Miguel Montero Naranjo es director general de Dependencia y Discapacidad del Gobierno de Canarias. También es tuitero. Cierto es que casi todos los políticos son más o menos tuiteros, pero Montero Naranjo lo es de verdad. Es decir, se mete en berenjenales y discusiones, usa memes y gifs, critica al PSOE –y al que toque– como si fuera un podemita raso que nada tuviera que ver con los socialistas... El representante del Ejecutivo regional es, en definitiva, un prolífico usuario de la red social del pajarito azul, que no precisamente se caracteriza por propiciar debates de hondura. En teoría, el intercambio de ideas y opiniones de cierta viveza debería tener en los Parlamentos un lugar de calurosa acogida. Si la Cámara legislativa es el salón de té –o al menos debería serlo–, Twitter es el baño de invitados. Sin embargo, ayer el hedor del servicio llegó a los comensales.

Del ‘Tuite’ al Salón de Plenos

El caso es que Montero Naranjo llamó «sinvergüenza» a la diputada Vidina Espino. Que la llamó «sinvergüenza» es un hecho –a la derecha están los mensajes que lo atestiguan–, y también es un hecho que lo hizo tanto antes como después del pleno, por más que ayer escribiera en Twitter que no la había nombrado. Espino le preguntó al presidente del Gobierno de Canarias, jefe por elevación del director general de Dependencia, si le parecía «normal» que un representante del Ejecutivo la hubiera descalificado en la red social. «¿Es normal que un miembro de su Gobierno trate de sinvergüenza a un diputado de la oposición? ¿Respalda estas afirmaciones?», inquiría la ex de Ciudadanos. En su respuesta, Ángel Víctor Torres pasó de puntillas, casi levitando, y ni entró ni salió en el asunto. Pero dio igual, lo relevante es que la Cámara autonómica instauraba el parlamentarismo 2.0: del Twitter al Legislativo y del Legislativo al Twitter. El amparo –o algo parecido– que Espino le había pedido al presidente no solo no se produjo, sino que alentó al tuitero Naranjo, que no precisamente empleó su renovado brío para lustrar el historial del «Tuite». «La sinvergüenza que lleva hoy al pleno del parlamento una conversación mía por Tuite [sic] a las 23:00 de hace días en la que no la nombro...», escribió el responsable de las áreas de Dependencia y Discapacidad del Gobierno canario. En ese momento, a Montero Naranjo le falló la memoria. «Otra cosa es que Vidina sea una sinvergüenza, que lo es», se había desahogado en un mensaje de hace días.

Del ‘Tuite’ al Salón  de Plenos

Del ‘Tuite’ al Salón de Plenos M. Á. M.

De todas formas, al final daba igual si el tuitero-director había llamado o no sinvergüenza a la diputada antes o después del pleno, más allá de para constatar lo fácil que es olvidar lo que se escribe en una red social. La verdadera lección, al margen del debate sobre la conveniencia de implantar un código de conducta digital para los cargos públicos, es que la distancia entre el salón de té y el baño de invitados ha de ser la mayor posible.