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Salud mental en horas bajas

Desayunamos ansiolíticos y vamos a psicoterapia. ¿Por qué estamos tan mal?

El médico Javier Padilla y la psiquiatra Marta Carmona analizan en un ensayo la desesperanza, el cansancio, el estrés y la preocupación que sufre gran parte de la sociedad | La solución no pasa solo por las acciones particulares, sino colectivas, tanto en el mundo laboral como en el urbano y el social

La psiquiatra Marta Carmona y el médico de familia Javier Padilla, autores del ensayo ’Malestamos. Cuando estar mal es un problema colectivo’. CRISTINA CANDEL

Todo el mundo conoce el nombre de tres o cuatro ansiolíticos, medicamentos que combaten los síntomas de la ansiedad y la angustia. Esto es algo que, con la excepción de los analgésicos, no ocurre en ningún otro ámbito de la farmacología y que demuestra que algo no marcha bien en la sociedad. “Hay padres que se saben más marcas comerciales de ansiolíticos que nombres de profesores de sus hijas. Si esto pasa es que hay algo que no funciona”. La advertencia es del médico de familia especializado en salud pública Javier Padilla, coautor junto a la psiquiatra Marta Carmona de 'Malestamos' (Capitán Swing), revelador manual que disecciona la desesperanza, el cansancio, la falta de expectativas, el estrés y la preocupación que sufre gran parte (sino la mayoría) de la sociedad en la actualidad. ¿Por qué estamos mal? Aquí, seis claves.

Empezar el día con café y Lorazepan

Muchas personas se levantan por la mañana, se toman un café para levantar el ánimo y después, un Lorazepan para bajar las revoluciones. Necesitan ambas sustancias, aunque la combinación es un absurdo farmacológico. "En realidad, el verdadero absurdo es que a esa persona se le pida funcionar cuando su cuerpo no está para eso en ese momento. El problema está en lo que hemos asumido como normal", añade Carmona, especializada en estudios feministas. 'Malestamos' no demoniza la medicación cuando es necesaria y está pautada por un especialista. Lo que sí hace es subrayar que las pastillas se limitan a tratar los síntomas físicos de la ansiedad (hiperventilación, estado nervioso, palpitaciones), pero no atajan sus verdaderas causas, lo que hay detrás de ese malestar. "Una paciente puede sufrir un trastorno del ánimo y tener una raíz laboral. Bueno, a lo mejor la medicación le da las suficientes fuerzas como para apuntarse a un sindicato", explica Padilla, que forma parte del grupo Más Madrid en la Asamblea de Madrid.

El falso debate entre psicofármacos y psicoterapia

Tanto los psicofármacos (que dan una respuesta más inmediata) como la psicoterapia (que ofrece una respuesta a largo plazo y permanente) son "absolutamente necesarios" para la gente que los necesita, apunta Carmona, que trabaja en un centro de salud mental. Pero son herramientas pensadas para una persona concreta. La especialista pone un ejemplo: "Son martillos estupendos. Si lo que necesitas es clavar un calvo, genial. Pero si lo que necesitas es abrir un brick de leche…". La psiquiatra, coordinadora del libro 'Mejorar los barrios para una mejor salud mental', concluye que medicamentos y terapia psicológica se orientan al marco individual, pero lo que hay que hacer es ir a la causa (colectiva) de los problemas.

Ansiedad por no tener las condiciones mínimas para vivir

La ansiedad -el trastorno psicológico más común, junto con la depresión- no pasa porque sí. Pasa por algo. Sin embargo, sufrir crisis de pánico con frecuencia no es una enfermedad, es un síntoma, una reacción a algo. Carmona subraya que cuando una persona recurre a los servicios médicos, los facultativos deberían analizar no solo el problema físico, sino quién es esa persona que tienen delante y por qué le está pasando lo que le está pasando. "Quizá las crisis de ansiedad las sufre antes de entrar a su trabajo, un empleo insatisfactorio que le tiene atrapado", apunta Carmona, que hace hincapié en que a veces los psiquiatras se limitan a validar el sufrimiento de esa persona pero no pueden ir más allá porque la solución es colectiva y no está al alcance de su mano. Una crisis de ansiedad se puede sufrir por ser víctima de un trauma o tener oscuros secretos familiares, pero también por vivir un conflicto permanente por no alcanzar las condiciones mínimas para vivir. 

Trabajas de 8.00 horas a 22.00, pero vas al gimnasio

Necesitamos vidas vivibles, ciudades vivibles y horarios laborales vivibles. Los autores de 'Malestamos' proponen un ejemplo clarísimo: las ciudades financieras donde entras a trabajar a las ocho de la mañana y sales a las diez de la noche (si todo va bien). Eso sí, han acondicionado una zona de gimnasio, con todo sus aparatos, porque "la salud que te quita el trabajo te la da el deporte y así hacemos creer que es un juego de suma cero".

No digas qué hay de lo mío, sino qué hay de lo nuestro

Estar mal no es una depresión, ni un estado de ansiedad generalizada, ni una enfermedad. Pero tampoco es un estado completo de salud y bienestar. Entonces, ¿qué es? Padilla y Carmona contestan que es una desesperanza sin horizonte, un sentimiento de época. Algo que no solo te pasa a ti, sino a todo el mundo. "Ahí no puede llegar la psicoterapia, por eso es fundamental pasar del ¿qué hay de lo mío? a ¿qué hay de lo nuestro?". Una enmienda a la totalidad del sistema es una tarea demasiado ambiciosa, pero antes de llegar a ese horizonte hay muchas acciones que se pueden emprender por el camino. Padilla explica que, por ejemplo, es imprescindible hacer que afloren infraestructuras sociales, ámbitos para interactuar. Desde bibliotecas hasta espacios de cuidado o parques. Otro paso para el cambio: sindicarse. "Hay que trasformar la mirada y pensar en colectivo. Buscar asociaciones en tu barrio o en el colegio de tus hijos, pero no para ver qué beneficio puedes sacar tú sino para pensar en el bien común", añade la psiquiatra.

Vivir en una catástrofe permanente

"Es imposible vivir en estado de catástrofe", escribió la poeta y ensayista Alejandra Pizarnik. Esta catástrofe, sin embargo, bien podría decirse que es lo que llevamos tantos años encadenando, desde la crisis económica de 2008, hasta la emergencia climática pasando por la reciente pandemia. "No se puede vivir siempre en estado de catástrofe, pero sí en lo que podríamos llamar un estado de malestar, que es una suerte de catástrofe larvada que tiene su mayor significado no solo en lo que está mal sino también en lo que nunca estará bien". Padilla, padre de una niña, y Carmona, madre de dos, confían en las nuevas generaciones para salir del bucle en el que está la sociedad actual. "La generación Z, al llevar la salud mental por bandera, busca normalizar y borrar estigmas", aplauden. Sin embargo, la salud mental es un asunto tan cacareado que se ha convertido en el nuevo "hablar de qué tiempo hace". Los que necesitan más ayuda -las personas con trastornos mentales graves- han quedado relegadas del debate. Y no es justo.

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