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Amor y diversidad

El cineasta lanzaroteño Roberto Pérez Toledo falleció en enero de este año en Madrid a los 43 años | Como legado deja el amor y la diversidad como grandes temas de su cine

El cineasta lanzaroteño Roberto Pérez Toledo.

El festival de cine de Lanzarote rindió tributo en su 22 edición, celebrada en junio pasado, al mejor cineasta canario de su generación, Roberto Pérez Toledo (Arrecife de Lanzarote, 1978). Pérez Toledo falleció en Madrid, de un ictus cerebral, el 31 de enero de este año a los 43 años. El acto principal del homenaje, que se extendió durante el primer fin de semana del festival, fue la proyección de su última película, Lugares a los que nunca hemos ido (2022), estrenada tras su muerte y distinguida con dos premios en el festival de Málaga. Pérez Toledo llegó a ser el cineasta español con más seguidores en Facebook, más de 700.000. Esta red social le encargó su primera miniserie en español, Amor superdotado (2019). Con su primer largometraje, Seis puntos sobre Emma (2012), protagonizado por una Verónica Echegui en estado de gracia, recorrió el mundo. Su segundo largometraje, Los amigos raros (2014), juego de espejos sobre un joven director de cine que prepara a sus follamigos para su propia muerte, tuvo 22 millones de visionados en Youtube. Buena parte de sus 120 cortos y 5 largometrajes, uno de ellos colectivo, está disponible en la red.

En el caso de Roberto, cine y bondad se expresaban a una misma altura, fuera del alcance del ser humano corriente. Hay quien pueda pensar que esa bonhomía tenía que ver con vivir en una silla de ruedas desde los nueve años, «sobre ruedas», decía él. Me contestó a eso en la primera entrevista que le hice, en 2004 por su cortometraje Vuelco: «Mi vida es una mierda en muchísimos aspectos; es complicada, agotadora y muy frustrante. Ya no me hago preguntas que sé que no tienen respuestas, así que simplemente intento que mi discapacidad repercuta lo menos posible en las metas que me propongo en cada momento». Lugares a los que nunca hemos ido son cinco cortometrajes protagonizados por parejas diversas en situaciones de aparente calma, pero tormentosas por dentro. La película muestra a un director -y guionista y montador- en plena madurez, creativamente pletórico. Roberto se nos fue dejando atrás muchísimos náufragos, pero, sobre todo, dejó náufrago a su cine, que no se sabe que altísimas cotas hubiera alcanzado de vivir el cineasta 30 o 40 años más. Lugares a los que nunca hemos ido arranca carcajadas, su humor es inteligente, incisivo, profundo, trascendente.

El último largometraje de Pérez Toledo es una clase maestra de guion, diálogos y actuación. Primer nivel mundial, le mensajeo a su hermana Oriola Pérez Toledo, tres años más joven que él, a la mañana siguiente. «Si me apuras, te digo que es una lección de amor, con mayúsculas, al cine y a las personas». Tolerancia, normalidad absoluta con la diversidad, desnudez de los sentimientos, esta película de cuarentones indefensos debería ponerse en todos los centros de bachillerato.

Antes del pase del viernes en los multicines Atlántida de Arrecife, nos vemos Oriola, el actor, colaborador y pareja de Roberto, Edgar Córcoles, y uno de los mejores amigos del lanzaroteño, además de colaborador en sus películas, Borja Terán. Hablamos junto al paseo marítimo de Arrecife, frente al edificio de la Uned presidido por otro conejero insigne, el físico Blas Cabrera. Borja Terán lleva la voz cantante: «¡César Manrique, César Manrique, César Manrique…! Es bueno que la isla sepa que hay otros lanzaroteños importantes». «Debe impulsarse la creación de una fundación que preserve el legado de Roberto Pérez Toledo», eso lo digo yo. El sentimiento de dolor infinito por su vida truncada tan alevosamente debe transformarse en celebración de su memoria, la pena convertirse en triunfo.

