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Medio rural

El arte del pastoreo se aprende en Zamora

Grupos y familias atraídas por el medio rural pastorean junto a Almudena Rodríguez, la pastora de Sagayo, conociendo los beneficios de la ganadería extensiva en Argañín

La pastora de Sagayo con varios corderitos.

Una pastora sayaguesa hace de su oficio una escuela. El verano pasado Almudena Rodríguez, ganadera de Argañín, decidió abrir su granja a la sociedad, contar cómo es su trabajo. ¿A quién podría interesar el “anodino” día a día de una pastora con sus ovejas?.

Para su sorpresa, Almudena ha ido descubriendo que este ancestral oficio, que asegura la buena conservación de muchos ecosistemas, es tan desconocido como sorprendente. Familias con niños pequeños, curiosos, amantes de la naturaleza o expertos en medio ambiente han compartido mañanas de pastoreo en esta pequeña explotación de ovejas de raza castellana en el corazón de Sayago.

Mañana de pastoreo en Argañín, en la comarca de Sayago.

Desde Zamora, Madrid, el País Vasco, Estados Unidos, Holanda o Austria; hasta una veintena de visitas ha guiado esta pastora sayaguesa. Las casas de turismo rural de la zona, especialmente Víctor Casas desde Fornillos de Fermoselle, ofrecen la oportunidad de vivir la experiencia y el balance no puede ser más positivo. “Recibo mensajes muy cariñosos, en general la gente se va encantada y los niños son muy agradecidos, alucinan cuando se ven con el palo entre las ovejas”.

Una de las últimas experiencias fue con alumnos del colegio de Muga. Incluso ellos, hartos de ver ovejas y vacas, descubrieron los secretos de un trabajo a veces no valorado y hasta denostado.

Mañana de pastoreo en Argañín, en la comarca de Sayago.

“Una de las lecciones que saco de todo esto es la ruptura tan grande entre lo urbano y lo rural. Hay un desconocimiento total del sector primario, pero cuando la gente ve lo que hacemos se van con una idea completamente distinta. Notas comprensión y solidaridad con nosotros” explica esta pastora, valedora de un trabajo que asegura alimentos de calidad a la sociedad. “Por suerte los niños son esponjas y si al menos conseguimos que se valore como debe la ganadería extensiva ya es una conquista”.

Mañana de pastoreo en Argañín, en la comarca de Sayago.

Más allá de romántico paseo entre encinas, paredes de piedra, cortinos, cortinas, cigüeñales o fuentes, Almudena Rodríguez cuenta cómo es criar un rebaño de 350 ovejas de raza autóctona en un pueblecito del Parque Natural de los Arribes del Duero.

Las pariciones, cómo se reparten los comunales, el aprovechamiento del pasto, la gestión de los recursos forrajeros, la ostensible diferencia entre un cortino pastoreado y otro en el que no entran los animales. Y hasta el abundante vocabulario ligado al pastoreo. Desgrana, en fin, el rosario de beneficios de una producción extensiva amenazada por muchos demonios.

Mañana de pastoreo en Argañín, en la comarca de Sayago.

“Es fundamental que los territorios estén pastoreados porque conseguimos prevenir el fuego, productos de calidad gracias al alimento natural de los animales, fijamos población. Son un montón de valores que es una pena que se pierdan por el afán de la producción a gran escala, por intereses económicos. Muchas veces no pueden ir de la mano la economía y la sostenibilidad”.

En Argañín viven cinco familias de la ganadería extensiva. “Los montes están limpios porque hay ganaderos que los están pastoreando y las ovejas comen de una manera natural. Ahora, con la guerra de Ucrania, estamos viendo las consecuencias de tanta dependencia del pienso, es inasumible depender solo de esa alimentación porque los costes son altísimos y resulta que tenemos pastos que se pierden”.

Reflexiones que fluyen a lo largo de la mañana acompañando al rebaño las ovejas por el entorno de Argañín, hoy con tres amigas llegadas de Madrid y otros tres de Zamora. “Nos lo recomendó una amiga zamorana y nos pareció muy interesante vivir esta experiencia. Que te expliquen por qué una oveja está marcada, por qué un cordero está con la madre y otro no. Por qué unas ovejas llevan esquila, cómo guían a las demás, el trabajo de los perros y cómo responden al silbido”.

Almudena Rodríguez enseña las paredes sayaguesas.

Almudena va descubriendo los secretos del pastoreo sin obviar las singularidades de un espacio natural y etnográfico sorprendente para quien descubre Sayago. “Es una maravilla. Las paredes de piedra, las fuentes, estas peñas de granito, las encinas enormes y sanísimas, todo tan llano. Estamos en el puro campo y los pueblos son auténticos” reflexionan las turistas madrileñas mientras escuchan de su guía las características de una casa sayaguesa. “En general la gente viene con mucha sensibilidad y es fácil conectar” reconoce la pastora sayaguesa.

¿Vives de esto?, le preguntan. “Intento. Vendo los corderos a través de la cooperativa, pero ahora las cosas no están fáciles”. Aún con todas las dificultades, Almudena no se arrepiente del paso que dio en 2013 cuando abandonó su holgada posición en el País Vasco y se embarcó con su familia en una aventura que ya es su vida.

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