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Jardines históricos | Equilibrio entre diseño y atractivo turístico

Arquitectura y paisaje se unen en catorce ‘joyas’ del patrimonio natural de la Isla

El arquitecto Federico García Barba publica su primer libro, en el cual desglosa el pasado y el presente de unos espacios de enorme valor que «es necesario proteger»

Federico García Barba Carsten W. Lauritsen

«Jardines históricos de la Isla de Tenerife». Es el título de un trabajo que desglosa el pasado y el presente de catorce espacios naturales de enorme valor que han sido modificados por la mano del hombre. En unos casos, para bien, desde el discreto encanto de la burguesía. En otros, para cometer «auténticos disparates». El arquitecto tinerfeño Federico García Barba ha publicado este su primer libro en una etapa madura de su trayectoria personal y profesional, que incluye diez años como presidente del Colegio de la Demarcación Provincial. El compendio glosa la historia y el desarrollo de estas joyas del patrimonio isleño e incluye una visión crítica sobre otras que hoy son objeto del más absoluto abandono.

García Barba no duda en afirmar que el Botánico es el Versalles de Tenerife. Jardín de Aclimatación de La Orotava, Botánico del Puerto de la Cruz, donde se ubica, o, simplemente, El Botánico. Es crítico con una ampliación que «no se acaba nunca» y en la que cuestiona el orden a la hora de afrontar la plantación y la estructura que es su marco. Resalta la variedad de especies que atraen a cientos de miles de turistas, como los de la imagen. Impulsado por el marqués de Villanueva del Prado, Alonso de Nava y Grimón, fue inaugurado en el siglo XVIII (1792), en tiempos del rey Carlos III. | andrés gutiérrez Carsten W. Lauritsen

Después de un proceso de tres años, García Barba, con el apoyo de la Real Academia Canaria de Bellas Artes, se ha lanzado a la aventura. Con éxito. como demuestra que la primera edición de 500 ejemplares está a punto de agotarse. Ha cumplido el objetivo de divulgar una parte importante del patrimonio paisajístico de Tenerife: el referido a sus espacios ajardinados antiguos. La idea es unificar los numerosos trabajos dispersos para mostrar una visión de conjunto sobre esos valores culturales que constituyen, además, una importante seña de identidad en Canarias.

El contenido del libro se ha organizado mediante el despliegue de datos y planos de los catorce jardines seleccionados, junto a imágenes y fotografías antiguas relacionadas con cada lugar. Destaca una colección de magníficas panorámicas realizadas por el fotógrafo y académico Efraín Pintos. Todo ello junto a textos explicativos, citas y referencias a autores que han descrito esos espacios.

El trabajo contiene, además, una introducción histórica que presenta el desarrollo de las prácticas de jardinería en la Isla a lo largo de tres siglos. En su capítulo final se hace una reflexión sobre el sentido cultural de esta actividad, y se adjunta una presentación somera de ejemplos contemporáneos de proyectos de intervención que, como asegura el autor, «están encaminados a su mantenimiento y actualización».

El trabajo esboza el valor de lugares que han evolucionado del elitismo burgués a ser "visitables" por todos

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«Un jardín bien planteado y conservado puede ser una experiencia estética singular». La frase es del pintor francés Claude Monet al final de su vida. Cuadra con la idea de un microcosmos diferencial, vivido y sentido individualmente por el artista.

Esta declaración de principios sirve para explicar cómo la burguesía de la Isla pretendía emula las tradiciones paisajísticas desarrolladas en Italia, Francia o Inglaterra. Una referencia cultural ineludible. El trabajo aclara que en lugares como Canarias, Madeira y Azores, las inmejorables condiciones climáticas, la feracidad de los suelos volcánicos y la enorme riqueza y variedad de los paisajes insulares han fomentado históricamente este proceso.

García Barba explica que «si existen hoy múltiples jardines antiguos en el Archipiélago es porque reflejan un sincretismo entre las formas culturales europeas y las maravillas de la vegetación tropical y autóctona».

