09 de abril de 2019
09.04.2019
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Marcos Ariel Hourmann fue el primer médico condenado por eutanasia en España.

Médico condenado por eutanasia: "Con el caso de Ángel Hernández se dice basta, no nos escondamos"

Marcos Ariel Hourmann fue condenado a un año de prisión tras ayudar a morir a una paciente terminal por petición de su hija. Ahora cuenta su caso en primera persona en una obra de teatro

09.04.2019 | 13:25 Un artículo de

El día en el que Ángel Hernández fue detenido por ayudar a morir a su mujer, María José Carrasco, enferma de esclerosis múltiple desde hacía 30 años, sintió "rabia e impotencia", la misma que vivió en primera persona cuando en 2005, la hija de una de sus pacientes terminales le pidió que acabase con el sufrimiento de su madre. Y así lo hizo. "Le provoqué la muerte porque creo, ante todo, en la vida. Yo mismo tuve que sufrir en primera persona la enfermedad de mi papá. Aquella hija, suplicándome por la dignidad de su madre, me recordó a mí mismo, viendo cómo mi padre dejaba de ser mi padre poco a poco. Así que agarré la jeringuilla, la llené con cloruro de potasio y se lo inyecté en vena a la paciente. Su sufrimiento desapareció en cuestión de minutos. Meses después, recibí una llamada: estaba acusado de homicidio", rememora Marcos Ariel Hourmann, el primer médico condenado en España por practicar la eutanasia.

-Ha iniciado una recogida de firmas a través de la plataforma Change pidiendo la absolución de Ángel Hernández ante la Fiscalía de Madrid.
-Sí, ya lleva más de 500.000 firmas de apoyo en sólo cinco días.

-¿Qué pensó cuando vio a Ángel Hernández salir esposado de su casa?
-Es muy fuerte que después de llamar a la policía, saliese esposado de su casa porque se le considere un homicida y no le dejen siquiera pasar el duelo. Es un acto de injusticia, aunque a él le da igual, porque sin ella su vida tiene muy poco sentido ya y el sentido de su vida tal vez empiece ahora, al decir "por fin te he podido ayudar" y "aquí estoy yo, delante de todo el mundo".

-Usted también ha decidido no esconderse.
-Sí, hace nueve años ya que volví a España con mi mujer y vivimos en Barcelona. Y a día de hoy cuento mi historia en primera persona en el teatro.

Hourmann ha iniciado una recogida de firmas en apoyo a Ángel Hernández.

-¿Cree que el caso de Ángel Hernández puede ayudar a otras familias en esta situación?
-Sí, ayuda a todas las personas que están sufriendo y a las que van a sufrir, y también a las familias que les cuidan en los últimos minutos. Con él se dice "basta, no nos escondamos más, aquí estamos". Lo de Ángel es una puerta abierta a la libertad, un canto de amor hacia el futuro y un gesto de amor. Primero, por María José, la persona enferma amada, y segundo, por otras familias, para que no se sientan con ese miedo a ser perseguidas por la Justicia. Cuando una persona enferma decide que se acabe su sufrimiento, su familiar no tendría que verse obligado a huir, salir por la puerta y dejarle solo en los últimos minutos.

-No todo el mundo es capaz de llevar a término ese último deseo de un ser querido.
-Sí, en el caso de Ángel su mujer se lo había pedido hace años y él se había resistido a hacerlo, con toda la lógica del mundo, porque esto es un proceso que no es de un día para otro, sino que lleva mucho tiempo de análisis profundo interior el decir "esto ya no es vida", también para el paciente que solicita acabar con su sufrimiento, porque nadie quiere morir, eso está claro. Creo que esa valentía de Ángel también viene contagiada por María José y es una valentía que debería contagiarse, sobre todo a los políticos.

"La eutanasia no es de izquierdas ni derechas, de arriba ni de abajo, es para el ser humano en general, en todos sus aspectos y contextos, más allá de ideologías"

-¿En qué situación se encuentra una persona para llegar a tomar esta decisión?
-Esto llega a personas con una enfermedad crónica que les va decrepitando poco a poco y llegan a un momento en el que dicen "ya no quiero luchar más, me cansé". Pero en otros casos aguantan mucho más que su resistencia mental y física y dicen "yo moriré acá con mi última gota de oxígeno inhalada". A mí no se me ocurriría decidir usted va a morir ahora. No hombre no, por favor. Y al revés tampoco.

-¿Cree que este caso, que ha logrado reactivar el debate sobre la eutanasia, va a ayudar a cambiar el artículo 143 del Código Penal?
Creo que lo de Ángel es un antes y un después. A ver, señores políticos, pónganse de acuerdo, que esto no es de izquierdas ni derechas, de arriba ni de abajo, esto es para el ser humano en general, en todos sus aspectos y contextos, más allá de ideologías.

Hourmann cuenta su historia en primera persona en 'Celebraré mi muerte'.

