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Demografía

La natalidad en Canarias se desploma hasta alcanzar mínimos históricos

Los nacimientos han caído un 3,8% en un año y hasta un 25% con respecto al 2016 | El Archipiélago se encuentra entre las comunidades con menores tasas y más retroceso

Dos bebés en la incubadora de un hospital. FERNANDO RODRIGUEZ

La natalidad en Canarias ha caído hasta mínimos históricos. En los primeros seis meses del año, según los datos provisionales del Instituto Nacional de Estadística (INE), tan solo han nacido 5.732 bebés en las Islas. Esta cifra supone un descenso del 3,8% con respecto al 2021 y hasta un 25% menos que hace tan solo seis años, en 2016.

El Archipiélago lleva mucho tiempo en la cola de la natalidad de España y la situación está lejos de mejorar. «Aunque Canarias llegó a ser ejemplo de natalidad a nivel nacional, en las últimas tres décadas ha estado por debajo de la media», explica José León, profesor de Geografía Humana en la Universidad de La Laguna (ULL). Este proceso comenzó, según reseña el experto, con la urbanización de las Islas. «Pasar de la vida rural a la urbana supuso una reducción en las tasas de fecundidad, es decir, en el número de hijos que tiene cada mujer», explica. 

La tendencia ha sido negativa durante los últimos 30 años, excepto en una ocasión. En 1999 nacieron 18.790 niños y niñas en el Archipiélago y solo durante los siguientes años – que coinciden con el inicio de siglo– esta tendencia se revirtió tímidamente. La situación económica boyante y los niveles de paro más bajos de la serie histórica (10%), provocó un ligero repunte de la natalidad que tocó techo en 2008. 20.672 bebés nacieron ese año. 

El 84% de las mujeres en las Islas cree que se debe incentivar la natalidad con medidas concretas

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A partir de entonces, coincidiendo, además, con la crisis económica, comienza un declive de la natalidad en Canarias que a día de hoy ha sido imposible de revertir. Entre 2008 y 2009, la natalidad se desplomó un 8,32%, pasando de 20.672 a 18.952 nacidos en tan solo un año. El siguiente descenso más pronunciado fue el de 2013, cuando cayó otro 7,8% comparado con el año anterior. Para entonces ya solo nacían 15.859 bebés al año. Los siguientes años críticos para los nacimientos fueron 2018, momento en el que se produce una reducción del 6,3% en los nacimientos; y 2020, que sufrió nueva caída interanual del 6,7%. En 2021 solo nacieron 12.703 bebés, un 38% menos que en 2008. 

Además de la marcada tendencia a la baja, durante todo este tiempo Canarias ha partido de una situación de desventaja, pues siempre se ha situado por debajo de la media nacional. Un escenario motivado por un «un cúmulo de circunstancias», entre las que destacan «el alto índice de paro estructural», que desde la crisis económica apenas ha bajado del 20% y «el menor salario medio», que se sitúa en 1.402 euros frente a los 1.749 euros del resto de España. 

Con el paro y la pobreza in crescendo, el confinamiento y la pandemia añadieron un nuevo obstáculo a las pretensiones de los canarios de formar una familia: la incertidumbre por el futuro. Dos años después del fatídico frenazo a la economía provocado por la expansión descontrolada de un nuevo y desconocido virus, la natalidad, lejos de recuperarse, sigue marcando un notable descenso. De esta manera, el Archipiélago está registrando este año su peor semestre con respecto a los nacimientos en la serie histórica.

Estos datos a León, sin embargo, no le sorprenden. Pese a que ya se ha pasado la fase aguda de la pandemia, en las Islas «aún hay mucha gente en ERTE, otros tantos en paro, no existen suficientes puestos de trabajo y hay muchas dificultades para tener una vida en familia», resalta León. Entre ellas se encuentran los problemas que tienen los jóvenes para emanciparse. «Estos años no hemos parado de escuchar que muchos jóvenes tienen que volver a casa de sus padres o pedir ayuda económica a sus familiares, y todo esto tiene relación», resalta. 

La realidad es que tener un hijo se ha convertido en un «coste» y un «esfuerzo personal» que no muchos están dispuestos a acometer y ahora, darle la vuelta a la tortilla es casi imposible. 

«Ahora mismo, con los datos que tenemos, es muy difícil poder revitalizar la natalidad», advierte León. «Las tasas son muy inferiores a las de mortalidad, lo que supondrá que poco a poco el crecimiento de las Islas sea negativo», resalta. Este descenso, aunque ya se está produciendo, no llega a evidenciarse porque «en Canarias hay mucha inmigración que permite que la población siga creciendo», resalta.  

El paro estructural, la pobreza y los salarios dificultan tomar la decisión de formar una familia

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La población reclama un cambio de políticas que permitan incentivar la natalidad. En la última Encuesta de Fecundidad del año 2018, el 84% de las mujeres en Canarias considera que se deben establecer medidas adecuadas para poder facilitar la maternidad. En este sentido, la mayoría de las mujeres (20%) estuvo de acuerdo en la necesidad de aumentar la duración de los permisos de maternidad y paternidad; el 13,5% reclamó más escuelas infantiles asequibles y de calidad para niños de 0 a 3 años; y el 10,5% creyó conveniente establecer una asignación para padres o madres que dejan su trabajo para cuidar de los niños mientras son pequeños. Este tipo de iniciativas ya se han probado de manera experimental en algunos países de Europa del este. «Se han realizado políticas activas con ayudas de diferente índole para las familias, como reducción de impuestos o subvenciones directas por cada hijo, de tal forma que uno de los padres pueda quedarse en casa», explica el experto de la ULL. Estos incentivos han dado muy buenos resultados en países nórdicos como en Suecia, donde se ha pasado de una tasa de fecundidad de 1,6 hijos por mujer a una de más de 2. «Las ayudas tienen consecuencias», resalta. 

Eso sí, si no se toma ninguna medida, será «imposible» revertir esta implacable tendencia. «En toda España, y en Canarias en particular, se ha instalado una pauta de conducta que deriva en tener cada vez menos hijos, y eso es muy difícil de cambiar», resalta León. Si además no se toma ninguna medida complementaria que permita facilitar la maternidad y la paternidad así como conciliar el cuidado de los hijos con la profesión, la tarea será del todo irrealizable.

La consecuencia de la baja natalidad es el envejecimiento progresivo de la población y con ello, un aumento de las exigencias para el sistema social, sanitario y económico. Pero León destaca un efecto más personal y extendido entre la población:la sensación de soledad. «Cuando uno cumple años, se va quedando solo, y si no se tiene un hijo o una hija, es difícil encontrar a alguien que pueda estar contigo y ayudarte», subraya.  «Por egoísmo –concluye– debería al menos preocuparnos».

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