10 de octubre de 2020
10.10.2020
Contextos de Arte

Vender o no vender, esa es la cuestión

10.10.2020 | 02:06
Vender o no vender, esa es la cuestión

La semana pasada salía la noticia que la Royal Academy of Arts de Londres estaba dispuesta a vender la única escultura en mármol de Miguel Ángel que se conserva en Gran Bretaña, el conocido como Tondo Taddei, para poder hacer frente a las nóminas de sus 150 empleados. Las reacciones a tal comunicado han sido de lo más variadas, desde los que no comprendían como una institución como la Royal Academy había llegado al punto de tener que recurrir a la venta de una obra tan singular, hasta las que comprendían perfectamente su postura ante el dilema de despedir a su plantilla. Si se profundiza un poco más en este asunto se advierte que no es tan simple. La Royal Academy, al igual que todos los organismos culturales del mundo, sean públicos o privados, se han visto muy golpeados por las consecuencias de la pandemia mundial. Gran parte de sus presupuestos dependían no sólo de la venta de entradas y mercadotecnia relacionada con sus colecciones, sino también del alquiler de espacios y obras en préstamo que ahora no es posible pactar. Lo mismo ocurre con las exposiciones o proyectos de expansión que se han visto paralizados. En relación con esto último, es precisamente la gran ampliación que la Royal Academy acometió en 2018 la que le supuso contraer una importante deuda que hace que su situación financiera actual sea tan adversa. Frente a otras instituciones, la Royal Academy depende de sus propios recursos, por lo que sus obras de arte pueden ser vistas por algunos de sus académicos como activos para poder salvar una situación dramática.
No es la primera vez que importantes piezas se venden o salen al mercado porque sus propietarios tienen graves problemas en sus sedes, y su venta puede ayudarles a salvaguardar el resto de obras de que albergan. En 1913, salía de España con destino el museo de Berlín la Adoración de los Reyes de Hugo van der Goes. Una tabla flamenca del siglo XV, única en tamaño, belleza y buen estado de conservación, que había llegado a Monforte de Lemos, entre otras obras, a través del cardenal Rodrigo de Castro. La venta, aún hoy controvertida, permitió arreglar los graves problemas que tenía la techumbre de la iglesia, y conservar otras piezas como el Crucificado de Valerio Cioli, varias pinturas de Andrea del Sarto y de El Greco, o el magnífico retablo mayor, obra de Francisco de Moure –escultor que, si hubiera trabajado en Roma en vez de un recóndito paraje del noroeste peninsular, abriría muchos manuales de historia del arte–, que aún se pueden visitar en Monforte. Esta práctica de enajenar fondos, en cambio, es muy habitual en los museos norteamericanos. Muy sonadas han sido las ventas de pinturas del Metropolitan de Nueva York consideradas como copias o taller de Rubens que luego resultaron ser originales del maestro. Más cercano en el tiempo y en el espacio, es la venta de La Esclusa de John Constable, que salió de España debido a que la propietaria de la pieza no llegó a un acuerdo con el Estado, a pesar de haber estado expuesta en un museo estatal.
El tema del patrimonio no es fácil de abordar, sobre todo por dos aspectos interrelacionados: su correcta conservación y determinar a quién corresponde. Cuando esta última está en manos del Estado, suele haber un consenso, pero cuando la obra está en manos particulares surgen las disensiones. En España, la iglesia tiene un importante patrimonio que tiene que proteger. Sin embargo, como entidad privada hay ocasiones en que llega a acuerdos con el Estado en beneficio mutuo; y, en otras, son con particulares a los que otorga el usufructo de edificios u obras de arte para así hacer frente a los gastos de conservación. Por eso, no tener un control claro sobre el patrimonio que los particulares guardan facilita su enajenación, en muchos casos, justificada por su propia supervivencia.
Lo que está claro es que la Royal Academy ha logrado una inusitada atención sobre sí. Una publicidad estupenda, tanto en la captación de algún que otro bolsillo británico dispuesto a solventar sus problemas haciendo alguna donación en metálico antes de tener que vender el Tondo Taddei; bien haciendo que otras fortunas mundiales mas ávidas en adquirir obras de los grandes maestros se dispongan a preparar sus efectivos para poder optar a pujar por el único Miguel Ángel que puede salir en venta en años.

(*) Directora del Instituto Moll

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