«Roberto se acaba de posar en tu hombro», dice Oriola sonriendo. Se refiere a una mariposa que acaba de pararse sobre el hombro de Borja Terán. Igual que la silla de ruedas se convirtió desde los nueve años en extensión de su cuerpo, desde muy pequeño Roberto Pérez Toledo llevaba una cámara imaginaria adosada al brazo derecho y un visor a sus ojos. «De niño era muy mítico cómo insistía a mis padres cada domingo para que nos llevaran a ver los carteles del cine Atlántida colocados por distintos sitios de Arrecife», recuerda su hermana. Edgar Córcoles recuerda que Roberto le contaba cómo de niño se quedaba de madrugada a ver la gala de los Premios Óscar y, cuando lo comentaba en el colegio con sus amigos al día siguiente, le miraban con cara de loco. «En 1996», cuenta Terán, «en la redacción que tuvo que hacer al final del bachillerato para explicar lo que quería hacer, escribió con un estilo perfecto: ‘Sé que va a ser difícil hacer cine, pero lo voy a intentar, quiero emocionar a la gente como me ha emocionado a mí el cine’. Vaya si lo consiguió, con su cine ha recorrido el mundo. Recuerdo estar juntos en Nueva York, donde se exhibía una película suya, y en Berlín, Jerusalén. Sus películas se han movido muchísimo».

Les pido que me definan al hombre. «Era un gran escritor, y un gran escuchador. Siempre ha sido muy generoso. Y daba muy buenos consejos», dice Terán. «Mucha gente lo tachaba de tímido», explica Oriola, «pero no era así, le encantaba observar. Era pícaro y travieso».

Córcoles añade: «Muchos directores, cuando hacen una película grande, si no es por dinero ya no se mueven, pero Roberto no era así, él seguía reuniéndose una mañana con dos amigos, contaba su historia y la subía a Youtube para que la pudiera ver todo el mundo». “Cuando hace diez años le preguntaron en la revista de la academia española de cine si iba a seguir haciendo cortos tras el estreno de Seis puntos sobre Emma, contestó: pues claro. Para él los cortos eran igual de importantes. Quería contar historias más allá de los cauces comerciales establecidos», continúa Terán. A la vez, matiza: «A Roberto lo definiría no adjetivarlo».

Tiene todo el sentido, porque si el cineasta del barrio de Titerroy luchó contra algo, fue contra las etiquetas. «La sociedad juzga mucho y la vida era muy complicada en la época en que él nació, más para un niño en silla de ruedas», continúa Terán. «A la vez, estaban las barreras mentales. Y Roberto ha sido pionero en ir destruyéndolas también. Era diverso sexual y funcionalmente». Sostengo que Roberto Pérez Toledo no está reconocido al nivel que merece en el cine español. No lo ven así. «A veces no ser el primero te permite una libertad que el primero no tiene», afirma Terán. «Fue pionero en muchas cosas, se hizo el blog cuando nadie tenía, fue el primero que escribió sobre cortos en la revista Fotogramas. La primera cuenta de Instagram de esta revista la propuso y empezó a gestionarla él. Y en todos los casos, comunicaba contando historias. Nos ha abierto camino a todos».

¿Él se sentía reconocido? «Pienso que sí», opina Terán, «por el público y la profesión. Con las instituciones relativizaba mucho. Pienso que el Ministerio de Igualdad podía haber hecho más por un cineasta que representa la igualdad y la diversidad en su máxima expresión».

Córcoles cree que «sí ha sido valorado, pero también es verdad que para su largometraje Antes de la erupción desde las Islas Canarias no se le ha apoyado como merecía». Terán lo reafirma: «Siento que las islas se han olvidado de él, pero tampoco perdía el tiempo. No estaba dispuesto a contagiarse de una resignación que le paralizara. Cuando algo no había salido como él quería, continuaba. Y aquí entra como un guante un diálogo de Seis puntos sobre Emma, que dice el personaje interpretado por Verónica Echegui y es frase de cabecera de Roberto: «no soporto que me digan lo que tengo que hacer y lo que no».

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