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Coronavirus | Adiós a las restricciones

Un sábado de los de antes

El pulso de la calle vuelve a latir con intensidad en las primeras horas sin limitaciones | Muchos dieron día libre a las mascarillas

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Final de las restricciones por coronavirus en Tenerife María Pisaca

Como si no hubiera ocurrido nada o casi nada. Así se comportaron muchos viandantes horas después de que el Gobierno de Canarias suspendiera las restricciones sanitarias. Las calles se llenaron de gente y las terrazas de consumidores que «desafiaron» un sábado ventoso y de tonos grises.

La naturalidad con la que se mueven los transeúntes por las calles más próximas al puerto capitalino no cuadra con los desalentadores números de dos años de crisis sanitaria. Ni siquiera con los siete fallecidos y 5.827 positivos anotados en el último parte facilitado por Sanidad en base a la incidencia del SARS-CoV-2 en Canarias. Cientos de cruceristas esparcen sus miradas hacia los escaparates en busca de un recuerdo o una ganga. «Algunos entran a las tiendas sin mascarilla y no nos queda más remedio que recordarles que esta es una medida de protección obligada», apunta la dependienta de un negocio ubicado en la calle Castillo. «Más de uno se ha ido porque ni siquiera tenía una entre sus pertenencias», añade sobre los efectos que están teniendo las primeras horas del final de las restricciones, en vigor en las Islas desde las 00:00 horas de ayer.

Isabel, empleada de una cafetería de la plaza de España, no oculta su satisfacción por el regreso de la actividad comercial a la zona aunque no las tiene todas consigo. «Venimos de un ciclo complicado y necesitamos facturar, pero la sensación de miedo al contagio no se ha ido», añadiendo que ya ha perdido la cuenta del número de veces que ha desinfectado sus manos con alcohol en la primera hora y media de trabajo. Y es que con la caída de los aforos, de las personas que se pueden sentar en una mesa o la «no prohibición» de fumar, Isabel siente que todo lo vivido desde marzo de 2020 se ha diluido como un simple azucarillo en un café sin tener en cuenta los malos recuerdos. «Yo perdí a un familiar cercano y a tres conocidos», subraya antes de ser reclamada desde la cocina para recoger dos sándwich mixtos y una pulga de serrano con tomate. «No queda otra que seguir caminando y rezar para que esta sea la definitiva». Eso sí, antes de marcharse confiesa que durante mucho tiempo echó de menos el ruido de la calle.

Este es el aspecto que presentaba a media mañana de ayer un tramo de la calle Castillo de Santa Cruz de Tenerife. | | MARÍA PISACA

La «guerra» de las mascarillas

Sorprende la gran cantidad de viandantes que ocupan el centro de Santa Cruz sin mascarillas. Incluso, hay tramos en los que estos golean con claridad a las personas que sí van protegidas: la presencia de una legión de cruceristas explica la normalidad con la que algunos se toman los coletazos [no sabemos si finales] de una pandemia que estos días se ha visto eclipsada por la invasión de Ucrania, concretamente, por los efectos que está provocando en la economía doméstica ir a una gasolinera en busca de combustible, comprar un par de panes o saborear el primer café del día. Oro puro. Así lo perciben algunos clientes de una mesa que, a falta de partidos de fútbol de gran calado con los que condimentar el sábado, se entretienen repasando las escaramuzas de Vladimir Putin y la férrea resistencia que ofrecen los soldados de Volodímir Zelenski. «¡Vamos de culo!» [con perdón], repite a media voz un jubilado al que nadie consigue parar antes de vociferar una lista interminable de calamidades «coronavirus, la erupción de La Palma, la invasión rusa y en un rato llegan los manifestantes del Sáhara», enumera al ver el lento transitar de un hombre que sube la calle San José apoyando la bandera saharaui sobre su hombro derecho. «¡Esto se va al carajo!», incide sin divisar una salida al laberinto social en el que nos encontramos.

Con el adiós a las restricciones anunciada por el presidente Torres en el Debate del Estado de la Nacionalidad Canaria, confirmado horas después en el Boletín Oficial de Canarias (BOC), y a la espera de cómo evoluciona el virus, no queda otra que recordar la alargada figura del sargento Esterhaus –uno de los personajes icónicos de la serie Canción triste de Hill Street– cuando despedía a los suyos cada mañana con esta frase: «Tengan cuidado ahí fuera».

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