilidad y la formación a un pueblo tan precioso y alejado de las grandes urbes".

Pascual fue, precisamente, uno de los Premios Brote honoríficos de este año -el de Fotografía- por esa visión tan diferente que muestra de la naturaleza en sus imágenes, plasmada en la exposición montada en la fachada de la Casa de Piedra y titulada En la orilla onírica. Son unos galardones que ya imprimen un sello distintivo a esta cita con el cine independiente y la conciencia medioambiental cada vez más asentado en la agenda cultural tinerfeña. También se llevaron Brotes honoríficos Ati Quigua, activista indígena y política ambientalista colombiana; María Clè Leal, una artista en llevar sus ilustraciones del papel a la tela; la Red Canaria de Semillas, asociación que defiende las variedades tradicionales de cultivo; y Sandra Sutherland, periodista que dirige y presenta el espacio Agrosfera de La 2 de Televisión Española.

Así es cómo Ficmec se ha afianzado como un festival con personalidad propia, pese a su limitada dimensión y medios. Otro sello es el de la capacidad de exhibir joyas cinematográficas muy alejadas de los grandes circuitos comerciales. Pasó en la edición del año pasado con el film macedonio Honeyland, que se llevó el Premio al Mejor Largometraje Documental. Tras su estreno en Garachico fue nominado en la última edición de los Oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa. David Baute, director del Ficmec, cree que esta es la mejor vitola que ha conseguido la cita garachiquense. "Este año ha pasado lo mismo, no solo con los largometrajes, sino con los cortos y, en general, con todas las obras exhibidas. Son trabajos que solo puedes ver en Ficmec e, incluso, el público ha terminado por habituarse a este tipo de cine que nada tiene que ver con el entretenimiento puro. Se ha habituado tanto que lo viene a buscar. Un cine más profundo, más poético, con otro ritmo", asegura Baute.

Ahí está el retrato de la industria alimentaria de The price of progress, la gran triunfadora de esta edición 2020 con el Premio al Mejor Largo Documental. Pero Ficmec abrió la ventana también a otras muchas realidades desconocidas y remotas, como el impacto de las centrales hidroeléctricas en la naturaleza de la canadiense River Silence, las soluciones a la crisis climática de la estadounidense Kiss the ground, la fascinante aventura de viajar por el mundo de Nomad o la búsqueda de los mitos coloniales de un arqueólogo del film canario De los nombres de las cabras, de Silvia Navarro y Miguel G. Morales. Ficmec ha visitado asimismo a la belleza del agua de Aquarela o a la vida de una familia rumana en una chabola de Acasa, my home. Y ha vuelto a acertar con otra joya con la que clausuró anoche el certamen: O que arde, película española de Oliver Laxe que está entre las nominadas por España para los Oscar del próximo año y que ganó dos Goyas este año: Mejor Dirección de Fotografía y Actriz Revelación.

Ficmec, por encima de todo, es un festival muy abierto, sin una temática específica para cada edición y siempre impregnado del espíritu verde. Pero si por algo se ha caracterizado esta edición es por la pandemia y las estrictas medidas de seguridad que ha tenido que cumplir la organización para poder celebrarse en una Isla con semáforo rojo del Covid-19. Reducción del aforo, toma de datos -incluido el DNI- de todos los asistentes -invitados y público-, toma de temperatura en la entrada de los diferentes escenarios -la Glorieta de San Francisco, el Espacio Cultural de CajaCanarias y la trasera del Ayuntamiento-, uso de las mascarillas, separación de dos metros entre butaca y butaca? Esto ha obligado a los organizadores a hacer un esfuerzo extra, incluida la contratación de una empresa de limpieza específica para la desinfección. Contó, eso sí, con la ayuda del Ayuntamiento de Garachico, Protección Civil y Cruz Roja.

Ha sido tal la cantidad de detalles que ha tenido que cuidar David Baute que se atreve a asegurar que "no ha habido estos días sitio más seguro en Tenerife que este festival". Lo mismo cree del resto de actividades culturales que salen adelante estos días de crisis sanitaria. "Creo que se está exigiendo mucho más a la cultura que a otros sectores. Tenemos claro que hay que tomar estas medidas, lo hacemos con enorme responsabilidad, pero no veo que pase lo mismo, por ejemplo, en el transporte público". En cualquier caso, el director de Ficmec asegura que las exigencias se han solventado y todo se ha desarrollado "de forma satisfactoria para todos".

Una de las soluciones que ha encontrado la organización ha sido reducir los días de festival en Garachico y concentrar la abundante agenda en cuatro jornadas. Y, como novedad, este año se han organizado dos extras en el cercano municipio de Buenavista del Norte -los próximos días 16 y 17- y proyecciones en el Centro Cultural de la Fundación CajaCanarias de Santa Cruz -días 19 y 26 de octubre y 2 y 9 de noviembre-.

Lo que no se ha podido montar este año, como consecuencia de las medidas anticovid, es la alfombra de pinocha, uno de los símbolos del Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias, que se ha desplegado en las anteriores galas de clausura del certamen en lugar de las alfombras rojas que brindan otros festivales. Se consideró un posible foco de contagio. Aunque no estuviera, en Ficmec no hay glamur. Hay realismo y denuncia, como en la ya mencionada The price of progress, y la otra gran triunfadora, el Premio al Mejor Largo de Ficción. La islandesa The county aborda la lucha de Inga, una agricultora que se rebela contra la poderosa cooperativa local. En los cortometrajes, Beyond the glacier viaja a los devastados glaciares de Kirguistán y Kazaguistán, y Diary of Cattle -Premio al Mejor Corto Documental- se adentra en el vertedero de Padang, Indonesia. Un reguero de imágenes que impactan y crean conciencia.

Hubo mucho más en Ficmec: películas de animación, las secciones oficiales Ecoislas, Adventure y Educación Ambiental, las jornadas Vulcania -sobre unos procesos volcánicos tan relacionados con Canarias-, las jornadas Fotosíntesis, actuaciones musicales, un mercadillo sobre sostenibilidad? Y uno de los actos más emotivos: Memoria Mágica. Este año, volvió a rescatar los recuerdos de los mayores del municipio garachiquense. En esta edición del proyecto intergeneracional, la temática estuvo dirigida a las pequeñas ventas y el racionamiento en el contexto de la posguerra en el municipio de Garachico. El periodista y experto en rescate de la memoria, Cirilo Leal, capitaneó al grupo de alumnos garachiquenses. El alumnado de cuarto nivel de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) del Instituto de Enseñanza Secundaria (IES) Garachico-Lorenzo Dorta y algunos mayores del municipio, que estudiaron los pequeños comercios y ventas del casco de Garachico y sus barrios, se encontraron gracias al Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias. Unos aprendieron de los otros.

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