17 de septiembre de 2019
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CC inicia su proceso de renovación para recuperar la centralidad

El posible anticipo electoral irrumpe en el debate interno de los nacionalistas sobre cómo afrontar su futuro

17.09.2019 | 00:26
Pablo Rodríguez, nuevo presidente del grupo parlamentario nacionalista, en el último pleno.

El cambio de ciclo que se auguró hasta la saciedad durante la campaña electoral y tras las pasadas elecciones necesitará más tiempo para hacerse realidad en Canarias. Así al menos lo vienen advirtiendo estos días los máximos representantes del Gobierno, integrado por el PSOE, NC, Podemos y la Agrupación Socialista Gomera (ASG). Y lo justifican en el legado "envenenado" que, en su opinión, dejó el anterior Ejecutivo nacionalista. La piedra de toque, como era de esperar, está siendo la falta de recursos para afrontar la anunciada agenda social, tan ambiciosa que ha creado una alta expectativa entre la población canaria. De ahí que el inicio de la legislatura esté resultando más cuesta arriba de lo previsto: "Este Gobierno no renuncia a sus compromisos en materia social, sino que sigue trabajando para afrontarlos, si bien con un ligero retraso como consecuencia de la herencia diabólica que ha dejado Coalición Canaria", sostuvo estos días el propio presidente Ángel Víctor Torres.

Los socios del Pacto de las Flores sostienen sus críticas en el informe la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), que ve "muy probable" que Canarias cumpla el objetivo de estabilidad presupuestaria este año, pero, al mismo tiempo, advierte de "riesgo alto" de incumplimiento de la regla de gasto. Lo que ha llevado a que cada cual haya interpretado el citado informe a conveniencia: "La Airef ha desmontado las mentiras del Gobierno: ni agujero del anterior Ejecutivo ni déficit excesivo", respondía desde Coalición Canaria la exconsejera de Hacienda Rosa Dávila. Y añadía: "Que reclamen la deuda al Gobierno de España y que se dejen de gimoteos y de hablar de la herencia recibida".

El debate sobre si el vaso de las cuentas canarias está medio vacío (como sostiene el Pacto de las Flores) o medio lleno (como asegura el anterior Gobierno) arroja algo de luz sobre lo que ocurre en otras autonomías. Y la realidad es que el nivel de asfixia financiera es, salvo puntuales excepciones (País Vasco y Navarra), generalizado por el bloqueo de las entregas a cuenta y la demora en la reforma del sistema de financiación. La ministra de Hacienda en funciones, María Jesús Montero, ha reclamado por ello un ajuste general para cuadrar las cuentas, ordenando a la mayoría de comunidades autónomas que presenten planes para salvar el déficit. Y lo ha hecho a través del envío de unas cartas, como la que recibió Canarias, en la que advierte que en caso de incumplimiento "se activaría el artículo 25", que incluye medidas para controlar el exceso de gasto.

Del verso a la prosa

Ante esta tesitura, se pone a prueba la capacidad del Pacto de las Flores por transformar sus promesas electorales y el discurso de investidura del presidente Ángel Víctor Torres en un programa de gobierno. Es decir, la necesidad de pasar de hablar en verso, cuando se está en la oposición, a hacerlo en prosa una vez se asume la responsabilidad de gobernar. Cuando ya no se sueña con lo que se podría hacer, se ejecuta ya lo que es posible. Y lo posible depende, en Canarias, sobre todo de Madrid.

Esta es una de las incógnitas a despejar en lo que resta de legislatura, pero no la única. La otra se sitúa en el campo de la oposición, el espacio que comparten CC y PP. En el caso del Partido Popular, ha sido capaz de recomponer en un corto espacio de tiempo su dirección regional. Y aunque está por ver cómo cierra la rebelión abierta en La Palma, tras el respaldo a los seis consejeros expulsados por pactar con el PSOE, lo cierto es que el liderazgo de Australia Navarro comienza a consolidarse.

