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La lava rica en hierro facilita la regeneración del ecosistema marino en La Palma

Con el volcán Tajogaite ya dormido, el entorno del delta lávico se recupera a gran velocidad

Los investigadores de la ULPGC, Magdalena Santana y Melchor González, toman datos cerca de la colada. El Día

Varios peces, algas y crustáceos se han instalado en el nuevo ecosistema rocoso de la costa de Tazacorte (La Palma). Su nuevo hogar es muy distinto al que tenían antes y son muchos los nuevos vecinos que se han trasladado a ese nuevo entorno más apacible y vasto. Sería imposible pensar, a tenor de la parsimonia con la que escrutan o juegan divertidos en el delta lávico, que hace menos de un año la lava había asolado su trocito de mar. Hoy, casi un año después de que las coladas del volcán Tajogaite cayeran al mar, los investigadores son conscientes de que ha sido la propia lava la que ha propiciado ese boom de vida. 

El 28 de septiembre de 2021, una enorme colada de lava del incipiente volcán que llevaba 10 días activo, se precipitó al mar por el acantilado de Los Guirres. En las tres ocasiones que las lenguas incandescentes tropezaron con el agua, destruyeron toda la vida que encontraron a su paso en una muestra de la fuerza letal de aquel nuevo volcán. En enero, tan solo un mes después de que el volcán dejara de rugir, esa misma lava destructora, pero rica en hierro –uno de los nutrientes necesarios para la vida –, se convirtió en el acicate de la biodiversidad marina, que desde entonces ha resurgido de entre las cenizas volcánicas con más fuerza que nunca. 

Así lo han descrito el grupo QUIMA de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), que ha publicado en la revista de alto impacto Frontiers in Marine Science el primer modelo que explica los bruscos cambios de las características físico-químicas de los ecosistemas marinos tras el impacto de la lava. 

Las coladas elevan las temperaturas del mar al menos 30 grados, hasta alcanzar los 50 grados centígrados

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Los investigadores recabaron la información necesaria durante 13 visitas a la zona a bordo de las embarcaciones de Salvamento Marítimo (Salvamar Alphard) y de la Guardia Civil. Durante esos días midieron la temperatura, la salinidad, el sistema de carbonatos (pH, alcalinidad, carbono inorgánico y contenido de dióxido de carbono disuelto) y el oxígeno disuelto en toda la zona costera de formación de los deltas. «Es un estudio que ayudará a comprender las futuras erupciones de Canarias», relata Melchor González-Dávila, químico del Instituto de Oceanografía y Cambio Global (IOCAG) e investigador principal de este estudio. 

«Cuando se produjo la erupción en La Palma había gran expectación sobre lo que podía suceder cuando la lava llegara al mar», rememora González-Dávila. Durante los diez primeros días que se demoró la espesa lava en precipitarse hasta el agua, los científicos no parecían ponerse de acuerdo sobre cómo impactaría un material a tanta temperatura y repleto de gases nocivos en el frágil equilibrio del frío océano.

El entorno ácido causa problemas en la biodiversidad pero también ayuda a preservar nutrientes

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Cada uno exponía sus teorías. Algunas apuntaban hacia la posibilidad de que durante el choque podría generarse una gran nube tóxica compuesta por vapor de agua y gases nocivos que pondría en riesgo la salud de la población que se encontrara en las inmediaciones. 

Se basaban en algunos estudios realizados en los volcanes de Hawái y en algunos documentos gráficos del Teneguía que mostraban cómo, al llegar al mar, la colada de lava había generado una gran nube tóxica. Otros ya advertían del desastre ecológico sin precedentes que iba a provocar el mar de Tazacorte por su cercanía a la Reserva Marina de La Palma, teniendo en cuenta el daño que había causado un volcán anterior en el mar: el Tagoro (El Hierro). 

El impacto, sin embargo, fue mucho menor de lo esperado. «Probablemente tuvo mucho que ver las características de la lava que llegó al mar», explica González-Dávila. Y es que, en los 7 kilómetros que recorrió ladera abajo, la lava perdió muchos de los gases tóxicos que podrían haber provocado dicha catástrofe. 

«El mar no estaba cerca del foco de emisión, por lo que cuando la lava llegaba al océano, lo hacía muy atenuada», asevera el investigador. También ayudó la altura a la que se precipitó, dado que los 100 metros de acantilados por los que cayó pudieron ocasionar que todos esos gases se disiparan aún más. De ahí que el desastre ecológico fuera muy distinto al que provocó el volcán submarino Tagoro en El Hierro y de hecho «no se pueda ni comparar». 

Una sopa ácida

En sus tres visitas al océano palmero –28 de septiembre, 10 de noviembre y 22 de noviembre–, la lava convirtió al mar en una sopa ácida. Si en esos días se sumergía un termómetro en la superficie del mar, el mercurio revelaba que la temperatura se había elevado hasta los 50 grados. Los científicos no descartan, sin embargo, que en el momento del impacto se hayan podido alcanzar los 100 grados centígrados. «Parece lógico teniendo en cuenta que es la temperatura en la que se evapora el agua», remarca el investigador. En cuanto al pH –que marca la acidez de la sustancia–, los investigadores hallaron alteraciones de hasta una unidad en los primeros 15 metros de distancia de los deltas lávicos.

Pese a ello, los daños al ecosistema marino en esos tres encontronazos fueron mínimos y poco duraderos. «Las anomalías de pH fueron superficiales; afectaron a los primeros 5 o 10 metros de profundidad y con el tiempo solo ocuparon las primeras decenas de centímetros de la columna de agua», relata el investigador. Comparándolos con el impacto del volcán Tagoro en la biodiversidad marina del Mar de Las Calmas, los daños fueron casi imperceptibles. 

