08 de diciembre de 2019
08.12.2019

Un nacionalismo de segunda división

Las posiciones ideológicas desdibujan el discurso de Coalición-Nueva Canarias en la política nacional v Canarias cuenta con los únicos nacionalistas constitucionalistas

07.12.2019 | 20:59
La diputada de CC, Ana Oramas (derecha), esta semana en el Congreso.

Los nacionalismos son el gran reto de la España actual, en la que Canarias cuenta con los únicos "nacionalistas constitucionalistas" frente a las derivas soberanistas de catalanes y vascos. En lugar de poner en valor esa distinción, el papel del nacionalismo canario en la política nacional ha perdido fuerza. Politólogos y sociólogos sitúan ya a CC y NC como formaciones meramente regionalistas. Algunos cuestionan incluso que el sentimiento identitario esté en su base electoral. En un momento clave de la historia de España, la alianza nacionalista no logra consensuar una posición y un proyecto claros.

Nacionalismo. Soberanismo. Autonomismo. Regionalismo. En torno a estos conceptos, su definición y alcance, gira la política española actual. El centro del debate es ese: el ser o no ser del modelo territorial que se pactó en la Constitución española, que este viernes cumplió 41 años sin haber sido capaz de reformar su ambiguo título octavo, el que crea y regula el estado de las autonomías y el encaje de los tres hechos singulares que reconoce: Cataluña, País Vasco y Canarias. Ni Galicia ni Comunidad Valenciana, pese a su diferenciación lingüística, están reconocidos como tales en la Carta Magna.

De ahí que la actual legislatura haya comenzado como terminaron las dos anteriores: pesando sobre ella la espada de Damocles que representa el desafío catalán para la unidad de España (y de Europa). En el hemiciclo se respira esa tensión territorial no resuelta, que algunos políticos reducen a la aparición de un nuevo bipartidismo entre constitucionalistas y anticonstitucionalistas. En este marco, el nacionalismo canario se hace oír a duras penas, tanto dentro como fuera de las Islas. Hasta el punto de que se repite en los cenáculos académicos, con sus correspondientes ecos mediáticos, un nuevo mantra: Coalición Canaria y Nueva Canaria no son en realidad "nacionalistas"; son "regionalistas". Y algunas decisiones y posicionamientos parecen darles la razón. Por ejemplo, las negociaciones que los nacionalistas canarios mantienen con los representantes de los partidos regionalistas (Unión del Pueblo Navarro, Partido Regionalista Cántabro y Teruel Existe) para formar "grupo territorial propio" dentro del Grupo Mixto: "La decisión responde a un criterio pragmático, no ideológico", ha precisado Ana Oramas. Es decir, para ganar más visibilidad (más tiempo de intervención y mayor asignación) en el cajón de sastre en que se ha convertido el grupo parlamentario que integran hasta 19 formaciones políticas distintas.

El nexo de unión de los regionalistas es doble: por un lado son imprescindibles para que Pedro Sánchez obtenga más síes que noes para ser investido como presidente del Gobierno estatal, siempre y cuando ERC se abstenga. Y, por otro, todos condicionan su voto a que se dé respuesta a sus necesidades financieras: es decir, a que se garanticen determinadas inversiones en proyectos e infraestructuras para sus respectivas regiones. Unas reinvindicaciones, por cierto, que les ha valido el reproche, rozando la amenaza, de Vox: "No hay infraestructuras, ninguna inversión y ningún tren que sea tan importante como la unidad de España", ha advertido Santiago Abascal.

¿Un nacionalismo utilitarista?

En los albores del actual nacionalismo canario, con 1993 como fecha clave tras la moción de censura contra Jerónimo Saavedra y el nacimiento de CC, Canarias mantuvo un discurso más nacionalista que regionalista, en el sentido de ir mucho más allá de reivindicar más inversiones y financiación del Estado para las Islas. Además de los históricos convenios estatales (en carreteras e infraestructuras educativas, hidráulicas y turísticas), lo que pedía era más autogobierno. Es decir, más competencias (en aguas territoriales, en materia aeroportuaria o en costas) para cogestionar un territorio situado en un espacio geográfico distinto a la España continental e incluso al Archipiélago balear. Y, por tanto, con retos distintos al resto de comunidades españolas. La lejanía, pues, como hecho singular frente a la diferenciación cultural y lingüística de catalanes y vascos.

Un reciente informe, titulado ¿Quién vota a los partidos nacionalistas en España?, llega a cuestionar incluso que la identidad sea la razón por la cual el electorado respalda a CC: "El sentimiento identitario no es un factor explicativo principal del apoyo a Coalición Canaria, como ocurre en otras fuerzas nacionalistas como el PNV, Bildu o Junts pel Sí, la formación electoral que formaron ERC y PdCAt en 2015". No está claro, por otros estudios sociológicos, que esta sea una conclusión incontestable. Pero sí es cierto que el nacionalismo canario se diferencia sustancialmente del resto de nacionalismos que existen en el territorio español. De hecho, es históricamente el único "nacionalismo constitucionalista", y ello pese a que en su seno hay voces que sí han defendido las tesis soberanistas (Victoriano Ríos y Juan Manuel García Ramos han sido los más representativos). Pero la conquista de un máximo autogobierno sin salirse del marco de la Constitución ha sido la posición predominante. Hasta el punto de que su autodefinición como "nacionalismo progresista constitucional" se mantuvo congreso tras congreso desde su nacimiento hasta hace escasos años. Pasó entonces a considerarse como "centro progresista", volviendo en definitiva al espíritu de las AIC (las Agrupaciones Independientes de Canarias lideradas por la Agrupación Tinerfeña).

Las circunstancias políticas son hoy más complejas que en las décadas anteriores. Y el nacionalismo canario las afronta con sus contradicciones ideológicas más acentuadas que nunca. CC se ha escorado hacia la derecha, pese a seguir integrando a fuerzas de izquierda como Asamblea Majorera y a exicánicos en Gran Canaria. Y Nueva Canarias se ha empeñado en representar solo al nacionalismo progresista, renunciando por tanto a atraer a votantes más centrados ideológicamente pero con conciencia y sentimiento de canariedad.

Haciendo prevalecer las dos posiciones ideológicas, a un lado y otro, el nacionalismo canario se ha ido desdibujando en la política nacional. Podría concluirse, siguiendo un símil deportivo, que no juega ya en primera junto al nacionalismo vasco o catalán, aunque sin salirse del marco constitucional. Ha bajado a segunda división y juega en la liga regional junto a Navarra, Cantabria y Teruel. Y ello en el tiempo en que Canarias aprobó el pasado año su Estatuto de Autonomía y el anclaje de su Régimen Económico y Fiscal, logrando así mayor capacidad para avanzar en su autogobierno.

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