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Con la proa hacia el Bahía

A este local que acaba de cumplir doce años, contra viento y pandemia, la Guía Repsol lo ha reconocido son un Solete de Barrio

Una muestra de la despensa de la mar. E. D.

En los últimos tiempos, las populares casas de comidas -de las que lastimosamente han ido sobreviviendo muy pocas y siempre a duras penas- han logrado recuperar un prestigio que parecía haberse evaporado. Y lo han hecho, además, aplicando la fórmula de la verdadera esencia: el rescate de la gastronomía de raíz popular, esa que se ha visto solapada por el brillo cegador de las vanguardias, el postureo de las cocinas orientales, y tantos modelos de fusión.

En los últimos tiempos, las populares casas de comidas –de las que lastimosamente han ido sobreviviendo pocas y siempre a duras penas– han logrado recuperar un prestigio que parecía haberse evaporado. Y lo han hecho, además, aplicando la fórmula de la verdadera esencia: el rescate de la gastronomía de raíz popular, esa que se ha visto solapada por el brillo cegador de las vanguardias, también por el postureo de las cocinas orientales, y por tantos y tantos dispersos modelos de fusión. En buena medida se trata de lugares apetecibles que animan a tomar algo, sumergirse en un animado picoteo o bien sentarse a comer a la mesa, con precios siempre muy asequibles; ese tipo de establecimientos que, sin dudarlo, se recomienda a las amistades.

Recientemente, la Guía Repsol ha hecho públicos sus Soletes de Barrio para este otoño, unos galardones con los que se reconocen aquellos lugares que acercan el turismo gastronómico a los barrios periféricos de las ciudades a través de barras, casas de comidas, cafeterías, vinotecas y locales de fast good. En la isla de Tenerife figuran seis menciones y, entre ellas, se encuentra la Cafetería Bahía, que el pasado lunes cumplía doce años –contra viento y pandemia–, un proyecto nacido desde el modelo de proximidad y familiaridad con los clientes, aderezado por una cocina sencilla y bien ejecutada, sin complicaciones innecesarias; confortable y sabrosa, de las que gusta a todo el mundo.

Detrás de la barra hierven historias humanas, las de Ramón –un gallego de Cangas de Foz, provincia de Lugo, que sabe muy lo que representa emigrar y mezclarse–, los hermanos Ana y Miguel –sangre andaluza– y Blanca, llegada desde la otra orilla del Atlántico. Todas ellas cuajadas de lucha y esfuerzo, y sostenidas por la firmeza de una apuesta continuada: el empeño por hacer bien de comer, convertirse en punto de encuentro y democratizar la gastronomía, sin mayores pretensiones que la de ser esa casa de comidas donde se recibe y agasaja a familias, grupos de amigos, transeúntes...

Así, embarcados en el recinto de un modesto local, han sabido mantener viva la tradición, despertando los sabores de la memoria con una cocina casera que sigue el ritmo de esa estacionalidad que van marcando los productos de temporada, y donde además de la oferta de un menú diario con dos posibilidades para elegir, entre un primero –la cuchara siempre imprescindible–, un segundo y postre, también se abre al cliente una carta bien nutrida de atractivas sugerencias.

Ciertamente hay platos que, sin duda, se han convertido en iconos del Bahía. En el caso de los aperitivos, la pata aliñada, y, cuando se duermen, los camarones, también en tortillita; en el capítulo de carnes, el gustoso rabo de toro, codillo de cerdo, chuleta de vaca gallega, carrillera de cerdo o el cochinillo (por encargo); en cuanto a la despensa de la mar, las coquinas, zamburiñas, el pescaíto frito, calamares, el pulpo a la gallega y, estos últimos días, las potas en salsa... ¡Ah! y unos deliciosos arroces...

Con la proa hacia el Bahía.

(Cafetería Bahía, Avenida de Anaga, 7, carretera a San Andrés; martes a viernes, de 8:30 a 16:00; sábados y domingos, de 11:30 a 16:00; tfno.: 666 82 49 00).

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