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Tenerife albergará una estación para vigilar la meteorología espacial mundial

El Centro de Investigación Atmosférica de Izaña se unirá a una red cuyo objetivo será medir la concentración de radiación cósmica y alertar de cuando sea demasiado alta

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Visita al Centro de Investigaciones Meteorológicas de Izaña María Pisaca

El Centro de Investigación Meteorológica de Izaña de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) vigilará cómo la dinámica del espacio afecta a la atmósfera terrestre. El enclave situado en Las Cañadas del Teide, además de mantener su habitual control del dióxido de carbono, el metano, las partículas que contaminan el aire o los aerosoles, también observará, a partir de este año, al precursor de una serie de fenómenos atmosféricos con repercusiones hasta ahora poco conocidas: los rayos cósmicos y tormentas solares.

En pocos meses, el centro recibirá e instalará los instrumentos adecuados para medir la radiación que provocan los rayos cósmicos y las tormentas solares que inciden sobre la Tierra en la columna atmosférica. Esta información permitirá disipar algunas dudas sin respuesta acerca de las repercusiones en la salud del personal aeronáutico –que suele ascender por encima del límite de protección atmosférico– . Y, de esta manera, el centro de investigación de la Aemet empezará a formar parte del Consorcio de Medición de Neutrones en tiempo real (NMDB, por sus siglas en inglés).

Las galaxias, supernovas y agujeros negros, así como el Sol durante sus intensas tormentas, emiten de forma constante partículas cargadas con capacidad de penetrar en nuestro planeta. La atmósfera puede frenarlos para proteger la vida que alberga en su interior, lo que genera que las concentraciones de rayos cósmicos (neutrones y electrones) en La Tierra suelan ser mínimas. Sin embargo, en los polos y a grandes alturas, la protección que confiere la magnetosfera se disipa.  

«En Canarias el campo magnético es más intenso, porque nos encontramos en la franja subtropical», explica la física atmosférica de la Aemet, África Barreto, que incide en que, por esta razón, se han estudiado mucho menos. La también encargada de liderar este programa en el centro resalta que en esta latitud, «hay muy pocos centros dedicados a esta vigilancia». De hecho solo la ciudad castellanomanchega de Guadalajara, a través de la Universidad de Alcalá –que es socio colaborador del centro meteorológico tinerfeño– ha instalado una estación de estas características. 

Sin la protección atmosférica, la radiación cósmica puede alterar las funciones celulares

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Son las mismas condiciones que hicieron que Las Cañadas del Teide –y concretamente, Izaña– se convirtiera hace cien años en el emplazamiento ideal para llevar a cabo las primeras observaciones climatológicas del mundo; las que hoy le convierten en un lugar idóneo para enfocar sus esfuerzos en esta nueva línea de investigación. 

El objetivo es conocer cómo inciden los rayos cósmicos en la población, especialmente aquella más sensible, que son las tripulaciones de los aviones. «Necesitamos más información sobre la actividad de esas partículas y cómo inciden en la salud de estas personas», resalta Barreto. 

Y es que, aunque son pocos los estudios realizados, los científicos estiman que el ‘adelgazamiento’ que sufre la magnetosfera en las alturas y en los polos, hace que los tripulantes aéreos estén más expuestos a radiación cósmica. 

Estas partículas, tanto las de alta energía primaria como las secundarias que ocurren tras la desintegración, pueden tener efectos adversos para la salud en seres humanos. La radiación cósmica rompe el ADN y produce radicales libres, que pueden alterar las funciones celulares. «Se suele relacionar con la mayor probabilidad de desarrollar ciertos cánceres en los ojos o en la piel», incide Barreto. De hecho, «en los vuelos transoceánicos, las personas que viajan están expuestas a una radiación que desconocemos, pero que es varias veces mayor que la que puede provocar una placa de rayos X», como destaca la investigadora. 

Un requerimiento aeronáutico

Esta iniciativa, en la que está detrás la Organización Meteorológica Mundial (OMM), también tiene como objetivo preservar la salud de las tripulaciones aeronáuticas. Y es que teniendo en cuenta los datos que se obtendrán sobre concentración de estas partículas en distintas partes de la atmósfera, se podría evitar que las aeronaves surcaran ciertas altitudes para evitar exposiciones de riesgo. 

Según la Aemet, este ha sido uno de los requerimientos expresados por diferentes usuarios aeronáuticos, como es el Ministerio de Defensa. También permitirá entender cómo afectan a la Tierra las tormentas solares en general, y la afección a los sistemas de comunicación satelital. 

Este control evitará que las aeronaves surquen las altitudes donde tengan una exposición de riesgo

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En Izaña se medirán, concretamente, muones y neutrones, dos de las partículas que emanan de los rayos cósmicos. Los neutrones forman parte de los rayos cósmicos secundarios, es decir, se forman en la alta atmósfera cuando los rayos cósmicos procedentes del espacio chocan contra los átomos de la atmósfera. 

Conocer el flujo de neutrones en los rayos cósmicos también es fundamental para preservar la seguridad de sistemas electrónicos de telecomunicaciones o navegación, puesto que pueden sufrir fallos puntuales en sistemas microelectrónicos que se atribuyen a la interacción con estos neutrones. 

Por su parte, los muones son partículas elementales (que no se pueden descomponer) con una gran capacidad de penetración, lo que les permite atravesar la atmósfera hasta alcanzar la superficie de la Tierra. Estos medidores se instalarán en el Centro de Investigaciones Atmosféricas de Izaña, en Tenerife, entre julio y septiembre. 

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