En Tenerife se calcula que existen medio centenar de este tipo de recintos botánicos antiguos. Desde el primer huerto de Franchy hasta llegar al parque de García Sanabria en Santa Cruz. Esos recintos constituyen una riqueza paisajística que distingue a esta isla y representan un atractivo singular que ha fascinado a numerosos visitantes durante cientos de años. Y son el objeto de este estudio. Un libro que presenta catorce muestras de esa manera de relación con el territorio que es el jardín. Espacios vegetales centenarios y representativos de esta específica cultura territorial. La publicación es un esfuerzo que plantea su autor como «la voluntad de divulgar entre la población y los que nos visitan sus valores históricos y culturales para aumentar así el conocimiento y apreciación de esos recintos ajardinados».

Jardines y cultura

La jardinería en Canarias constituye una muestra relevante de la cultura territorial de Canarias en apenas tres siglos tal y como valora García Barba. Además, entiende esta cuestión como uno de los elementos claves del desarrollo de la industria turística en el Archipiélago. Y ha sido así, valora, «debido al interés especial generado por esos lugares de acumulación botánica entre aquellos que frecuentaban estas Isla».

Los jardines fueron motivo de interés para científicos y viajeros ilustrados de finales de los siglos XVIII y XIX. Un atractivo que dio lugar a una extensa serie de publicaciones científicas y de divulgación de las especiales condiciones climáticas, botánicas y paisajísticas de las Islas. Documentos que han ampliado el conocimiento exterior y han generado un creciente flujo de visitantes europeos. De hecho, en muchos lugares del mundo, las palmeras y dragos canarios son embajadores vegetales.

El libro incluye un inventario documental exhaustivo sobre los jardines históricos existentes en la isla de Tenerife. Un trabajo que ha permitido detectar, analizar y diagnosticar su situación actual. Y que es posible que facilite una posible actuación colectiva futura para su cuidado y mejora.

Concretamente, esta publicación que el lector tiene en sus manos forma parte de un esfuerzo continuado que surge de iniciativas anteriores desarrolladas por la Real Academia Canaria de Bellas Artes durante los años 2017 y 2018.

El experto ha lamentado que existan muchos más lugares de enorme valor "abandonados"

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A raíz de ese interés por el paisaje de las islas, en el otoño 2017 se celebró en la Fundación de Arte y Pensamiento Martín Chirino de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria un seminario y exposición fotográfica sobre los Jardines de Canarias. Ese encuentro fue organizado y dirigido por la doctora y académica de Bellas Artes, doña Flora Pescador. Allí se expusieron ejemplos históricos y también algunas propuestas contemporáneas relevantes sobre el arte de los jardines hechos en estas islas. El ciclo además integró en su seno una exposición del artista, y también académico, don Ángel Luís Aldai, denominada «Más allá de las Hespérides».

Allí se habló del papel del paisajista catalán Nicolau Rubió y del naturalista Eric Sventenius, así como de sus relaciones y presencia en diversas islas. El primero responsable de algunos espacios verdes preeminentes de la ciudad de Las Palmas y el segundo creador del Jardín Canario en Tafira, también en la isla de Gran Canaria. Así mismo, se presentó la trayectoria del artista canario Néstor Martín Fernández de la Torre y sus ideas sobre los jardines y la flora como inspiradores de la obra de arte.

Junto a lo anterior se enseñaron algunas intervenciones paisajísticas contemporáneas hechas en estas islas, tales como el Jardín de Cactos de Guatiza en Lanzarote, última obra del artista César Manrique; el Jardín del Descubrimiento, intervención del arquitecto Fernando M. Menis, situado en el municipio de Vallehermoso de la isla de La Gomera; así como la concreción de los espacios libres en el campus de Tafira de la Universidad de Las Palmas, responsabilidad de la propia Flora Pescador y su equipo.

Un año después se celebró un segundo encuentro paralelo al anterior, en Tenerife, dedicado en aquella ocasión a los jardines históricos de Canarias. En esa oportunidad para hablar del arte de la jardinería desarrollada en estas islas, hice una relación histórica de los jardines y espacios públicos de este carácter existentes en esa isla. Nuevamente, doña Flora Pescador reiteró las intervenciones de Rubió i Tudurí y Sventenius en la isla de Gran Canaria. En ese nuevo encuentro, el doctor don Arnoldo Santos, especialista en botánica de la Macaronesia, hizo también un repaso exhaustivo por la flora autóctona y exótica que se ha ido integrando históricamente al paisaje de las islas. Fue una disertación histórica que puso especial énfasis en el

empleo local de especies vegetales procedentes de los más diversos lugares del mundo y acopiadas en las islas para la construcción de muchos de sus singulares espacios verdes.

