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Seis claves sobre el párkinson

Esta patología es, tras el alzhéimer, la enfermedad neurodegenerativa más frecuente | Atención Primaria ha diagnosticado 1.537 nuevos casos este año

Una persona mayor afectada por la enfermedad de Parkinson.

El párkinson es una enfermedad neurodegenerativa que, según la Federación Española de Párkinson, afecta a 160.000 personas en todo el país y a más de siete millones en todo el mundo. En base a los datos que maneja la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias, solo en el transcurso del presente año han sido diagnosticados 1.537 nuevos casos en las consultas de Atención Primaria de las Islas. Pero, ¿Cómo se manifiesta esta patología crónica? Con el propósito de dar respuesta a este y a otros interrogantes, la doctora Rocío Malo, especialista en Neurología en el Hospital Universitario Insular de Gran Canaria, aborda seis claves importantes para conocer más detalles sobre la dolencia.

Características.

El párkinson es, después del alzhéimer, la enfermedad neurodegenerativa más frecuente. Según indica la facultativa del complejo grancanario, su aparición es más común en personas de edades avanzadas. Pero no solo afecta a los ancianos. De hecho, un 10% de los aquejados tiene menos de 40 años y un tercio se encuentra en edad laboral activa. «Se estima que en el país hay unos 30.000 habitantes que no están diagnosticados. Hay que tener en cuenta que esta enfermedad puede cursar con síntomas motores y no motores», apunta la especialista. En el conjunto del territorio nacional se diagnostican cada año 10.000 nuevos casos, si bien no todos los cuadros clínicos evolucionan igual. «En las personas más jóvenes, la patología es de lenta evolución y las complicaciones aparecen a lo largo del tiempo. Cuando debuta a edades mayores, en cambio, todo se acelera», sostiene la doctora.

«La manifestación de temblor no siempre está presente», indica la doctora Rocío Malo

Síntomas.

Los síntomas que pueden indicar la presencia de la patología pueden variar de forma significativa. «El 30% de los pacientes no presenta temblor, que es lo que la mayoría de las personas tiende a vincular a esta enfermedad». Y es que este efecto pueden provocarlo también otras dolencias. «La manifestación de temblor no siempre está relacionada con el párkinson y no tiene por qué estar presente para llegar a diagnosticar la enfermedad. Es evidente que puede ser una señal de alerta, pero antes puede aparecer bradicinesia –lentitud–, rigidez e inestabilidad postural», advierte la profesional. No obstante, la dolencia va más allá de los síntomas motores y puede provocar también estreñimiento, pérdida de olfato, alteraciones del sueño o depresión. En la actualidad, no hay una prueba específica que permita detectar la patología, por lo que su diagnóstico es fundamentalmente clínico.

Tratamientos.

En base a las palabras de la neuróloga, los pacientes aquejados de párkinson presentan un déficit de dopamina en el cerebro, lo que lleva a los médicos a recurrir a terapias destinadas a mantener unos niveles estables de este neurotransmisor. «El medicamento que se transforma en dopamina en el cerebro es la Levodopa», apostilla Rocío Malo. Lo cierto es que la patología debe ser abordada mediante tratamiento farmacológico, pero también son importantes otras herramientas como la fisioterapia y la logopedia. «La terapia varía en función del estadio de la enfermedad. En etapas iniciales, con poca medicación se consigue mejorar la situación de los pacientes. A medida que pasan los años y van apareciendo complicaciones, se hace necesario aumentar la dosis de los medicamentos, lo que provoca efectos secundarios», señala la especialista. En fases avanzadas hay que recurrir a la combinación de fármacos. «A veces, utilizamos terapias de segunda línea como puede ser la medicación inyectada en una bomba de apomorfina –un derivado de la morfina–. La otra opción puede ser una bomba de duodopa, que se administra directamente a través de una sonda en el duodeno para facilitar la absorción», comenta. Además, en un grupo seleccionado, la cirugía de estimulación cerebral puede ser también otra alternativa.

El 10% de las personas afectadas por la patología tiene menos de 40 años

Avances.

La sanitaria se muestra contundente al decir que, en los últimos años, «no ha habido avances relacionados con el nacimiento de nuevos fármacos». Sin embargo, se ha conseguido optimizar la posología y reducir los efectos secundarios que pueden llegar a provocar. «Ya se habla de innovaciones prometedoras como puede ser la llegada de una levodopa inhalada. También, las terapias génicas ofrecen grandes esperanzas», dice la doctora Malo. Cabe recordar que, recientemente, un grupo de investigadores de la Universidad de Sevilla y del Instituto de Biomedicina de la misma provincia participó en un estudio que ofrece nuevas vías para analizar otras opciones terapéuticas. La investigación, que fue publicada en la revista Nature, concluye que la terapia génica dirigida a un área del cerebro que se denomina sustancia negra –donde tiene lugar la pérdida de la liberación de dopamina– puede llegar a incrementar los beneficios de la levodopa. «El estudio tiene aspectos interesantes porque hasta ahora no había un buen modelo animal. Sin duda, este avance científico puede abrir las puertas a nuevas estrategias», determina la neuróloga.

Esperanza de vida.

Por lo que concierne a la esperanza de vida, hay que decir que no se encuentra «notablemente reducida» con respecto a la de la población general. «La enfermedad afecta mucho más a la calidad de vida que a los años de supervivencia», manifiesta la facultativa del Hospital Insular, que además hace hincapié en que no todos los enfermos sufren los mismo efectos. «Cuando le diagnosticamos a los pacientes la enfermedad de Párkinson, muchos se quedan en shock porque creen que van a acabar en una silla de ruedas o que van a sufrir demencia. Esto no le pasa a todo el mundo, pero los enfermos también tienen que poner mucho de su parte».

Recomendaciones.

Teniendo en cuenta que la enfermedad de Parkinson no se puede prevenir, los expertos recomiendan que las personas afectadas se mantengan activas física y mentalmente. «Esto va a hacer que la evolución sea mucho más favorable, ya que permite que los pacientes necesiten menos dosis de medicación y, por tanto, que desarrollen menos complicaciones asociadas a los tratamientos». Por esta razón, es fundamental apostar por unos hábitos de vida saludables y practicar ejercicio a diario. «Si los pacientes pueden ir a correr, nadar o, simplemente, caminar, es imprescindible que lo hagan. Las personas que realizan ejercicio tienen mejor calidad de vida», anota la doctora del complejo capitalino.

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