En torno a Coalición Canaria hay, sin embargo, dudas. Tres meses después de celebrarse las elecciones del 26M, que concluyeron con su desalojo de la mayoría de instituciones de las Islas, hay mucha incertidumbre respecto a qué esta pasando en el seno de la formación nacionalista. O más bien si está pasando algo. Y sí, vienen ocurriendo cosas en el seno de la formación nacionalista, solo que tan circunscritas al ámbito de la intimidad de cada una de las organizaciones políticas que la integran que su discreto proceso de renovación está pasando desapercibido para una buena parte de la opinión pública. Algunos análisis apuntan a que CC se lame en silencio las heridas tras la derrota; y otros auguran que se está produciendo lo que auguraron desde que se constituyó en 1993: que a las distintas fuerzas de derecha e izquierda que integran CC las une el poder, y sin él desaparecerá.

¿Ser o estar?

El silencio de CC no responde, sin embargo, a la incapacidad para reaccionar que atenaza a toda formación política tras una derrota. Entre otras razones porque CC no se siente derrotada: "No sufrimos ninguna debacle electoral, más bien todo lo contrario. Lo que se ha producido es un frente anti-nacionalista para sacarnos de todas las instituciones, incluso con tránsfugas. Y ese hecho el único efecto que ha tenido es unirnos aún más", coinciden diversos dirigentes nacionalistas.

Ello no significa que no se esté produciendo en el seno de la formación nacionalista una batalla interna sobre cómo afrontar el proceso de renovación. De hecho, en todas las islas se están celebrando reuniones y cruces de llamadas interinsulares, ya que las islas periféricas se disponen a jugar un papel más activo.

Al tiempo, CC elabora un documento en el que se apuntan las ideas claves de su redefinición, sin descartar la posibilidad de cambiar incluso las siglas. Entre ellas, se ha marcado como principal objetivo recuperar la centralidad, desde su concepción como una fuerza que, con componentes de derecha e izquierda, apuesta por un nacionalismo constitucionalista y progresista. Dicha centralidad pasa por un equilibrio no solo ideológico, sino también territorial, con Lanzarote, Fuerteventura, La Palma y El Hierro apostando por reequilibrar la relación de fuerzas insulares que integran el proyecto. Los primeros documentos que se barajan hablan también de la necesidad de explicar mejor sus resultados. Y sobre todo sus objetivos: defender un nivel de autogobierno que, aunque ya lo recoge el Estatuto de Autonomía, aún está por desarrollar. Entienden que las fuerzas centralistas, PSOE y PP, han apostado en realidad por un "autonomismo blando" y que esta legislatura evidenciará su nivel real de compromiso.

Este proceso de renovación de CC va a estar, sin embargo, muy condicionado por un posible anticipo de las elecciones generales. Una convocatoria que se vería obligada a afrontar desde una posición aún delicada, y que podría desgastarla si no lograra mantener a sus dos diputadas. O se produjera un desplome histórico, como acaba de vaticinar la última encuesta del CIS: "¿Con las tablas de un naufragio se puede construir un barco?", se preguntaba ayer el nacionalista Juan Manuel García Ramos.

En realidad, no todo depende de la propia capacidad de refundación de CC. Y es que también Nueva Canarias se juega mucho con una nueva convocatoria electoral. No es de extrañar, por ello, que las voces a favor de una unificación del nacionalismo sean cada vez más numerosas y suenen más alto. El propio Román Rodríguez ha dejado de lado su frontal crítica al "nacionalismo de derechas de CC" y ha abierto, por vez primera de forma pública, la puerta a esa posibilidad. Entre otras razones porque la Consejería de Hacienda que dirige es un gran instrumento de poder para un Gobierno en tiempos de bonanza, pero se puede convertir en la diana de todos los conflictos si escasean los recursos.

Todo dependerá, por tanto, de Madrid. También el futuro del PSOE canario al frente la comunidad autónoma se consolidará si vuelve a reforzar Pedro Sánchez su liderazgo y, una vez en el Gobierno, les da a las Islas los recursos que necesita y les corresponden.

La actual legislatura podría, en definitiva, despejar la incógnita de si el problema de Canarias ha sido el de un nacionalismo vociferante o el de un centralismo histórico asfixiante.

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