-No obstante, la muerte de Ramón Sampedro fue en 1998. Han pasado ya más de veinte años y no ha cambiado nada con respecto a la ley.
-Ya lo ha dicho Ramona Maneiro, la cuidadora de Sampedro. Ahora viene el boom y después nos olvidaremos todos de esto, mientras muchas personas siguen y siguen sufriendo. Se trata de que haya un cambio, un clic, sobre todo en los políticos, que entiendan que ha llegado el momento de terminar con este tema y que no sea un tabú más. Debe regularizarse, por supuesto. Deben legislar después de analizarlo entre médicos, asistentes sociales, familias, enfermos, jueces, diputados... Entre todos llegar a un consenso y así construir un peldaño en una escalera que tiene muchos más.

"Lo ideal sería que nadie fuese juzgado por tratar de auxiliar a una persona, como es el caso de Ángel, después de 30 años cuidando de María José"

-Ángel Hernández se enfrenta a un mínimo de dos años de cárcel y un máximo de cinco por suicidio asistido, pena que se eleva de seis a diez años en el caso de la eutanasia, ¿cómo confía en que se resuelva su futuro?
Lo ideal sería que nadie fuese juzgado por tratar de auxiliar a una persona, como es el caso de este hombre, después de treinta años cuidándola y del deterioro tan enorme que tenía María José. Es muy difícil que salga no condenado, pero lo previsible es que sea una condena muy leve porque existe total claridad en su acto y hay una petición expresa por parte de ella.

"No me arrepiento, pero no lo volvería a hacer"

-Usted se trata del primer médico condenado en España por practicar la eutanasia.
-Sí, finalmente me condenaron por homicidio imprudente. El título final de la sentencia fue ése, pero nunca fui inhabilitado como médico, como se ha venido diciendo todo este tiempo. Yo sigo ejerciendo la medicina igual que antes. A mí me pedían el máximo, diez años de prisión, que se redujeron a un año y una multa, por lo que no entré a prisión porque no tenía antecedentes penales.

-¿Cómo vivió el proceso de intentar demostrar que no se trataba de un homicidio?
-Es que no hubo juicio, hubo un trato. El código penal establece que se puede llegar a un acuerdo y entonces no llegó a haber una defensa.


'Celebraré mi muerte' se representa estos días en el Teatro del Barrio, en Madrid.

-¿A cuántas personas ha ayudado a morir a lo largo de su carrera?
-A una sola y a nadie más, ni antes ni después. Fue una situación puntual en mi vida. A veces la vida te pone en ciertos lugares que no te imaginabas. Sabía que tenía que ayudar a esa familia y lo hice, sin pensarlo.

-¿Se arrepiente?
-Nunca me he arrepentido. Nunca fue una noche de tortura en mi vida. Nunca. Estoy convencido de lo que hice, era lo que debía hacer, por mis principios, por mi forma de ver la vida, porque pienso que el sufrimiento no vale ni un segundo más de lo necesario.

"Era lo que debía hacer, por mis principios, por mi forma de ver la vida, porque pienso que el sufrimiento no vale ni un segundo más de lo necesario"

-Si pudiese regresar a ese momento, ¿volvería a hacerlo?
-No lo volvería a hacer con todo lo que me pasó, obviamente que no. Sería un mentiroso y un hipócrita si dijese lo contrario. Si volviera a encontrarme en esa situación, tal y como están las leyes hoy, no lo haría, sedaría y ya está, pero en ese momento entendí el dolor de ambas, de madre e hija, y actué de forma contundente.

-¿Cómo era la situación de esa persona?
-Se trataba de una paciente de 82 años con múltiples patologías: un cáncer de colon, hemorragia digestiva, un infarto de miocardio... Llegó muy grave. Intenté salvarla durante cuatro o cinco horas hasta que llegó un momento en el tuve que sedarla. Entonces la hija me dijo que no podía soportar más el sufrimiento de la mamá y le inyecté el cloruro de potasio. Porque un segundo más de sufrimiento ante algo irreversible, después de haber luchado, ¿qué sentido tiene? Para mí ninguno. Cuando ya se ha hecho todo lo posible, lo único que queda es la humanidad.

'Celebraré mi muerte' ha sido impulsada por Víctor Morilla y Alberto San Juan ha adaptado el texto.

-Aunque no fue inhabilitado, la condena le afectó a la hora de seguir trabajando.
-Por supuesto. Me fui a Inglaterra, pero perdí todo y todavía me sigo recuperando de todo lo perdido. Esto me pasó a los 45 años y a los 50, me pasó otra vez, cuando ya había pasado un año del acuerdo me denunciaron en el diario The Sun.

-Ahora cuenta su historia en primera persona en la obra 'Celebraré mi muerte'.
-Sí, ha sido impulsada por Víctor Morilla, que es el realizador, y la ayuda de Alberto San Juan, que adaptó las conversaciones que mantuve con él para llevarlas al teatro. En esta obra planteo mi defensa, esa defensa que no pude hacer en su momento. Y el público tiene el papel de jurado. Hay ocho sillas en el escenario donde se sientan ocho personas del público elegidas al azar. Al final se les da un papel para que apunten su veredicto, ése que no me pudieron dar porque no hubo juicio y lo leo.

-¿Cómo está siendo recibida?
-La verdad es que no tengo palabras para explicar lo que pasa en el teatro porque es un ir y venir de emociones. El público sale muy emocionado. Se produce una catarsis. Esta obra me ha devuelto la ilusión que había perdido.