El ácido tuvo un papel tan relevante durante la erupción que los investigadores decidieron estudiar el efecto cada lava al mar en cada colisión. Básicamente porque «las del principio no tenían nada que ver con las del final de la erupción –relata González–, por lo que los cambios químicos que provocaban también podrían variar». Las primeras coladas que llegaron al mar eran poco fluidas al estar formadas por grandes conglomerados de malpaís. A su llegada al océano, aunque generó una gran columna de vapor de agua, apenas contenía gases en su interior.

En una erupción como la de Tajogaite lo mejor es que la lava llegue cuanto antes al mar

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El 12 de noviembre la situación cambió. La lava adquirió una consistencia más homogénea y empezó a fluir en grandes ríos. Cuando estas coladas concretas impactaron contra el mar, se redujo el pH en cuestión de minutos en promedio 0,4 unidades. En otras palabras, provocó una acidificación «similar a la que está prevista que vivamos con el cambio climático para los próximos 200 años». La única diferencia entre ambos fenómenos es que el cambio se produjo en apenas «unos segundos», lo que resultó fatal para muchos organismos. 

Los más afectados por aquel cambio brusco fueron los organismos cuyas estructuras están formadas en base a carbonato cálcico, como moluscos, corales o algas. Las altas temperaturas y la acidez también afectó a «aquellos organismos no sepultados», dado que se encontraron de frente con las grandes lenguas de lava. 

Alteraciones puntuales

Pese a ello, el impacto de la lava en el mar produjo alteraciones que, finalmente, resultaron ser puntuales –solo se observaban cuando chocaba directamente con el mar– , por lo que, la vida no quedó asolada del todo. De hecho, «a los pocos días de que la lava dejara de llegar al mar, el sistema se fue recuperando poco a poco», argumenta. 

Fue en aquel entonces cuando la vida utilizó la química que tantos perjuicios le había causado a su favor. La lava, que seguía enfriándose, creó a su alrededor una suerte de burbuja ácida que reunía las condiciones adecuadas para que metales tan importantes para la vida como el Hierro (Fe), se disolvieran fácilmente. El hierro sirve para fertilizar el océano y estimula la floración del fitoplancton lo que, a su vez, puede beneficiar a la cadena alimentaria y a la eliminación del CO2. No obstante, «en un entorno oceánico habitual, con un pH de 8, el hierro se precipita y no es biodisponible», explica el investigador. Para poder aprovecharlo, hay organismos que emiten sustancias con las que pueden asimilarlo. 

En La Palma, sin embargo, ha sido el propio volcán el que ha propiciado las condiciones adecuadas para facilitar a los organismos crecer tras la destrucción. La lava creó un entorno tan ácido –pH cercano a 7– que el hierro que contenía podía permanecer suspendido «y así estar disponible durante más tiempo para ser asimilado por los organismos», como resalta González. Así que, si bien en un primer instante las alteraciones químicas que generó el volcán en el mar fueron totalmente destructivas, en apenas unas semanas la misma lava estaba dando una oportunidad a la fauna y la flora de los alrededores del delta lávico para reconstruir su hogar. 

Tras corroborar la baja incidencia del volcán en la biodiversidad oceánica, los científicos están en posición de afirmar que «lo mejor para Canarias es que la lava llegue al mar lo antes posible». A fin de cuentas, cuanta más lava se precipite menos es la que contribuye a alimentar la devastadora desolación que sufren en tierra.

La lava del volcán Tajogaite se precipitó al océano hasta en tres ocasiones: 28 de septiembre, 10 de noviembre y 22 de noviembre de 2021. En sus tres visitas al mar, la lava provocó cambios diversos y puntuales en la química oceánica, que condujo a la alteración de todo el ecosistema.  


TEMPERATURA | Hasta 50 grados

Los valores de temperatura alcanzaron los 50 grados centígrados en las aguas superficiales cercanas a los deltas, pero solo los momentos en los que la lava incandescente interactuaba con el agua de mar. Estas anomalías fueron superficiales, pues tan solo afectó a los primeros 10 metros de profundidad. Los científicos no descartan, sin embargo, que en el momento del impacto se hayan podido superar los 100 grados centígrados al evaporarse el agua.  


ACIDEZ | Una unidad menos de pH

El pH superficial a entre 10 y 15 metros de distancia a los deltas disminuyó una unidad respecto a zonas no afectadas, colocándose en 7, cuando lo normal es que el pH del océano esté en 8. En el día 12 de Noviembre de 2021, se redujo el pH en cuestión de minutos en promedio 0,4 unidades, lo mismo que puede reducirse el pH de la superficie de nuestros océanos a finales de siglo con los niveles actuales de emisiones de gases efectos invernadero


VISITAS | Depende de la colada

Las primeras coladas que llegaron al mar eran poco fluidas al estar formadas por grandes conglomerados de malpaís. A su llegada al océano, aunque generó una gran columna de vapor de agua, apenas contenía gases en su interior. El 12 de noviembre la situación cambió. La lava adquirió una consistencia más homogénea y empezó a fluir en grandes ríos. Cuando estas coladas concretas impactaron contra el mar, se redujo el pH en cuestión de minutos en promedio 0,4 unidades.


ECOSISTEMA | Afectados por la acidez

Los más afectados por aquel cambio brusco fueron los organismos cuyas estructuras están formadas en base a carbonato cálcico, como moluscos, corales o algas. Las altas temperaturas y la acidez también afectó a «aquellos organismos no sepultados», dado que se encontraron de frente con las grandes lenguas de lava. 

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