Con posterioridad, se ha hecho un intenso trabajo que ha tratado de ampliar la información ya adquirida sobre estas cuestiones y ofrecer un inventario amplio de la documentación que se ha desarrollado a lo largo de los años sobre el interés y presencia de algunos jardines en Canarias para muchos naturalistas, artistas y viajeros en general. Los objetivos que han guiado estos esfuerzos se centraron en acopiar nuevos materiales de investigación y se relacionan con la mejora de la percepción de estos espacios insulares tan sensibles. Así como con la posibilidad de poder establecer a medio plazo un programa de recuperación y mejora de la jardinería histórica. De acuerdo con ello, es posible hoy en día tener un conocimiento ampliado de la situación actual de los jardines históricos más importantes de la isla de Tenerife y poder establecer propuestas para conseguir su mayor consideración colectiva.

Este libro ofrece un resumen de esta voluntad y constituye un eslabón más que aporta la Real Academia Canaria de Bellas Artes (RACBA) en ese esfuerzo colectivo que realizamos los académicos canarios en la divulgación de los valores culturales que, en su modestia, este archipiélago atlántico haya podido aportar a la cultura universal.

n los últimos años, se ha ido generando algún interés por conocer los jardines existentes en el archipiélago canario. Sin embargo, aunque existen algunos estudios parciales, es patente la poca información disponible relativa a estas cuestiones. Desde una perspectiva más amplia, hace falta contar con una visión de conjunto que sirva de apoyo a su difusión entre el público.

Lo cierto es que este esfuerzo coincide con otras iniciativas similares que se han venido produciendo durante bastantes años en el marco internacional: acciones también tendentes a incrementar el reconocimiento común del patrimonio paisajístico acumulado en cada lugar. Son muestras de un desarrollo cultural colectivo que reconoce no solo el valor histórico y estético de los parques y jardines, sino también su consideración de avanzada en la preservación de la riqueza biológica existente, aquella que aun hoy presenta un planeta en trance de destrucción acelerada. Los jardines canarios forman parte de esta riqueza medioambiental y deben considerarse como pertenecientes al marco cultural europeo. Y, dentro de éste, son una muestra cualificada y representativa de una especificidad única, tanto en su singularidad tropical como en la existencia de especies exclusivas originarias de las islas.

‘Envejecer’ de la mejor manera

Espacios naturales históricos que conservan su interés y reciben a miles de turistas cada año. Ejemplo evidente es el Jardín Botánico, uno de las principales reclamos del norte de Tenerife con cerca de medio millón de visitantes anuales. Sin embargo, otros recintos ajardinados notables en el pasado han sufrido transformaciones lesivas o se encuentran abandonados. García Barba entiende que «poner hoy el foco en ellos debe servir para aumentar su consideración colectiva y ayudar a lograr mejores acciones que conduzcan a mantenimiento y posible rehabilitación». El experto en paisaje propone «la investigación profunda y una catalogación adecuada de lo que pueda encontrarse desprotegido». Para García Barba es clave «incrementar la generación y disposición de nuevos elementos divulgativos de esos paisajes culturales de primer orden para Canarias». Unos, como el parque García Sanabria, en Santa Cruz, son Bien de Interés Cultural (BIC), mientras otros han desaparecido víctimas de la especulación inmobiliaria desatada durante la segunda mitad del siglo XX. Ejemplos: los jardines de las casas de Foronda, Bellamy y el hotel Pino de Oro, todos en la capital. Aún más graves han sido las actuaciones de transformación o abandono. Eso ha ocurrido en los jardines de La Quinta Roja. En La Orotava, o de El Robado, en el Puerto de la Cruz. Reformas realizadas «quizás por ignorancia, más que por negligencia», valora García Barba, pero que, concluye, «han significado la destrucción de valores culturales y paisajísticos»

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